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Conte, el Simeone de Italia

«No me interesan las palabras sino los resultados», pregona este técnico obsesionado por la táctica y el equilibrio defensivo que reflotó a la Juventus

Antonio Conte, durante un partido de la Eurocopa.
Antonio Conte, durante un partido de la Eurocopa. - efe

«No podía quedarme en un garaje dos años más». Una lluvia de críticas arrecieron sobre la figura de Antonio Conte cuando utilizó esta metáfora para justificar por qué deja Italia para poner rumbo al Chelsea tras la Eurocopa. Se le reprochó que comparase a la 'Nazionale' con un lugar para guardar coches y que su cabeza estuviera más en Stamford Bridge y en contentar al magnate Roman Abramovich que en reflotar a los 'azzurri'. Esa polémica, unida al proceso abierto contra el técnico de Lecce por fraude deportivo, complicaron la existencia a un conductor de grupos al que se le encomendó la misión de dirigir a la peor Italia de los últimos años.

Como jugador fue un centrocampista con cierta llegada y enorme coraje en la Juventus, donde forjó su carrera y fue capitán, tras las despedidas de Fabrizio Ravanelli y de Gianluca Vialli, hasta que Marcello Lippi le relegó al banquillo y le ofreció el brazalete a Alessandro Del Piero. Como entrenador, es un ganador. Tras formarse en clubes menores como el Bari, Atalanta y Siena, emprendió la aventura de dirigir a una Juventus que había sufrido años de ruina, con un un descenso a segunda incluido por el escándalo del 'Moggigate' o compra de partidos. Logró hacer un grupo unido en torno a una idea, conquistó tres 'scudetti consecutivos y se ganó el derecho a reemplazar a Cesare Prandelli cuando, tras el fracaso transalpino en el Mundial de Brasil, le ofrecieron el cargo de seleccionador.

«No hay nada escrito en el fútbol. Las palabras no me interesan, sólo lo que sucede en el campo es importante». Con esa máxima, Conte expresa su pragmática filosofía, similar a ese método populista con el que el 'tribunero' Cholo Simeone hizo al Atlético resurgir de sus cenizas, ser campeón, y pacificar a un club en guerra civil. Sus innegociables premisas son la humildad, el sacrificio, la defensa como principio de todo buen equipo y el bloque muy por encima de las individualidades, se llamen como se llamen.

Sin 'fuoriclasse'

Admite que en esta Italia no disfrutan de 'fuoriclasse' (figuras) como Messi. «El nuestro es el equipo, la suma de todos», insiste. Por regla general, los jugadores le adoran porque les hace mejores. Éder Martins, delantero brasileño del Inter nacionalizado italiano, es un buen ejemplo. Llegó a la selección por deseo expreso de Conte, que le hizo debutar y le incluyó en la lista de 23 para la Eurocopa a pesar de un discreto año en su club. Éder le correspondió al marcar el gol ante Suecia que clasificaba a Italia para octavos.

No le tembló el pulso para dejar fuera a dos jugadores que conoce bien por haberlos dirigido como son Andrea Pirlo o Sebastian Giovinco, ya en el 'soccer' norteamericano. Entiende que la 'MLS' no tiene suficiente nivel. Fundamenta esta Italia en el hermético bloque de la Juventus que tan bien conoce. Tipos como Barzagli, Bonucci, Chiellini y el portero Buffon admiten en privado que es el mejor entrenador que han conocido.

«Pero no puedes ganar siempre defendiendo esperando un contraataque. Tampoco saliendo como un loco al ataque. Debes buscar el equilibrio entre una cosa y otra», matiza Conte. Le agrada que sus laterales, más bien centrocampistas, se desplieguen en ataque, pero siempre que tengan las espaldas bien cubiertas. Que sus centrocampistas traten de desbordar, sin perder la posición, y combinen con los dos puntas, normalmente Graziano Pellè y Eder. No le interesa si son jóvenes o veteranos, sólo si son útiles para reforzar al equipo.

Ya de jugador, como sucedía con Pep Guardiola o el referido Simeone, era la prolongación del técnico en el campo. Ordenaba a sus compañeros en la Juve y en la selección, donde jugó 20 partidos y anotó dos goles.

Preguntaba las dudas que le asaltaban a sus entrenadores y técnicos rivales. Vive obsesionado para el fútbol. Como puso ya de moda el viejo César Luis Menotti, suele entrenar con su once titular, muchas veces sin rival. Insiste en las jugadas hasta perfeccionar los automatismos. «Quiero dar seguridad a mis hombres. Que no tengan que pensar qué hacer con el balón porque ya lo saben incluso antes de recibirlo», pregona. Es discutible, pero crere que «los futbolistas no gustan de improvisar».

Obcecado con los vídeos, desmenuza con su equipo de colaboradores los defectos y virtudes de los rivales. Su tesis en la escuela de entrenadores fue una reflexión acerca del sistema 4-3-2-1 (aunque él emplea un 3-5-2) y la utilización didáctica del vídeo. «A ningún jugador le gusta que destaques sus errores, y menos si es frente a sus compañeros. Pero si acompañas las explicaciones de imágenes en las que se aprecia claramente lo que no hizo bien, lo comprende mejor y hasta lo acepta, aunque sea a regañadientes. El vídeo te ayuda mucho en esas faceta del juego», argumenta este técnico con alma de futbolista. Un resultadista, con una propuesta menos atractiva que Prandelli, su antecesor.

En plena corrupción en el 'calcio', la carrera de Conte se vio en peligro. El procurador le acusó de fraude deportivo y reclamó seis meses de prisión y una multa de 8.000 euros, por no denunciar en 2011 un partido amañado por el Siena que él conducía. Fue absuelto por el tribunal de Cremona que examinaba el caso. Este lunes, si pudiera, a sus 46 años se calzaría las botas para medirse a España.

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