Asamoah Gyan celebra el gol en la prórroga - AFP
OCTAVOS

Ghana acaba con los yanquis

Un gola de Gyan en la prórroga enciende África en uno de los mejores partidos del Mundial

IGNACIO TYLKO
RUSTEMBURGO Actualizado:

Ghana provocó el delirio africano al acabar en la prórroga con la aventura americana y la fe del ‘Tío Sam’ encarnada en Landon Donovan. En uno de los duelos más vistosos de este Mundial gris, las ‘Estrellas Negras’ relucieron al fin en ataque y tumbaron a un adversario inagotable que contó con el apoyo en el palco de su ex presidente, Bill Clinton, y de Mick Jagger, el vocalista de los Rolling. Ambos son clientes en Sun City, ‘Las Vegas’ del continente negro con ese hotel de seis estrellas donde pasará cuatro días como invitado de lujo el ‘Pichichi’ del Mundial.

Los endiablados ghaneses superan su récord, ya que hace cuatro años cayeron en octavos ante Brasil, e igualan la plusmarca africana, conseguida por Camerún y Senegal en 1990 y en 2002, respectivamente. Y pueden seguir su progresión, ya que el duelo del 2 de julio ante Uruguay, en el Soccer City de Johannesburgo, es imprevisible.

En el fútbol también a veces las apariencias engañan. Resulta que Rajevic, el serbio que dirige a los subcampeones de África, sacó de medio a Inkoom, rápido lateral del Basilea, y prescindió de Tagoe, delantero del Hoffenheim alemán. Sin embargo, ofrecieron su puesta en escena más osada de este Mundial.

Sorprendieron a los estadounidenses, que se esperaban un duelo mucho más cerrado. Salieron como flechas y encontraron premio enseguida. Un robo de balón y una acción individual de Kevin Prince Boateng, ese centrocampista de origen alemán, por parte de madre, que lesionó a Ballack y que no se trata con su hermanastro, internacional con la ‘Mannschaft’.

La pujanza de los ghaneses desconcertó tanto a los americanos que Bob Bradley retiró a la media hora a Clark, su gran apuesta como titular. Tenía ya una tarjeta y no quería asumir riesgos. El medio del Eintracht se quedó tan hecho polvo que el implacable técnico le tuvo que consolar.

Desajustados atrás, imprecisos en los pases y demasiado alocados en las transiciones, los yanquis se mantuvieron vivos gracias a su físico. Aguantaron la derrota mínima hasta el descanso y tuvieron el empate en su única acción bien llevada. La culminó Findley con un disparo seco pero Kingson, quizá el mejor portero de África, sacó un milagroso pie de balonmano.

Con la entrada del ‘danés’ Feilhaber, en la reanudación impusieron un ritmo endiablado incluso para los atletas negros. Dempsey, el motor del Fulham, y Donovan descubrieron espacios, y Bradley gobernó en centro del campo. Kingson, imponente, sacó una mano milagrosa minutos antes del claro penalti que transformó Donovan. Ajustó tanto que el balón golpeó en el palo. Comenzó otro partido, ya más encogido. Los americanos acariciaron el segundo. Altidore se cayó y no pudo atinar en el remate. Se llegó a la prórroga, donde decidió la potencia descomunal de Gyan, delantero del Rennes y nuevo ídolo de África.