Fútbol

La miseria del jugador que revolucionó el fútbol

Jean Marc Bosman consiguió en los tribunales la libre circulación de futbolistas en Europa y hoy no tiene trabajo con 52 años

Actualizado:

La mayoría de los futbolistas que hoy reclaman salarios millonarios en los despachos, los que propagan el credo de que «juegan donde quieren», desconocen que sus voluminosas cuentas corrientes y alguna offshore en paraísos perdidos provienen de un tipo de 52 años, orondo en las formas, de calva incipiente y modesto vestuario sin tatuajes en los brazos. Un exfutbolista belga, Jean Marc Bosman, que ha vivido su éxito en los tribunales de justicia sobre los prebostes del fútbol, Blatter o Platini, entre el desinterés y un cierto grado de miseria. Bosman cambió las reglas del fútbol, permitió la libre circulación de jugadores en la Unión Europea, derribó todos los aranceles y, 22 años después de aquella sentencia histórica, vive de la misericordia de un sindicato de jugadores -570 euros al mes- mientras intenta encontrar un trabajo.

Bosman ejercía su profesión en el Lieja hasta que, en 1990, el club le envió una carta comunicándole una bajada de sueldo del 25 por ciento. El futbolista se negó a aceptar las nuevas condiciones y pidió permiso para marcharse al Dunkerke, a lo que el Lieja se negó pese a que había terminado el contrato. Durante cinco años mantuvo una batalla legal hasta que el 15 de diciembre de 1995 el Tribunal Europeo de Justicia le dio la razón. Los futbolistas eran libres para abandonar un club cuando terminaba su vinculación laboral. Bosman había derribado los derechos de retención. Desde entonces, las estrellas del balón no necesitan la autorización de sus entidades deportivas para negociar contratos futuros y decidir su destino.

La ley Bosman cambió el modelo del fútbol y disparó el valor de los jugadores, que se han beneficiado de un mercado libre. Mientras los demás se llenaban los bolsillos, concluía la carrera deportiva de Bosman y éste se acercaba a la ruina.

280.000 euros

El exjugador insinuó en una entrevista en la BBC que su abogado, el célebre Jean Louis Dupont, recibió una potente comisión de la UEFA por convencerle para firmar una renuncia a seguir la batalla en los tribunales. Bosman se llevó 280.000 euros, de los que, según dice, ya no queda ni rastro. «Todos los clubes me rechazaron, me convertí en una persona non grata. Sufrí el boicot del fútbol. Para mí fue una catástrofe». Bosman, hijo de un minero belga, se despeñó por un sumidero, héroe para unos y víctima para sí mismo. Tuvo problemas con el alcohol, cayó en la bancarrota y estuvo en la cárcel por un episodio de violencia doméstica. Pero lo que más le dolió, según cuenta, es la ingratitud del fútbol. «La mayoría de los futbolistas no saben por qué tienen tanto dinero y no han reconocido lo que hice. Hubo un muchacho que combatió contra el sistema en los tribunales durante cinco años».

Solo la selección de Holanda tuvo un gesto con el agitador del mercado. Los hermanos De Boer, Van der Saar, Seedorf y demás estrellas le entregaron su prima por ganar un partido amistoso contra Bélgica.

Cárcel, alcoholismo, ruina... Veinte años después de su victoria en la justicia, Bosman no tiene trabajo. Recibe una modesta compensación de FIFPro, el sindicato internacional de futbolistas: 570 euros al mes. Una minucia para quien reventó el mercado e hizo millonarios a sus colegas. «Tengo dos hijos, de cinco y siete años. Cuando dentro de veinte años, ya no esté aquí, y ellos vean una foto de su padre, será luminosa, sobre un fondo blanco. Cuando los herederos de Platini y Blatter hagan lo mismo, será un fondo ocre. Yo he hecho el bien, no daño».