Gregorio Manzano, en el partido ante el Betis en el Calderón - efe
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Empieza la cuenta atrás

La grada volvió a increpar al entrenador, esta vez por cambiar a Diego, y su plazo concluye el miércoles

J. C. J. C.
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Un chaval que no levanta más allá de segundo de Primaria —bufanda rojiblanca al cuello, camiseta colchonera del año pasado, Rubén y el 10 a la espalda— expulsa la rabia de sus mayores a la conclusión del Atlético-Betis.«Manzano, vete ya», chilla furibundo ante su padre, detractor del entrenador del Atlético con toda seguridad a tenor de su sonrisa cómplice. El mensaje se ha transmitido como un legado en el Manzanares y el jienense camina ya sobre sus cenizas. De nuevo en proceso autodestructivo, el Atlético inicia la cuenta atrás para el canje del técnico.

El proceso suele generarse por contagio. Empieza a cantar el grupo ultra del fondo sur y el resto del estadio apoya o rechaza el recado. Para desgracia de los demás, el Frente Atlético lleva la voz cantante. Sus proclamas de pésima educación —«Puta Sevilla» ayer en varias ocasiones— por las que el club ha tenido que pedir disculpas —lo que pasó con el sevillista Puerta— a veces calan en la parroquia. Los gritos a favor de Luis Aragonés no son mayoritarios, pero se escuchan con mucha fuerza.

El sentimiento contra Gregorio Manzano se palpa en la grada sin necesidad de los ultras. La gente no está con él y prefiere un técnico de perfil alto —Rafa Benítez—, criado en la casa —Pantic— o con una personalidad contagiosa —Cholo Simeone o Luis Aragonés—. Pero las acciones pertenecen a Gil Marín y Cerezo y las filtraciones que han surgido estos días apuntan en otra dirección. Scolari (Jorge Mendes al aparato) y Juande Ramos también optan al banquillo de un club especial y cuya idiosincrasia desconocen.

«Si el equipo tiene fuerzas, el entrenador también», afirma Manzano

Manzano asumió su papel con el discurso conocido. «El equipo tiene fuerza. Si el equipo tiene fuerzas, el entrenador tiene fuerzas. Si hubiese visto que los futbolistas no tenían fuerza mental, física y técnica, si hubiera sido un equipo sin alma, a lo mejor no tendrían fuerzas ni el equipo ni el entrenador, pero no ha sido así», se defendió.

«Nadie puede decir que el equipo no ha salido preparado. Mi trabajo es dar sentido al grupo», argumentó. Lanzó, eso sí, un par de dardos a sus jugadores. «Fallamos alguna ocasión que no fallamos normalmente», en alusión a Falcao. «Tuvimos mala suerte en un despiste», en alusión al resbalón de Domínguez en el primer gol del Betis.

En este clima arranca la semana. Partido de Copa el miércoles ante el Albacete (2-1) y un entrenador sin crédito. La lógica atlética apunta a una destitución el jueves.