David Silva, en Kazán
David Silva, en Kazán - AFP
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Mundial Rusia 2018Silva y su deuda con el Mundial

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En Las Rozas, en la zona de trabajo destinada a los medios, las paredes están repletas de fotos. Son retratos en blanco y negro, curiosos porque asoman muchos internacionales de los que apenas hay recuerdos. En uno de ellos está David Silva, que se estrenó de rojo en 2006 en un amistoso contra Rumanía en Cádiz (0-1). «¡Bufff, qué pelo llevaba!», suspiró el canario en un encuentro con la prensa antes de partir a Krasnodar. De esas greñas con flequillo ha pasado a ir completamente rapado y con gorra, un veterano ya que acumula 122 tardes con España (superado por Casillas, Ramos, Xavi, Zubizarreta e Iniesta) y al que se le espera en Rusia después de un lento despertar en el Mundial.

Es el tercero en el que participa sin que los otros dos, en lo personal, le fueran demasiado bien. Es cierto que ganó el de 2010, pero únicamente disputó como titular el primer partido, que terminó con derrota ante Suiza, y unos minutitos en las semifinales contra Alemania. Cuatro años después, en Brasil, tuvo el 2-0 ante Holanda, pero se recreó con una vaselina que detuvo el portero e inmediatamente después llegaría la debacle nacional. Ahora, a sus 32 años, está en el momento apropiado, aunque ante Portugal tuvo una puesta de largo un tanto gris.

«Llevo aquí doce años, más de 120 partidos. La trayectoria ha sido grande y no me puedo quejar. He tenido la suerte de estar en esta generación, de ganar dos Eurocopas y un Mundial, y nos gustaría tener otro», cuenta Silva, ajeno a esos momentos cuando se le traslada al ayer. «El fútbol te da una oportunidad cada poco tiempo. Es mi último Mundial y me gustaría aprovecharlo, esto es una pasada».

Poco mediático

Silva es de los que tiene alergia a los micrófonos, poco dado a conceder entrevistas. En la intimidad, sin embargo, se presenta más cercano, despreocupado por la falta de portadas en su carrera. «Es algo que no me ha importado nunca. Hago pocas cosas porque prefiero estar tranquilo y dedicarme a jugar», se justifica. Parece que lo dice de verdad, sin falsa modestia ni rencores, y sostiene que en Inglaterra está más valorado, aunque tiene una explicación bastante lógica. «Es que llevo ocho años jugando en un equipo que ficha a muchos jugadores».

Efectivamente, es una referencia del Manchester City, y no es fácil mantenerse en esa macropotencia que derrocha millones en el mercado para saciar ahora el deseo de Pep Guardiola. Pero, volviendo a España, Silva saca pecho porque tiene un historial del que pocos pueden presumir. «Yo lo he dicho siempre. Me siento importante. He metido goles, he dado asistencias, y no me puedo quejar».

Tiene razón, son ya 35 tantos, cuarto máximo realizador de la historia de la selección y el que más marcó en la era Lopetegui (11). Del ya exseleccionador, el canario tiene muy buenas palabras, como también de Luis Aragonés y Vicente del Bosque. «Luis me hizo sentirme como si llevara mucho tiempo aquí. Me dio una confianza increíble, me atribuyó galones de veterano. Con Del Bosque siguió esa generación, mantuvo la columna vertebral y trajo a otros jugadores. Y Julen me demostró una confianza increíble también. He tenido mucha suerte», asume. A todos convenció, así que parte de mérito tendrá.

Como su gestión este año ante una situación crítica, con su hijo, que nació de manera «prematura extrema», ingresado cinco meses en el hospital. «Esta circunstancia me ha ayudado a mirar la vida de otra manera, te cambia mucho la perspectiva y das prioridades a lo que realmente es importante. Piensas distinto. Le das valor a cosas a las que no le dabas, cualquier pequeño detalle tiene más importancia que antes».

En esos giros de la vida, el DNI también ayuda, como en el fútbol. «Yo tengo una edad y experiencia. Cuando eres más joven te comes más la cabeza». Como repite tanto lo de la edad, la pregunta es obligada. ¿Piensa en dejar la selección? «No me marco fecha. Tengo una edad, está claro, pero estoy disponible. Cuando vea que no esté, levantaré la mano y seré el primero en decir que no estoy para esto». De momento, España reclama su magia, fundamental para derrumbar el muro de Irán.