Termina el sueño, comienza la leyenda
Los jugadores del Mirandés se despiden de la Copa - efe
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Termina el sueño, comienza la leyenda

El Mirandés celebra en San Mamés su inolvidable paso por la Copa pese a la derrota

BILBAO Actualizado:

Miranda habrá amanecido hoy con la mirada hinchada, entre perdida y despistada, de quien sale del sueño y se dispone a recortar una hoja más del calendario de los mortales. Otro miércoles cruel para sus cerca de 4.000 parados, casi tantos como socios del «Real Mirandés» que, seguro, digerirán la resaca copera con la alegría subida. Los culpables: un grupo de jornaleros del fútbol, que ayer se consagraron en la Catedral con mayúsculas y demostraron que los humildes también pueden.

En la retina colectiva, bien guardadas, las imágenes de una gesta que se recordará por siempre en la historia de la competición más romántica. España entera dirá que el Club Deportivo Mirandés es semifinalista de la Copa del Rey, y eso ya no se lo lleva ni la crisis maldita. Ni siquiera el minuto 13, maldito también, iba a borrar la gesta de un club humilde que volvió a colocar a Miranda en el mapa de los sueños. Muniain marcó, lo hizo tres minutos antes que Iraola, y después llegó Aurtenetxe. Pero poco importaba ya el marcador a los ojos de una afición que vino y se fue como lo hace el Ebro a su paso por Anduva: desbordante.

El descanso valió a la marea roja para inmortalizarse, bocata en mano, en San Mamés. «El Athletic es mucho Athletic», admitía el presidente del Mirandés, Ramiro Revuelta, que llegó al campo con un «mal presagio» rondándole desde la sobremesa. Había vuelto a perder en la partidilla de mus con Josu Urrutia, pero la tertulia sirvió para hermanarse. «Estamos encantados de vivir este ambiente sano de fútbol en Bilbao y afianzar las relaciones con el Athletic para intentar futuras cesiones», apuntaba, sin desvelar si ya había puesto el ojo sobre algún cachorro de Lezama.

Y mientras la fiesta seguía en las gradas —la pequeña Anduva hizo votar al imponente San Mamés— llegó el gol de Aitor, que repitió al final. El regalo, la recompensa, la recibieron abrazados. «El Bilbao lleva dos goles en Copa, y los dos se los ha metido el Mirandés», presumían dos amigos. Emoción y nervios hasta el final, todos animando a Pablo, su bravo capitán y goleador, que cerró su sucursal bancaria a la hora del Telediario porque tenía que salir en la edición de noche.

Por fin, con el 4-1, San Mamés coreó exultante el «sí, sí, sí, nos vamos a Madrid». El resto de la historia lo escribirán otros, debieron pensar con el quinto y sexto los 1.200 burgaleses que peregrinaron a Bilbao para medirse al virrey de copas. 84 kilómetros de vuelta les esperaban tras el pitido final. Pero anoche, ya se sabe, no hubo sueño, porque el sueño eran ellos.