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Augusto Batalla: «Yo he estado en el fondo del mar, pero muy en el fondo: depresión, ataques de pánico, soledad...»
Debutó con River con 17 años, y todo un país se le echó encima. Se encerró en su casa y gracias a la ayuda de psicólogos, de su familia, de su mujer y del fútbol chileno, logró renacer y reinventarse: «El sistema es así. No guardo rencor»
Madrid
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Iniciar sesiónCriado en la cantera de River desde los 5 años, su irrupción en el primer equipo, con apenas 17, fue el inicio de un oscuro viaje: estrés, ataques de pánico, depresión, traumas... Augusto Batalla (Hurlingham, Buenos Aires, 30 de abril de 1996) sabe lo ... que es hundirse en el fondo del mar, pero también levantarse hasta convertirse en uno de los mejores porteros de la Liga. De todo eso, de Argentina, y de fútbol, habla con ABC a las puertas del Rayo-Real Madrid.
-¿Cómo es Hurlingham?
-Era un pueblito a las afueras de Buenos Aires, en la zona oeste de la ciudad, pero hoy en día ya está súper poblado y es como un barrio más. Buenos Aires es tan grande que va absorbiendo toda la periferia que antes no estaba tan poblada.
-¿Qué recuerda de su infancia allí?
-La recuerdo de manera espectacular. Fui muy feliz. Sin lujos, pero no me faltó de nada. Mi padre trabajaba mucho, él era carnicero y al principio, cuando yo era muy chico, trabajaba como empleado en una carnicería, pero después tuvo la suerte de abrir su propio local. Pero la jornada de trabajo de un carnicero es dura. Mi padre abría a las 6:30 de la mañana y cerraba a las 2:00 de la tarde. Después volvía a casa para almorzar y a las 4:30 ya volvía a trabajar hasta las 9:30 de la noche. Los sábados y domingos también trabajaba. Muy pocas veces pudo ir a verme jugar al fútbol, y cuando podía venía vestido con la ropa de carnicero porque no llegaba a tiempo. Gracias a su trabajo, que se partía el lomo, pudimos ir a un colegio privado, el San Fernando. En Argentina, los colegios públicos no siempre son de la mejor calidad y son complicados, así que mi papá hizo un esfuerzo enorme para que pudiéramos asistir a ese colegio al que le tengo un gran cariño. Y mi mamá fue la persona que se encargó de nosotros, tanto de mi hermana como de mí.
-¿Era buen niño?
-La verdad que siempre fui bastante tranquilo. Me dicen que de muy niño sí era algo travieso, pero la realidad es que tuve una adolescencia muy normal. Tiempo libre con mis amigos y bueno en los estudios. Claro, tuve mis equivocaciones, como cualquier adolescente, pero después me ordené.
-Ahora el padre es usted. Tiene a Felipe de 3 años y a Justina de 2.
-Sí, y ya me doy cuenta de que todo lo que me decían mis padres se hace realidad. A veces me río con Carolina, mi esposa, porque cuando les regañamos o les decimos algo, nos miramos y decimos: '¡Ya sonamos como padres!' (risas).
-¿Por qué los niños de hoy no tienen nada que ver con los de antes?
-Hay que entender el contexto en el que se crían ahora. Yo, por ejemplo, crecí en una calle de tierra, donde podíamos jugar tranquilos en la calle. Nosotros mismos nos inventábamos nuestra diversión. Hoy en día, es mucho más difícil dejar a los chicos solos. Como padres, tenemos mucho más cuidado en ese sentido. Los tiempos han cambiado y no es lo mismo hoy que cuando nosotros éramos niños.
-¿Le parece bien esa sobreprotección?
