Eurocopa 2016

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Eurocopa 2016 Aduriz: «La gente se sorprende al ver mi DNI»

Con 35 años, el delantero del Athletic ha sido el máximo realizador español de la temporada y se ha ganado un hueco en la selección. Ofrece goles

Aduriz, durante la concentración de España
Aduriz, durante la concentración de España - AFP

El más veterano de los 23 de España es Aritz Aduriz, feliz porque desmitifica la importancia de la edad a base de goles. Tiene 35 años y ha logrado 36 tantos con el Athletic, datos tremendos para este jugador que no tiene nada que ver en el trato con ese futbolista volcánico que se transforma en un campo de fútbol.

Aduriz juega al golf (y muy bien), más tranquilo que los deportes que probó anteriormente: fue subcampeón de España cadete de esquí de fondo, ha practicado snowboard, surf, tenis, pala... Y dice que de todos ha aprendido algo. De explosión tardía, este delantero de aspecto juvenil por las pecas de su cara ofrece a España lo que le falta: el gol.

—¿Por qué marca más goles ahora?

—Esto es ensayo-error, ensayo-error, ensayo-error, ensayo-error. Según vas adquiriendo experiencia, entiendes que un balón que viene por un sitio puede terminar en algún otro. Es una cuestión estadística. Vas intentando moverte mejor en el campo y se elige mejor las situaciones con la edad. Eso te lo da la experiencia, tantos partidos, lo que has ido aprendiendo. Si, además, físicamente estás a buen nivel lo normal es ir mejorando.

—El gol no mira la edad.

—No. Estar bien situado en los metros finales y tomar decisiones es fundamental. Con la experiencia se aprende eso.

—De ahí que se le compare con Klose, que tiene 38 años y sigue marcando goles. ¿Cuánto de intuición y preparación hay en el gol?

—Yo igual me muevo muy mal en el campo, no lo sé. Por supuesto que hay intuición, hay gente que la tiene desde joven. Yo lo he ido puliendo porque no tenía esa intuición tan clara que tienen otros. Intentas ser más definitorio, pero no siempre lo consigo.

—¿Qué es para usted marcar un gol?

—Es el objetivo. Para ganar hay que meter goles. La alegría es muy grande porque sabes que atrás se hace un trabajo muy grande. Sí, sobre todo te alegras por eso, por todos tus compañeros que están haciendo todo el trabajo para que tú marques. Y por la afición.

—¿Llega a obsesionar?

—Lo intentas hacer de la mejor manera posible. Y el gol no puede convertirse en una obsesión. Tú lo estás intentado y hay veces que las cosas salen y otras no. Lo que hay que hacer es trabajar, pero obsesionarse no es bueno.

—Con 35 años, le llega la oportunidad de la Eurocopa. ¿Se lo imaginaba o no fue hasta el otro día, cuando se despejaba del chándal, cuando se dio cuenta de que esto era real?

—No te lo imaginas del todo hasta que el seleccionador no da la lista definitiva. Está claro que en marzo, cuando hubo la última convocatoria, sentí un empujón grande al estar con el grupo. Y entendí que si terminaba muy bien la Liga podría tener alguna opción. Pero hasta la lista, de verdad, no me lo pensaba.

—Y el lunes, contra la República Checa, ¿se sentía distinto a otras tardes de fútbol?

—No, no. Al final, todo se reduce al fútbol, al partido en sí. Todo el envoltorio, todo esto (señalando el campamento de España que tiene en Saint-Martin de Ré) sí que es de una magnitud enorme, pero en el momento del partido, solo hay fútbol. Y en este caso estaba en el banquillo, centrado en el juego, viendo cómo se desarrollaba y ver que se podía hacer para ganar o que podía hacer por si salía para intentar ayudar.

—¿Y cuando le dijo el seleccionador que iba a salir, en qué pensó?

—Normalmente, cuando sales a calentar tienes bastantes opciones de salir. Así que salí con muchas ganas, me apetecía estar sin la necesidad de calentar, hubiera ido directo al campo.

—Tuvo una oportunidad con ese remato acrobático. Si la llega a meter, aunque estaba en fuera de juego...

—Si la llego a meter y pitan fuera de juego, hubiera sido peor. Deja, deja...

—Usted aquí es una persona tranquila, transmite calma. Dentro del campo, es lo opuesto. ¿Cuando se ve por la televisión, en qué piensa?

