Marea roja en el Tirol

POR I. ORIOENVIADO ESPECIALINNSBRUCK. Había cierta sensación de frialdad en Innsbruck y en sus localidades cercanas en los días previos al debut de España en esta Eurocopa. Sí, se veían grupos

POR I. ORIO. ENVIADO ESPECIAL INNSBRUCK
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Había cierta sensación de frialdad en Innsbruck y en sus localidades cercanas en los días previos al debut de España en esta Eurocopa. Sí, se veían grupos desperdigados de aficionados de la «roja» en el centro de la capital del Tirol, pero todavía no había ese clima único propio de las grandes competiciones. Pero ayer se demostró que era un paisaje ficticio. Los seguidores habían calentado motores y ayer, en medio de un tremendo bochorno que luego derivó en aguaceros tormentosos, los hinchas de la selección lo dieron todo en las principales calles de Innsbruck, una fiesta del fútbol, y en los aledaños del Tivoli Neu. Dentro del estadio, controlado con unas fuertes medidas de seguidad, no pararon de animar ni un solo instante.

Parecía un partido de Liga

En realidad parecía un partido de la Liga española. Era a una buena hora, las seis de la tarde, y los entusiastas de la «roja» se prepararon para él como es debido: ilusión y bocadillo de embutido del bueno. Traído de España, por supuesto. Había banderas de Burgos, Elche, Almería, Salamanca, Soria...

Cómo bailaban en los prolegómenos del partido con la música que sonó por los altavoces del campo. Y cómo estallaron al unísono cuando Casillas salió a calentar y saludó desde el césped a la tribuna mayoritariamente española.

Cuando los rusos empezaron a animar a los suyos, la marea roja consiguió acallarles con el «¡A por ellos!». El ambiente era ya impresionante, y eso que no dejaba de llover. Y es que los españoles se prepararon a conciencia para, a viva voz, cantar de carrerilla la alineación de Aragonés.

Lo que no esperaban es que durante el partido iban a estallar hasta en cuatro ocasiones para celebrar los goles de la selección. Qué necesitados estaban los aficionados de una victoria holgada como la de ayer. Sólo había que ver sus caras al término del choque. Enfilaron hacia el centro de Innsbruck, que convirtieron en una fiesta. Que el ritmo no pare.