-Sinceramente, me gustaría que tuvieran mucha más libertad de la que tienen, pero uno también tiene muchos miedos, dado lo que sucede en estos tiempos. Antes había otros códigos en la calle, antes no se tocaba a los niños. Hoy, por ejemplo, en Sudamérica, si un niño va con unas buenas zapatillas, si alguien se las quiere robar, se las va a robar. Creo que en Europa es distinto. Nosotros en Madrid, en ese sentido, estamos muy contentos. Vemos mucha vida de los chicos de 12-13 años, tranquilos, sin padres, un poco más independientes. A mí, como le digo, me gustaría que fuera más rústico, más de la vieja usanza, pero también hay que entender, como le digo, los contextos. Por ejemplo, yo tampoco le puedo pedir a mi hijo que tenga la misma valoración sobre las cosas cuando mi padre era carnicero y yo soy futbolista. Entonces, hay que tratar de inculcarles, pero a su vez también entenderlos. Hay que tener un equilibrio con ellos y darles tiempo.
-¿Cómo se ve Argentina desde este lado del mundo?
-Argentina viene sufriendo un proceso decreciente sociocultural muy grande desde hace unos 15 años, pero también es verdad que el argentino siempre tiene esa cosa de resiliencia, de poder salir adelante y de transformarse. En Argentina, históricamente, cada 20-30 años siempre hay un 'patapuf' que nos pone a todos el culo para arriba y tenemos que volver a reinventarnos. Ojalá que pronto esa curva empiece a aplanarse y empiece a crecer, pero creo que eso tiene que empezar desde la educación, desde la cultura y desde la economía. Yo quiero volver algún día a Argentina, a mi país, pero también me gustaría que fuera bajo unas condiciones que no sé si se podrán dar.
-Hay mucha crispación política.
-Hay un radicalismo tremendo y estas últimas elecciones en las que Milei arrasó lo han alterado todo. Creo que todos esos procesos económicos que está intentando llevar a cabo son costosos y dolorosos. Ahora, él lo dijo en su campaña, en eso no ha mentido, pero también hay que entender que a la gente le cuesta mucho llegar a fin de mes. Yo, sobre todo, puedo hablar de lo que es la vida en la calle, por lo que hablo con mis padres y mis amigos, que son clase media, y el día a día está costando mucho. Ojalá que esto se pueda equilibrar para que la gente esté más contenta.
-¿Hay mucha distancia entre la calle y la clase política?
-Yo creo que sí, pero insisto que son muchos años de decrecimiento sociocultural y económico que es muy difícil frenar. Creo que este Gobierno ha hecho lo correcto cerrando un montón de chiringuitos para poner un poco de orden, pero también creo que habría que acercarse al pueblo para que sea un poco más fácil el día a día.
-¿Con cuántos años entró en la cantera de River?
-Con cinco. Yo era mediocampista en el equipo de la guardería, pero un día faltó el portero, probé, me gustó, se lo dije a mi padre, me compró unos guantes y al terminar la guardería hice las pruebas de River y entré. Fue algo muy loco. Desde ahí hasta el momento de debutar en Primera fue un viaje de color de rosa. Pero cuando llegué al primer equipo, me costó asentarme, cometí varios errores y eso hizo que diera varios pasos hacia atrás.
-¿Qué pasó?
-Era muy joven y no tenía las herramientas necesarias desde lo mental y desde lo emocional para poder administrar toda esa presión y exigencia que conlleva un club como River. Estaba teniendo un año relativamente correcto, pero me equivoco en un River-Boca, y a partir de ahí se me hizo muy difícil. Intenté mostrarme fuerte, pero a los dos o tres meses se me empezó a caer la casa encima. Me encerraba en mí mismo, sufría depresión, ataques de pánico, me quedaba sin aire, las paredes se me echaban encima… Lo pasé muy mal. Recuerdo una vez que estaba acostado en la cama y me agarró un dolor gigante en el trigémino, y la cara se me quedó paralizada. Recuerdo despertar a mi pareja y decirle que me estaba dando un ictus, y al final era todo estrés y nerviosismo.
-¿Cómo gestionó todo aquello?
-Fue muy complicado. Yo solo tenía 19-20 años y todo un país se me echó encima. Me refugié mucho en estar solo, pero con el tiempo te das cuenta de que ese no es el camino. No tengo rencor, el sistema es el que es. Los clubes grandes, como River, Boca, Madrid, Barça o Atleti necesitan rendimiento instantáneo. No te dan tiempo para adaptarte, y más si eres el arquero titular y cometes errores. Es parte del sistema, y lo entendí.
