Lev Yashin
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Mundial Rusia 2018Cuando el mito es el portero

En un momento con tantos guardametas discutidos, emerge en Rusia el recuerdo de Lev Yashin

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La imagen de Lev Yashin está presente allá donde se mire: en graffitis, en la cartelería, en el metro. Lejos de recordar a míticos goleadores, talentosos centrocampistas o férreos defensores, los aficionados rusos se encomiendan al que fue su héroe futbolístico del siglo pasado: un portero, pero no un portero cualquiera. Para muchos, el mejor de la historia.

Yashin nació en 1929 en el seno de una familia trabajadora de Moscú. Con apenas doce años se vio obligado a mudarse con sus padres y hermanos al sureste del país debido al avance del ejército nazi sobre Moscú en 1941. Los Yashin se establecieron en Ulianovsk, una región situada a escasos kilómetros de Samara, ciudad que acoge durante estos días el Mundial. A pesar de la guerra, Yashin no enterró su hambre de deporte. En la fábrica de material militar en la que trabajó durante su juventud, compaginó su posición de portero en hockey hielo y en fútbol. Finalmente, fue la superficie verde la que le cautivó.

Símbolo de la URSS

«Los porteros nacen, no se hacen», afirma a ABC el escritor italiano Mario Alessandro Curletto, autor de la obra «Yashin. Vida de un portero». Curletto asegura que el guardameta no era un mero deportista, sino que era un estandarte de su país fuera de sus fronteras y que algunos reprocharon su cercanía con el régimen soviético: «Era un embajador y el símbolo de la Unión Soviética en el exterior. De hecho en la época postsoviética fue acusado de pertenecer al partido comunista». El cancerbero moscovita recibió el apodo de «Araña negra», pues siempre vistió equipaciones oscuras para no llamar la atención de sus contrarios y aparecer en el momento más oportuno para atajar sus disparos.

Poco tenía que ver el fútbol que se jugaba en la URSS con el del resto de Europa y en el que Yashin tuvo que hacerse hueco. Como señala Curletto en su libro «Fútbol y poder en la URSS de Stalin», la victoria en los partidos se regía por las faltas cometidas, los pases realizados y otros factores ajenos a los goles, provocando que el ganador del campeonato no era el que más tantos marcaba. Esto produjo que los aficionados hiciesen su propia liga «clandestina» en la que sí contabilizaban las dianas y proclamaban a su campeón en la sombra.

El fútbol vive de las cifras y Yashin puede presumir de unos números que desearían firmar los mejores porteros de la historia. El meta jugó 326 partidos como profesional, de los cuales en 270 consiguió mantener impenetrables sus redes. Además de estas impresionantes estadísticas, entre los logros de Yashin al frente de la selección soviética se haya el triunfo en los Juegos Olímpicos de Melbourne de 1956 y la Eurocopa conquistada en 1960 ante Yugoslavia, un torneo en el que el arquero soviético fue elegido el mejor guardameta del campeonato al haber encajado tan solo dos tantos. Tal fue la reputación que se ganó el moscovita, que se propagó el rumor de que todo aquel atrevido a penetrar su portería se acercaba para pedirle disculpas.

El que estaba predestinado a ser el mejor portero del siglo XX, galardón otorgado por la FIFA, militó durante toda su carrera en el Dinamo de Moscú, un club fundado por las fuerzas militares del Ministerio del Interior soviético. El prestigio que Yashin no tenía límites. Cuando el mítico portero colgó los guantes en 1971, se organizó un partido de despedida entre la selección de la URSS y un equipo formado por figuras mundialistas como Pelé, Beckenbauer y Eusébio. Además, en los Mundiales celebrados entre los años 1994 y 2010, el trofeo al mejor portero del campeonato llevó el nombre del legendario cancerbero del Dinamo de Moscú que estos días vuelve a ser recordado.