La venganza de Gwangyu

JULIÁN ÁVILAINNSBRUCK (AUSTRIA). Todos los futbolistas tienen grabado en la mente un campo de batalla marcado con la derrota más dolorosa. Y el «waterloo» más reciente de la selección española está a

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JULIÁN ÁVILA

INNSBRUCK (AUSTRIA). Todos los futbolistas tienen grabado en la mente un campo de batalla marcado con la derrota más dolorosa. Y el «waterloo» más reciente de la selección española está a miles de kilómetros del Tirol. Concretamente en Gwangyu, en Corea del Sur, en el verano de 2002. Allí, los chicos dirigidos por José Antonio Camacho escribieron una de las páginas más amargas del fútbol español.

España fue incapaz de superar en los malditos cuartos de final a una de las selecciones anfitrionas, Corea. La tanda de penaltis, la moneda al aire, cayó del lado local en un partido extrañísimo y que alimentó la teoría de la conspiración en la figura del colegiado del encuentro. Porque el egipcio Al Ghandour y sus asistentes miraron para otro lado en las jugadas dudosas en el área local. La roja suplicó justicia, pero como quien predica en un desierto. La figura de Hiddink en el banquillo dirigiendo la tropa enemiga pesó más que los alaridos de Camacho.

Aquel equipo español desconsolado, con Raúl maltrecho por una lesión, estaba compuesto por Casillas; Puyol, Hierro, Nadal, Romero; Joaquín, Helguera, Baraja, De Pedro; Valerón y Morientes -en la segunda parte entraron Luis Enrique, Mendieta y Xavi- . Cero a cero en el tiempo reglamentario, batacazo en los penaltis y el fantasma de la impotencia en su mejor versión.

Del descalabro han pasado ya ocho años y viejos conocidos vuelven a verse las caras en una cita importante. En una esquina estará Guus Hiddink, el mago de los banquillos, ahora con Rusia. En la otra estarán los agraviados españoles. Y de la batalla de Gwangyu hay tres supervivientes, Iker, Puyol y Xavi.

Los jugadores no son muy dados a almacenar en el disco duro los fracasos, pero cuando se les pregunta al respecto vomitan fuego. De los tres, Iker Casillas guarda los peores recuerdos. No logró detener ni un penalti en la ruleta del cara o cruz.

Oso con piel de cordero

«Recuerdo aquel partido con mucha tristeza. Hicimos un buen campeonato y merecimos el triunfo. Nunca lo tuvimos tan cerca, pero nos faltó un poco de picardía y que las decisiones del árbitro no hubiesen sido parciales. Ahora nos volvemos a encontrar con Hiddink. Ese entrenador sabe sacar mucho rendimiento a los equipos que dirige... pero también tiene una buena flor».

Una flor. Bien camuflada en un lenguaje de oso con piel de cordero. Su discurso siempre es una invitación a caer en la trampa. «No venimos a este campeonato con el papel de cenicienta. Es lo que hay. Mi equipo de trabajo y yo habíamos diseñado una selección con gente muy joven con vistas al próximo Mundial de 2010», dijo cuando se emparejó Rusia con España en el sorteo.

«Hemos rejuvenecido el equipo y la media está sobre los 24 años. Jugaremos con la idea de divertirnos y garantizo que podemos dar alguna sorpresa». ¿Igual que con Corea? «No sería lo lógico. Aquello fue diferente. Era otra época y otros jugadores. Y todo un país volcado con el equipo», adujo.