-¿Pidió ayuda para superarlo?
-Empecé a trabajar con un psicólogo, a meditar, a buscar maneras de mejorar y, poco a poco, fui encontrando más equilibrio. Y todavía hoy, trato de mantener ese equilibrio constante. Es muy importante para mí.
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-¿Cree que la sociedad realmente se ha tomado en serio la salud mental?
-No, para mí hay mucho postureo. En Argentina, hubo un caso muy triste, el de Morro García, un futbolista que jugaba en Godoy Cruz. Tenía 31 años, y se suicidó debido a problemas de salud mental. La presión que vivió y la agobiante expectativa de la gente lo metió en una depresión, y no lo pudieron ayudar. La gente solo se preocupa cuando ya es tarde y la realidad es que hoy desde el anonimato de la redes sociales se puede decir de todo sin ninguna consecuencia. Se habla mucho de la salud mental, pero luego se sigue criticando a los chicos jóvenes que están empezando. La gente es muy dura con los futbolistas.
-¿Vivimos en un mundo con demasiado maldad?
-Hay más egoísmo e interés que maldad. La gente se preocupa más por sus propios intereses. En el mundo del fútbol, del periodismo, la política y los negocios, lo que prima es lo que uno puede obtener. Todos sabemos cómo funciona: si te piden que hagas algo por un interés personal, lo haces, y eso genera mucha maldad en algunos casos. La gente consume ese amarillismo porque el fútbol genera muchas emociones, tanto de alegría como de frustración. Y ahí está el fútbol en Argentina, como un escape para la gente de la realidad de su vida cotidiana.
-¿Demasiado fanatismo?
-Sí. En Argentina el fútbol es el centro de todo. Si tu equipo gana, la gente está feliz toda la semana. Si pierde, está triste. Pero eso pasa porque mucha gente vive frustrada con su vida cotidiana, tiene que lidiar con problemas laborales, económicos, familiares... y el fútbol es una forma de escapar de esas frustraciones.
-Hace poco el Rayo compró el 70% de sus derechos. Lo digo porque usted dejó River hace diez años, pero realmente ha ido de equipo en equipo en formato cesión ¿Se puede jugar al fútbol de préstamo en préstamo?
-Me tuve que reinventar después de River. Jugué en Tucumán y Tigres, pero mi rendimiento no era bueno y le dije a mi representante que me buscara lo que fuera. Acabé en Unión la Calera, un club muy pequeño de Chile. Allí conocí a un gran psicólogo, Sebastián Leiva, y empecé a trabajar mis problemas emocionales. Aprendí que todo lo que había vivido me había generado un trauma, y que tenía que enfrentarlo. Luego, me fui a O'Higgins, un club más grande, con mejores infraestructuras, y allí trabajamos muy bien. Fue una época muy positiva para mí, donde también conocí a mi mujer, quien cambió mi vida para siempre.
-Y de Chile regresó a Argentina.
-Cuando llegué a San Lorenzo, me dijeron que venía como suplente, pero yo tenía claro que mi objetivo era jugar y dar el salto a Europa. Fíjese de dónde yo venía, de jugar en Chile, y del mal recuerdo que tenía Argentina de mí. Que en River me analizaban hasta si me sacaba un moco o no. Había una lupa sobre mi gigante. Así que sabía que si cometía un error en los primeros partidos, iba a ser condenado, pero logré demostrar mi valía, tanto como deportista como persona, y eso me dio mucha satisfacción.
-¿La percepción en Argentina sobre usted ha cambiado?
-Sí, llevo varios años manteniendo un buen nivel y jugando en equipos importantes. He demostrado que estoy capacitado y eso me ha valido el reconocimiento. Es que yo estaba en el fondo del mar, pero en el fondo muy fondo. Que me tuve que ir a un equipo de Chile recién ascendido, me tiraron un flotador y ahí renací. Así que yo ya no tengo miedo al error, porque sé que he fracasado antes y he sabido salir adelante. Eso me ha fortalecido como persona y como jugador.
