El ocaso se tiñe de oro para el gran Maldini

Los dos Paolos, el del Milán y Montero, dos ilustres del fútbol mundial, rivalizaron con estilos distintos para aprovechar lo que podía ser su última oportunidad de llegar a la cimaParecía que hasta el mítico Old Trafford se inclinaba respetuoso ante la salida al campo del gran capitán, el futbolista más ilustre que aún pulula por los campos del mundo: el gran Paolo Maldini (34 años). En las otras filas, acerado, oscuro, hermético tras su sempiterna barba cerrada, Mickey Rourke de lujo, otro veterano, Paolo Montero (31), desfilaba sin tanta orfebrería, con menos luces, pero con el ceño del oficio dibujado en el rostro, presto y dispuesto a todo.Los dos Paolos se enfrentaban en busca de lo que quizás era su última oportunidad de volver a sentir una alegría inigualable: la conquista de la Liga de Campeones. Y el desarrollo inicial fue muy distinto. Aunque ambos estaban fuera de su posición natural: Maldini de central izquierdo en vez de lateral zurdo y Montero al contrario, en el costado izquierdo en vez de su puesto normal de central, el milanista se adaptó mejor, sobre todo porque lleva más tiempo en esa demarcación y ya se desenvuelve como pez en el agua. Con un gran Nesta al lado, Maldini apenas pasó apuros para controlar al menguado ataque juventino.Todo lo contrario que Montero, que sufrió una enormidad pegado a la cal. Ancelotti le colocó a Shevchenko en los primeros minutos y la velocidad del ucraniano le puso en muchos apuros. Totalmente descolocado, el uruguayo salía a posiciones comprometidas mal y a destiempo, y era superado por la avalancha milanista, que cargó el juego por ese lado. Afortunadamente para Lippi, Ancelotti cambió de banda a Shevchenko y metió a Seedorf, menos rápido, por aquella banda. Respiró el uruguayo y mucho más cuando se lesionó Tudor (minuto 40) y entró Birindelli pasando él al centro. Su mejoría fue instantánea pues en la primera jugada se cruzó oportuno a un balón que ya iba a rematar Shevchenko.También en la salida hubo variaciones. Maldini realizaba buenas aperturas mientras que Montero erraba más de un pase y comprometía a los suyos. Uno de estos fallos estuvo a punto de acabar en gol, pero Buffon intervino.La guinda perdidaIncluso en el minuto 15 Maldini pudo poner la guinda a su carrera con un cabezazo franco que se le fue por poco. Montero, mientras, apretaba los dientes y se anclaba en su hábitat natural: el del sufrimiento defensivo, que es donde mejor se desenvuelve. Respiraba el uruguayo con agallas más naturales en el centro de la defensa.Aún así, el suramericano pasó más apuros que el milanista. Agarrando, corriendo el riesgo de penalti, chocando o como fuera, intentaba imponerse a Inzaghi o Sevchenko. A Maldini, con anticipación y buena colocación, no le hacía falta recurrir al músculo para imponer su ley. Al final, Montero falló su penalti y el triunfo sonrió al príncipe y no al obrero.

TEXTO: JOSÉ MANUEL CUÉLLAR
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