La Liga

Peter Lim provoca otro seísmo en el Valencia

estituye a Marcelino tras solo tres jornadas y se enfrenta a su mayor cisma con la afición ché

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Es casi un proceso cíclico. Un virus que se propaga por las inmediaciones de Mestalla cada cierto tiempo alterando los biorritmos de una ciudad entera. Se llama capacidad de autodestrucción, el arte de generar problemas allí donde no ha de haberlos. En el Valencia es algo innato.

Peter Lim, aunque foráneo, también ha sucumbido al embrujo ché de los tiros en el pie. El martes, Anil Murthy, presidente del consejo de administración del Valencia y responsable de rendir cuentas al máximo accionista, recibió una llamada de su jefe en la que le exhortaba a viajar de urgencia a Singapur para comunicarle su última y drástica decisión: luz verde para cortar la cabeza, de forma metafórica, a Marcelino García Toral.

Dicho y hecho, Murthy regresaba a Valencia dispuesto a ejecutar una orden que se hacía efectiva a primera hora de la tarde de ayer, una vez se tuvo cerrado a Albert Celades como sustituto. El técnico que metió al Valencia en Champions por dos veces y que le llevó a ganar la Copa del Rey el año pasado ante el todopoderoso Barcelona era fulminado por sus desavenencias con el mandamás del club.

El origen de este descomunal destrozo se encuentra en el mes de julio, cuando Lim decide meter mano en la confección de la plantilla pasando por encima de Marcelino y de Mateo Alemany, director deportivo del club y máximo valedor del técnico asturiano. Entonces ya estuvo cerca de saltar todo por los aires, aunque la situación se recondujo sin daños físicos ni materiales. Con todo, el club estaba lejos de ser una balsa de aceite. El desapego de la masa social con Lim y su apoyo al entrenador se hicieron más que evidentes con el inicio de la temporada. En el cierre del mercado de fichajes, el pasado 2 de septiembre, volvió el rencor entre las dos facciones. Marcelino criticó con vehemencia la salida de Rodrigo rumbo al Atlético, después malograda, y también la falta de ambición para quedarse con la cesión de Rafinha, que acabó en el Celta. Dijo que la plantilla estaba coja. Lim ha estado unos días digiriendo esos ataques para concluir que no quiere tener más asuntos que tratar con el asturiano, destituido después de solo tres jornadas de Liga y con el Barça y el Chelsea esperando a la vuelta de la esquina. Ni para eso ha tenido tacto el magnate, que ha esperado a que terminara el parón de selecciones para tomar una solución que también le estalla en la cara al nuevo técnico.

Ningún cariño

Lim se convirtió en el dueño del Valencia en el verano de 2014. Su afición por el fútbol le llevó a aceptar el consejo de su gran amigo Jorge Mendes de pujar por el conjunto ché, sumido entonces en otra de sus recurrentes crisis institucionales, económicas y deportivas producto de una de esas habituales guerras intestinas entre directivos. Cinco años después, sigue sin ser querido en Valencia, a donde solo acude en contadas y especiales ocasiones. Kim, la hija del multimillonario, ha llegado a enfrentarse a los aficionados por esa falta de cariño hacia su padre.

La llegada de Alemany y Marcelino había puesto un poco de cordura a la desastrosa planificación deportiva llevada hasta entonces, plagada de experimentos fallidos (Nuno, Neville, Ayestarán, Prandelli...). Ahora, la segura marcha del técnico, y la probable del director deportivo, sumen al conjunto valenciano en una profunda crisis de incalculables consecuencias.