-¿Alguien le ha pedido perdón?
-No, nunca me han pedido perdón explícitamente, pero sí he recibido comentarios como 'qué bueno lo que lograste', o 'nunca pensé que llegarías hasta aquí'. Pero no busco que me pidan perdón. Como le dije antes, conozco cómo es el sistema y no tengo rencor.
-¿El Rayo es el club más argentino que hay en España?
-Sí, sin duda. El Rayo tiene algo especial, es un club muy de barrio, con una cultura muy particular que mezcla el fútbol con el barrio. Sandoval me dijo que el Rayo iba a ser mi lugar, y el tiempo le ha dado la razón. Aquí me siento muy representado, es un club que me ha dado muchas emociones y sensaciones similares al fútbol argentino.
-Un club de barrio compitiendo en Europa. Es alucinante.
-Creo que un gran valor que tiene este vestuario es que conoce lo que es estar abajo, jugar en Tercera y en Regional. Gente que sabe lo que es llegar a fin de mes con lo justo. Eso, para mí, es importantísimo. Nos hace valorar lo que estamos viviendo, lo que estamos compitiendo y lo que hemos logrado. Hay chavales que en su momento nadie daba un duro por ellos, y te puedo nombrar muchos casos. Hoy, esos mismos chavales están compitiendo a máximo nivel. No sabemos hasta dónde llegaremos, pero lo que tengo claro es que este Rayo va a competir siempre. Es impresionante que estemos jugando en Europa, pero no solo eso. Si nos los proponemos, podemos pelear por el título. No nos tenemos que poner ningún techo ni limitarnos. Podemos soñar con todo, con la Conference, con la Copa del Rey y con volver a meter al equipo en Europa.
-Me habla de jugadores, pero menudo entrenador tienen.
-Iñigo es totalmente diferencial. Lo digo con todos los respetos al Rayo, pero en pocos años puede estar entrenando en un Arsenal o en un United. De todos nosotros, va a ser el que llegue más lejos. Es el mejor técnico que he tenido en mi vida. Tiene algo, un don, que no se puede explicar. Tú puedes ser muy currante y una gran persona, pero no tener el don de enseñar, de liderar y de hacer bien todo lo que un técnico requiere. Íñigo lo tiene.
-Hoy, el Madrid. ¿Cómo lo ve esta temporada?
-El Madrid siempre es el Madrid. Siempre tienen a los mejores jugadores del mundo en el mejor club del mundo. Siempre tiene un aura especial, le entrene quién le entrene. Aceleran diez minutos y te ganan el partido. Son clubes diferenciales, en todos los sentidos. Mire, a mí me pasó algo muy loco hace unas semanas. Estaba con mis hijos y mi mujer en una consulta médica para ella, y como los niños estaban insoportables, me los llevé a pasear. La consulta estaba al lado del Bernabéu, y como mi hijo es muy fanático de Cristiano, le dije. 'Oye, ¿quieres entrar al museo?' Me dijo que sí, fui a la taquilla, quedaban diez entradas, compre tres y cuando terminé el tour una persona vino a buscarme y me dijo 'es un honor tenerte aquí', y me llevaron a un palco, nos dieron algo de comer y beber y recuerdos para mis hijos. Ahí te das cuenta qué tipo de club es el Madrid.
-Y de Mastantuono, también criado en River como usted, ¿qué me dice?
-La verdad es que no le conocía mucho. Le había visto en algunos partidos de River, pero ya. Para mí es un chico que tiene unas condiciones fuera de lo común, y por eso el Madrid lo fue a buscar y pagó lo que pagó. Tiene unas cualidades extraordinarias que no se ven todos los días. Claro, cuando llegas al Madrid y han pagado por ti 60 millones, todo el mundo espera que marque goles en cada partido. Eso es parte de la exigencia, pero yo creo que es un chico con un talento enorme.
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