El Sevilla llegó con más de cuatro horas de retraso y cara de pocos amigos

J. ÁVILAGLASGOW. No es el mejor escenario para afrontar una final. El Sevilla vivió ayer una jornada de sobresaltos innecesarios. Un viaje que estaba previsto en poco más de tres horas se convirtió en

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J. ÁVILA

GLASGOW. No es el mejor escenario para afrontar una final. El Sevilla vivió ayer una jornada de sobresaltos innecesarios. Un viaje que estaba previsto en poco más de tres horas se convirtió en un vodevil de más de siete. El primer problema se originó en el aeropuerto de San Pablo, donde el avión que debía trasladar a los jugadores y al equipo no estaba listo a su hora.

Con más de dos horas de demora el equipo puso rumbo a Escocia, pero el avión tuvo que detenerse a repostar en la ciudad francesa de Rennes porque no llevaba suficiente carburante. Esta circunstancia estuvo motivada porque el avión de repuesto utilizado por los jugadores y directivos era más pequeño que el previsto inicialmente.

Sobre las ocho de la tarde hora local la nave tomó tierra y el equipo se dirigió a su hotel de concentración, situado a 46 kilómetros de la ciudad. Los rostros de cansancio y de seriedad en la expedición sevillista desvelaban el enojo. El Sevilla no pudo entrenarse porque se quedó sin sol y la noche cayó antes de lo previsto gracias a una pertinaz lluvia.