De cara
Ole, ole, ole, pero Giuliano
«No es rápido, pero se pone y le gana una carrera a Bolt; enclenque, pero le aguanta un asalto a Tyson, y celebra los pases y el gol con más entusiasmo que el Frente»
«Había envidias y alguno en el vestuario decía que Giuliano estaba ahí por ser el hijo del Cholo»
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Iniciar sesiónNo le vimos venir y ya no queremos que se marche. Era un futbolista apetecible por el apellido, un delantero peleón y de remate seco, pero lleno de nubarrones, limitado en los argumentos técnicos y físicos, sin contenido por encima de sus jóvenes compañeros, carne ... de olvido (otro de tantos) en una cantera a la que su padre, el gran Simeone, no solía prestar atención. Parecía tan claro que Giuliano no tenía nivel para llegar al Atlético que olió a nepotismo su debut con el primer equipo en un amistoso hace cuatro años y también su inclusión esta temporada en la plantilla principal después de dos cesiones un tanto anodinas en el Zaragoza y el Alavés perjudicadas por una grave lesión. Ni había hecho más que otros canteranos para subir, ni más que otros atacantes para quedarse. Y constituía un problema, además, por las nocivas connotaciones que supone meter en un vestuario al hijo del jefe.
Y, sin embargo, resulta que no sólo su presencia en el camerino une más de lo que separa, sino que, pese a los pronósticos fatalistas, en el campo se ha ganado no abandonar nunca esa banda derecha que ocupó por casualidad y terminó conquistando. Giuliano sigue con las cualidades convencionales torcidas, los controles se le van, la pega picuda, pierde el balón en situaciones favorables, no tiene regate, ni clase, parece bajo, débil, corre raro, pero se volvió imprescindible. Luce una virtud impagable que se explica mejor con palabrotas, pundonor pero gigante, que convierte sus defectos en puras maniobras de despiste. Y los imposibles en continuas victorias personales.
No es rápido, pero se pone y le gana una carrera a Bolt; enclenque, pero le aguanta un asalto a Tyson, y celebra los pases y el gol con más entusiasmo que el Frente. Es más hincha que futbolista. Lo suyo no es ciencia, es cabezonería. También listeza, habilidad para situarse y sacar ventaja pese a su inferioridad en los cuerpo a cuerpo, agallas para recuperar el balón a la heroica nada más regalarlo, o instinto para leer las jugadas antes que nadie. Pero sobre todo tozudez, considerar cada lance un desafío innegociable como si alguien le estuviera constantemente susurrando al oído un «no hay huevos».
Y además contagia, difícil no ponerse a correr tras su toque de corneta, y engancha a la grada. La camiseta más sospechosa resultó finalmente ser la mejor sudada y más dignificada del Atleti.
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