El Valencia se deja empatar en Praga contra diez

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R. COSÍN

El Valencia mostró ayer cómo un equipo que domina un partido, que gana por una diferencia de dos goles a domicilio y que juega contra diez futbolistas durante toda una parte del encuentro se puede dejar empatar. Los blanquinegros dominaron casi la totalidad del encuentro, dispusieron de todas las ocasiones del duelo ante el Slavia, pero no acabaron de matar el encuentro cuando pudieron y se durmieron cuando no debían. A falta de diez minutos para el final del choque llegó la caraja monumental de los valencianistas. Primero se olvidaron de marcar en un córner a Janda, quien remató de cabeza a placer ante la pasividad de todos los valencianistas que estaban dentro del área chica. Tres minutos después Grajciar empató el encuentro y neutralizó el tanto en la primera mitad de Joaquín tras materializar un penalti cometido sobre Mata, y el chupinazo de Maduro en el arranque de la segunda mitad.

Lo de Grajciar fue cuestión de aprovechar una cadena de fallos. Un jugador que cae lesionado en la medular (Bruno), el árbitro que no para la jugada, los «che» que no provocan una falta táctica, Moyá que no mide la salida ante Hlousek y de nuevo pasividad para que el checo empatase el partido. El Valencia pudo ser líder, pero que se quedó con un punto y un sabor amargo con tintes de derrota ante la cenicienta del grupo B de la UEFA Europa League.

Génova 3; Lille 2.