Fútbol

VAR, el mejor antídoto contra los piscinazos

Los árbitros se declaran satisfechos con el vídeo porque ha reducido las protestas y en un 75 por ciento las simulaciones de los futbolistas

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Protestan los clubes ante el eterno saco de los golpes en el fútbol, se quejan los jugadores al final de cada partido por tal o cual lance, pero la realidad se mueve tozuda lejos de esa órbita eterna de llantos, lamentos y lloriqueos cuando los resultados no llegan. La implantación del VAR, el ojo que todo lo ve, ha reducido las protestas en el campo en un 9,40 por ciento (117 en la primera vuelta de la Liga 2017 por 106 en el mismo tramo) y ha suprimido el hábito por la simulación y los «piscinazos» de los futbolistas que se desvanecían por un soplo de aire. 12 en 2017, solo 3 en 2018, un 75% menos. Entre todos los datos que presentó ayer Carlos Velasco Carballo, presidente de los árbitros, éste es el más expansivo en la diferencia de una temporada a otra.

Carlos Velasco Carballo fue árbitro de primera división durante doce temporadas. Lleva treinta años dirigiendo partidos y, según dice, ha acostumbrado el cuerpo y la mente a la crítica. «Lo acepto como parte de mi trabajo», resume. En una comparecencia no apta para forofos, pedagógica y con pretensiones de transparencia, explicó las vicisitudes del VAR en sus cinco primeros meses de vida en España. Y se declaró satisfecho.

Según el informe arbitral, bien documentado y argumentado ante los medios, el VAR interviene una vez cada 3,22 partidos, una media que no ha variado sustancialmente en las últimas jornadas, cuando se especuló con la posibilidad de un receso en el uso del vídeo ante la presunta profusión de errores.

Los colegiados han revisado la pantalla en el campo de juego en 59 ocasiones: 30 en situaciones de gol dudoso, 20 en penaltis, 6 en tarjetas rojas directas y tres por confusión de identidad. Son los cuatro supuestos que estableció la International Board, el reglamento mundial que rige el juego. De las 59 revisiones, 26 fueron revisadas por el árbitro a pie campo y 33 recomendadas por la sala de VAR.

«Con este sistema se chequean todas las jugadas, quiero aclararlo para que no haya dudas», aseguró Velasco Carballo. Durante la primera ronda del campeonato hubo 2.280 situaciones que juego que se analizaron por los asistentes del VARen la sala de vídeo, lo que ha supuesto una media de intervención de 12 chequeos por cada partido disputado.

Velasco explicó que se han corregido 58 errores, lo que ha supuesto una revisión del 6,23 por ciento de goles. En las decisiones arbitrales de penaltis sobre 397 incidentes hubo un 98,24% de acierto según el sanedrín del CTA, compuesto por cinco excolegiados que se comunican por un grupo de whatsapp. Hubo un 1,76% de error y el VAR intervino en un 4,79% de ellas.

El tino en lo relativo a tarjetas amarillas fue de un 97,85 por ciento, con un porcentaje de error de 2,15. En las señalizaciones del fuera de juego el acierto fue del 94,64 por ciento, el error de un 5,36 por ciento y el balance de intervención del VAR fue del 1,11 por ciento.

Fluidez del juego

Uno de los criterios esgrimidos por los críticos del VAR es que se perdía fluidez en el juego al tener que detenerlo para su revisión. Los árbitros, que no han comparecido durante casi treinta años de mandato con Villar y ahora dan una rueda de prensa cada dos meses, se agarran a los números para ofrecer argumentos. «Hemos preservado la esencia del juego», dijo Velasco Carballo. Según él, tiempo medio de parón cuando se avisa al árbitro de una duda es de 69 segundos. Cuando la incidencia requiere revisión en el monitor del campo, la interrupción se alarga a 115 segundos.

En búsqueda de un constante auditoría interna, Velasco Carballo explicó que los árbitros analizan sus actuaciones y rellenan un ficha de autocrítica después de cada partido que dirigen.

«La International Board consideró que el VAR es el cambio más importante en la historia del fútbol y en España ha sido tremendamente rápido y positivo. Todo lo que estamos viviendo obedece a una normalidad. En Italia hubo manifestaciones y en Alemania lo querían suprimir».