Selección española2018, un mordisco de realidad

España cierra con Bosnia un año en que pasó de aspirante al Mundial a proyecto por hacer

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Lo mejor del partido contra Bosnia fue la entrada de Pablo Fornals. Demostró ser un centrocampista necesario que abre espacios con un sentido del fútbol superior. Coincidió con los mejores minutos de España. Isco y Asensio salieron del coma (otro favor de Luis Enrique al Madrid). El primero se fue haciendo importante y peligroso poco a poco y mezcló mejor con el resto del equipo. A Asensio se le vio con responsabilidad generacional, con arrancadas de aquí-estoy-yo.

España sacó un once de 25 años de media, con Isco de capitán y veterano. Era una España casi «olímpica», entre los 22 y los 25 en lo significativo.

Morata falló un gol imposible. Es una pena su capacidad para tropezar con el balón. Se esforzó mucho y quizás necesite más confianza, por samaritano que suene esto.

Luis Enrique y el señor que se comió a Prosinecki (que parecía guardar una pelota bajo el anorak) compartían un curioso transfuguismo: coincidieron en el Madrid (91-94, aproximadamente) y en el Barcelona (unos meses del 96).

El público fue otra de las grandes cosas de la noche: 20.000 mártires deportivos que aguantaron la lluvia al descubierto y un fútbol que en algunos momentos de la primera parte amenazó tedio intenso.

Con este partido, España acaba un año «horribilis» (que a ratos fue además «soporíferis»). Antes del Mundial, la Selección iba de imbatida y aspirante. Tras el desastre de Rusia, acaba el año con una situación radicalmente distinta. En estos meses se ha producido un ajuste de expectativas, un encontronazo con la realidad. La realidad es la velocidad de Isco, el remate de cabeza de Iago Aspas, la regularidad de Asensio, el acierto de los nueves... Nada muy fiable. Las viejas glorias se han ido yendo o apagando y el fútbol de España depende actualmente del metrónomo cansado de Busquets, del Panenka testicular de Ramos y creativamente de Isco y de la generación de Saúl, Asensio, Ceballos, Rodri y Fornals. Todos con 22 años. España es culturalmente mediocampo, eso lo mejor que tiene, y la de Luis Enrique será lo que sean capaces de lograr estos jóvenes futbolistas que ahora son solo un proyecto. Algo entre el sub-21 y el lejano primer nivel europeo.

España cayó un par de escalones en solo unos meses y de una realidad que era mera ilusión pasa a una situación de expectativa. España ya no es favorita para nada.

Además de guiar a la juventud, Luis Enrique intentará adaptar el estilo: lograr cosas como una nueva presión, chutar a puerta otra vez, vivir con el riesgo defensivo. No es fácil.

Actualizar el estilo de cansados pegapases y meter en la Eurocopa a unos futbolistas que incluso entonces serán muy jóvenes, ese es su reto, y ha dejado buenos detalles. Es un trabajo de dos y hasta de cuatro años.

Lo peor de España ha sido la dirección federativa y la innegable influencia del entorno, confluentes en la suicida destitución de Lopetegui justo antes del Mundial. En los últimos días se responsabiliza a De Gea con alevosía de un batacazo general y hasta suena (para terror y/o estupor del respetable) el nombre de Íker Casillas. Con este panorama (el pimpante retrocasticismo otra vez) la firmeza de Luis Enrique es lo único que tiene el forofo. A su determinación un poco chuleta y a «la quinta de los 22» se tiene que agarrar el aficionado de la Selección, siempre encomiable y siempre digno de la mayor simpatía.