La luz recobrada

«No es el Barça de Pep, con Xavi e Iniesta, pero es aún el Barça de Messi, que todo lo alumbra»

Salvador Sostres
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Sin ser todavía brillante, el Barça pareció regresar de su habitual pájara invernal en la primera parte de ayer, mucho mejor que el primer tiempo copero del miércoles. En contra de lo ocurrido en los últimos años, el equipo daba la impresión de llegar al momento decisivo de la temporada con Suárez recuperado de su infortunio, Piqué con una gran seguridad tanto en su cometido central como en las ayudas, Ter Stegen como un ángel de la guarda, Messi en alta fidelidad, y en general el equipo con su sentido vertical, veloz, del fútbol, para imponerse con autoridad y con gol, aunque dando aún demasiadas opciones al rival pese a su evidente desconcierto.

No es el Barça de Pep, con Xavi e Iniesta, pero es aún el Barça de Messi, que todo lo alumbra con su fútbol prodigioso cuando está inspirado. Todo lo sabe hacer: salir, llegar, asistir, marcar y hasta le queda tiempo para instruir a Dembélé en la necesaria pausa que le permita elegir la mejor opción, que suele ser devolvérsela al genio, como tan bien ha aprendido a hacer, con el tiempo, Jordi Alba. Pero no sólo fue Messi: el equipo en su conjunto pareció haber alcanzado su madurez, su virtud, atacando con talento y defendiéndose desde la inteligencia. Sin ser espectacular, y todavía con niveles preocupantes de puntual imprecisión, mucho mejor primera parte ayer que el miércoles, pese al abultado resultado. El Barcelona volvía a ser reconocible y el Madrid temblaba como un flan.

Pero como si todo hubiera sido una ensoñación, la vulgaridad volvió a asomar en los primeros minutos de la segunda mitad, y la depresión, la lentitud y la torpeza volvieron a entristecer al Barça. Messi se dolía de la pierna derecha y ya no era el talento explosivo del primer tiempo. El Madrid dejó de temblar y puso una marcha más para presentar su candidatura al empate. Pero poco a poco los de Valverde fueron recuperando su entereza, aunque el partido estaba demasiado roto, y con demasiado intercambio de golpes para lo que realmente les interesaba.

Lo visto en el primer tiempo da esperanza para la Champions pero lo visto en el segundo recordó que el peor enemigo del Barça son sus fantasmas. Se apreció la recuperación de tono y de espíritu, pero también que no está suficientemente consolidada. Con partidos así -demasiado a merced de cualquier accidente desgraciado- te acaban echando de Europa en semifinales, o hasta en cuartos. El Barça recuperó la luz pero le falta control, consistencia, continuidad en las posesiones cuando es el momento de mecer el partido y no de precipitarlo, y sobre todo dejar de perder balones absurdos.

Más en lo concreto, cuando tengamos un momento, a Coutinho hay que venderlo.

Salvador SostresSalvador SostresArticulista de OpiniónSalvador Sostres