Ozil - REUTERS
Ghana0901Alemania
GRUPO D

Fiabilidad alemana y «delicia turca»

Un solitario gol de Özil da la victoria al conjunto germano frente a Ghana

IGNACIO TYLKO
JOHANNESBURGO Actualizado:

Abrazada al talento y al disparo letal del ‘turco’ Özil, un medio punta zurdo que con 1,82 de estatura parece pequeño entre tanto teutón, la ‘Maanschaft’ resolvió su primera final del Mundial y cumplió algo más que una tradición. Supera la primera criba por decimoquinto Mundial consecutivo -desde Suiza’54 no falla-, y mucha atención porque en siete ediciones se presentó en la final. Puede no brillar su acabado, siempre sobrio, pero su motor no falla. Lo pondrá a prueba la Inglaterra de Capello en octavos. Un duelo histórico programado para el domingo en Bloemfontein.

Con un fútbol práctico y con destellos de clase, la que muestra la sociedad Özil-Müller, Alemania fue mejor que Ghana, con más físico que fútbol pero, que de lejos, la mejor representante de su continente en este Mundial. Salvó el orgullo de rebote, porque Australia protagonizó la gran sorpresa ante Australia. Y puede crecer en el cuadro, ya que se quitará presión y el rival, Estados Unidos, tampoco hace temblar. Es una selección muy táctica, una interesante mezcla entre la vieja guardia y las jóvenes ‘Estrellas Negras’ que ganaron hace un año el Mundial sub-20. Con este cóctel, los ghaneses fueron subcampeones de la Copa de África.

Joachim Löw tiró de sicología. Apostó para el lateral zurdo a Jerome Boateng, habitual suplente de Badstuber, por una cuestión quizá más mental que táctica. De padre ghanés y recién traspasado del Hamburgo al Manchester City, se enfrentaba a su hermanastro Kevin Prince, medio ofensivo del Porsmouth con el que al parecer no se habla desde que éste lesionó a Ballack en la final de la copa inglesa. El mayor de los Boateng llegó a ser internacional alemán en categorías inferiores antes de hacerse africano. Y en el Soccer City de Johannesburgo se llevó los abucheos de la afición teutona cada vez que tocó el balón, muy poco por cierto.

Como buen serbio, Milovan Rajevac, técnico de Ghana, aceptó el pulso. Precisamente, intentó plantarles batalla a los germanos por ese flanco. A. Ayew, un extremo del modesto Arles francés, puso en más de un aprieto a su ‘paisano’, un armario de 1,92 que quizá se maneja mejor de central que junto a la cal.

Alemania sufre cuando se le ataca mediante combinaciones rápidas, ya que salvo Lahm toda su retaguardia es tosca y lenta. Pero al desplegarse, sobre todo al contragolpe, da sensación de peligro. Los africanos adelantaron mucho la línea de atrás y asumieron un riesgo extraordinario. Se salvaron en el primer tiempo por su atención y porque los tricampeones fallaron casi siempre el último pase.

Error

Cuando lo dieron bien, Özil se plantó solo ante Kingson pero cometió un error de juventud y no supo definir. Siempre que se junta con Müller, la otra estrella emergente del fútbol alemán, el público se levanta. Y si Lahm se suma al ataque, mucho ojo. El problema es que normalmente el balón debe pasar por el ‘tunecino’ Khedira o por Schweinsteiger, y ni uno ni otro son medios de corte fino.

La mejor y casi única ocasión africana antes del descanso mostró la importancia de defender los córners con un jugador en cada palo. Si Lahm no hubiera estado en el segundo, el cabezazo hubiera sido gol seguro. El caso es que Alemania maduró el partido y lo resolvió con un extraordinario disparo de Özil, gran sensación en Sudáfrica. A partir de entonces, Ghana vivió más pendiente del favor ‘aussie’.