Sergio Ramos, durante el encuentro contra Irán. | Vídeo: Isco: "Ha sido muy difícil pero lo importante son los tres puntos" - AFP
Patrocinado porInfiniti

Selección españolaUna selección muerta de miedo

España, pese a las complicaciones de encontrar huecos ante un rival como Irán, debe reaccionar cuanto antes, lejísimos del nivel que se le presupone al equipo de Hierro

Actualizado:

El Mundial tiene cosas así, partidos de difícil digestión que, directamente, desesperan. No hay nada ni nadie que prohíba el estilo de Irán, y los puristas atizarán a Carlos Queiroz por ese fútbol tan primitivo que exhibió en el primer tiempo, pero vale tanto como cualquier otro, exprimidas al máximo sus armas en la noche fresca de Kazán, casi obligatoria la rebequita porque bajó la temperatura y tampoco lo que se vio en el campo calentó al personal.

En un ejercicio de paciencia infinita, muy mal entendida por momentos, España encontró de chiripa una rendija en ese muro persa y hará bien en olvidarse para siempre de este partido tan nefasto. Se trataba de ganar, de ganar a cualquier precio, y este triunfo prolonga el sueño de un equipo que lo ha pasado mal desde que ocurrió lo que ocurrió y que se pegó ayer un hartón de picar piedra hasta que llegó el gol de Diego Costa sin querer, un oasis en pleno desierto que compensa todo lo demás.

A un pasito de nada están los octavos, tan cerca que no hay lugar para imaginarse otra cosa, y a partir de ahí se abre el camino rumbo al paraíso, repleto igualmente de piedras y con Rusia o Uruguay como primer enemigo en los cruces. De eso ya se hablará cuando toque, que suficiente hay con pasar a limpio el estrépito de anoche.

Es tan corto este torneo, tan traicionero, que la gente se agarra al resultadismo puro y duro. Ya el cómo importa menos, y España, en ese sentido, le dio la espalda a su historia reciente, espesa, ansiosa, gris. Movió Fernando Hierro el árbol y, con cierta lógica, apostó por Lucas Vázquez para vivir por las bandas, pero o el equipo no entendió el mensaje o se ha acostumbrado demasiado a buscar por dentro, chocando una y otra vez con los esforzados zagueros persas. En Irán, ciertamente, todo son defensas y no debe haber nada más ingrato que ser el delantero de ese equipo, que si ganó a Marruecos fue porque los africanos se marcaron un tanto en propia puerta. Lo dicho, todo vale en el fútbol, y lo de Irán también.

Iniesta no está

La selección, sin embargo, tampoco está para presumir demasiado y bien haría en sentarse, en respirar un poco y en calmarse. Debe esmerarse en recuperar cuanto antes su olor, perceptible en algunas fases del debut contra Portugal, y hay muchos jugadores que todavía no se han enchufado en Rusia. El caso más llamativo es el de Andrés Iniesta, inédito en esta interminable despedida que le lleva a Japón, el primero en asumir que ya no le da para tanto trajín. Ha sido tanto y tan bueno que da cosa verle sin ideas y sin desborde, aceptando que diez minutos de luz pueden valer en según qué circunstancia.

Desde luego, en estos dos primeros encuentros ha sido una caricatura, y tampoco andan mucho más allá David de Gea -sigue cargado de dudas y le falta autoridad, pese a no tener que intervenir demasiado-, Jordi Alba, Piqué o Carvajal, en consonancia con el desastre defensivo. Compensa que Isco sí está, guardián de las esencias y de lo mejorcito hasta la fecha. Solo queda pensar en que habrá una reacción en masa, pues de lo contrario España tiene un problema, un problemón.

Lo peor es que al equipo le tiemblan las piernas cuando atesora experiencia de sobra como para comprender de qué va la película. El duelo exigía controlar la pelota, sobre todo después del gol de chamba de Costa, y hubo de todo menos de eso, desbordada España ante un rival netamente inferior que le disparó las pulsaciones hasta el límite. Irán no tendrá nada, o tendrá más bien poco, pero en el recopilatorio de las mejores jugadas hay más de un aviso con peligro real de los persas y hasta un tanto anulado, bien el asistente al que refrendó el VAR.

Faltó ritmo, faltó alegría, faltó movimiento, faltó casi de todo. Son tres puntos y eso es lo que importa (basta ya con un empate), pero es muy difícil que el pueblo se pueda entusiasmar después de semejante ejercicio de no se sabe qué. España no se reconoce, con la casa totalmente desordenada y sin que los relevos alteraran el desenlace.

En el ir y venir, con el corazón disparado y sin dar pie con bola, la mejor noticia de la velada fue el pitido final, que ni siquiera derivó en brazos al aire porque no había mucho que festejar. España, parece increíble, acabo metida en su área de manera dramática y reclamando la hora ante Irán, suena duro eso. Hay vida, pero la selección presenta síntomas inquietantes.