Vídeo: Inglaterra: De la euforia a la decepción - ATLAS
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Mundial Rusia 2018La inmolación de Inglaterra

Los «Pross» pierden una oportunidad histórica de pelear por el Mundial medio siglo después de su única presencia en la final

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Del Hyde Park londinense a Manchester, de las playas de Brighton a la última taberna de Plymouth. O qué decir de Benidorm. Salvo en la pista central de Wimbledon, donde todo el protagonismo se lo llevaron Nadal y Del Potro, el resto de Inglaterra gritó anoche su infinita desesperación tras quedarse a las puertas de una final que llevaban esperando medio siglo. No, por mucho que diga la machacadísima canción, el fútbol tampoco volverá a casa este Mundial. Inglaterra, que a fuerza de fracasos había dejado de ser favorita en las grandes citas, dio la sorpresa colándose en estas semifinales, pero su límite quedó allí, como en la Eurocopa de 1996, donde actuó de anfitriona y también rozó con los dedos volver a una final.

Durante muchos minutos pareció que Inglaterra podría cruzar por fin esa última frontera negada desde el 66 y someter a una Croacia al límite del agotamiento. Enseguida se le puso el partido de cara, amarrada de nuevo a la estrategia y a un balón parado que les ha salvado la vida durante todo el campeonato. Apenas habían transcurrido cinco minutos de juego cuando Trippier se situó junto al balón en la frontal. Agarró la pelota y la colocó con esmero en el césped. Mientras, varios de sus compañeros se incrustaban entre la barrera croata para impedir la visibilidad de Subasic. La jugada salió perfecta. Trippier golpeó con fuerza, no demasiado escorado, pero lo suficientemente colocado para que la estirada del guardameta resultara insuficiente. Como si Beckham le hubiera prestado por un rato su pierna derecha. Era el duodécimo gol de Inglaterra en el presente Mundial, y el noveno que conseguían sin estar el balón en movimiento: cuatro llegaron a partir de un saque de esquina, tres de penalti y, con el de ayer, dos de falta.

Monumental pájara

Los primeros treinta minutos de Inglaterra fueron los mejores de todo el Mundial. Segura también en defensa, donde Croacia apenas pudo inquietar con lanzamientos lejanos de Perisic, Rebic o Vrsaljko, Inglaterra tuvo ocasiones de sobra para sentenciar en la primera mitad. Ni nervios ni cobardía. Dele Alli y Sterling camparon a sus anchas por la zona de tres cuartos y Harry Kane tuvo el segundo gol en sus piernas en un par de ocasiones. Pero el delantero del Tottenham falló esta vez todo lo que en los partidos anteriores le había entrado. Cierra el campeonato con seis goles, suficientes en todo caso para coronarse como el máximo goleador en Rusia, salvo que a Griezmann o a Mbappé les salga un partido sideral el domingo.

Esa falta de contundencia permitió que Croacia, que ya comenzó perdiendo en octavos y en cuartos para acabar ganando en los penaltis, no firmara su defunción antes de tiempo. Inglaterra dio alas a los históricos fantasmas que desde hace décadas sobrevuelan las cabezas de todos sus habitantes. Croacia comenzó a encontrar a un desaparecido Modric y el partido fue otro. La pájara inglesa fue de dimensiones estratosféricas, especialmente a partir de gol de Perisic. Después de setenta minutos acariciando la final, Inglaterra se vio de repente contras las cuerdas. Lingard y Dele Alli no volvieron a tocar la pelota, tampoco se supo más de Kane. Southgate levantó los brazos y pidió, exigió a sus hombres, que aguantaran hasta la prórroga. Antes quitó a Sterling, que sigue gafado en la selección (solo dos goles en 42 partidos, el último en 2015) y dio entrada a Rashford, pero el ataque inglés siguió en su nulidad.

Stones, en otra jugada de estrategia, tuvo el billete para la final, pero Vrsaljko sacó su cabezazo debajo de los palos. El gol de Mandzukic resultó un golpe demasiado fuerte como para volver a levantarse. Inglaterra ta vuelve a casa, y lo hace sin el fútbol.