—Muchas veces, no solo a veces, muchas veces sí que me veo en repeticiones y digo: «¡Joder, tío, ¿dónde vas? Podrías ir más tranquilo a esa o tal o cual...». Pero es mi forma de ser y de jugar, lo he hecho así toda la vida y dentro del campo me meto mucho, es mi forma de actuar.

—Ahora los tiene de compañeros, pero con Piqué y Ramos se las ha tenido también en el campo.

—Sí, sí. Hemos jugado muchas veces en contra y evidentemente siempre hay roces y momentos en los que quizás has tenido más fricción que otras. Piqué es más tranquilo en el campo. Con Ramos sí he tenido más roce, pero con los años hemos ido respetándonos más y tranquilizándonos más. Pero es lo normal, cada uno pelea por lo suyo. Y al llegar aquí haces clic, es un cambio de chip total, pasas a ser compañero y no hay ninguna duda de todo eso.

—Además, esos conocimientos le benefician para entender sus acciones. Como, contra los checos, que entran los dos al segundo palo.

—Sí, yo estaba un poquito más atrás, no sabía exactamente dónde iba a ir el balón y ellos estaban un poco más metidos. Es una gozada saber que este tipo de jugadores están a tu lado.

—En 2012, cuando vuelve al Athletic, ¿se imaginaba que en cuatro años le iba a pasar todo esto?

—No, no, es imposible. Para empezar, se gana un título con el Athletic (Supercopa de España) después de 31 años sin ganar nada. Eso ya era complicado, pese a llegar a dos finales y que el equipo estuviera bien. Y encima la Eurocopa cuatro años después. No, no, no. Es imposible imaginárselo, ni en el mejor de los sueños.

—¿Nota que la gente habla de usted, de ese delantero de España que tiene 35 años y ha metido 37 goles esta temporada?

—No, no eres consciente de lo que pasa alrededor. Supongo que la gente ve mi DNI y se sorprende. Me siento muy satisfecho y orgulloso, pero es un trabajo que no solo es mío. Es un trabajo del Athletic, una recompensa a todo lo que se ha hecho y a los años tan buenos que se han vivido.

—¿Se ve con opciones de jugar en función de los rivales que tocan ahora?

—Me gusta tener información de los rivales, cuanta más información tengas es mejor para poder manejarla a tu antojo. Es positivo. No sé cómo jugarán. Tanto este partido contra la República Checa, como en el anterior amistoso ante Georgia, hemos visto que los rivales se nos meten bastante atrás, con un repliegue enorme y con mucha gente metida. No es fácil ese tipo de encuentros. Lo que intentaremos es conocer lo mejor posible a Turquía y a Croacia para buscar la victoria, siempre con nuestro estilo.

—Usted parece un futbolista un tanto atípico, al menos fuera del campo. Juega a golf, ha practicado el esquí, también muchísimos otros deportes. Parece que no case con la imagen más superficial que se tiene del fútbol.

—Me gusta muchísimo el deporte, pero no me gusta nada la parafernalia del fútbol. Todo lo que le rodea no me gusta. Entiendo que es totalmente necesario, pero no me gusta mostrarme. A mí lo que me gusta es ser un chico normal que puede ir a tomar un café a cualquier sitio y estar tranquilo. Me encanta ser uno más, ser un ciudadano más. Pero no es fácil, y más hoy en día. Mediáticamente todo es mucho más grande. Hay redes sociales, el fútbol crece en ese aspecto. Pero no me gusta mucho. A mí lo que me gusta es eso, el verde, entrenar, intentar jugar partidos. ¡Me encanta competir! Es lo que más me gusta, con lo que más disfruto.

—¿Consume fútbol?

—No mucho, no mucho. Veo partidos, sí, claro, pero tampoco en exceso. A mí me gusta el fútbol, el deporte en sí, pero no soy de ver muchos partidos. Prefiero ver otros deportes, otras cosas. No soy un gran aficionado a seguir muchos partidos de fútbol.

—¿Siempre ha sido así?

Sí, sí, siempre.

—¿Se aprende con los años a saber cómo comportarse en un grupo?

—Al final, han cambiado mucho las cosas. Diez años atrás no había redes sociales, los móviles no tenían cámaras... No tenía nada que ver, pero nada. Salías por ahí y nadie te pedía una foto como pasa ahora. Ha evolucionado mucho y los que han venido ahora se lo han encontrado así.

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