Marcos Alonso, en Las Rozas con la selección española
Marcos Alonso, en Las Rozas con la selección española - EFE

Alemania-EspañaMarcos Alonso, el nombre eterno de la selección

Abuelo, padre y ahora hijo forman parte de una saga exclusiva en la élite del fútbol español

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En su bautismo con España, algo tardío porque el muchacho ya tiene 27 años, Marcos Alonso Mendoza asumió el protagonismo con naturalidad y fue el encargado, junto a otro debutante como Rodri, de atender a los medios en un martes de viento y frío en Las Rozas, todavía tranquila en esta concentración de amistosos pata negra. Primero, el viernes, toca Alemania en Dusseldorf, visita a la campeona del mundo en un duelo de alto voltaje. El martes 27, en el Wanda, llega la Argentina de Leo Messi, otro examen de nivel para que la selección sepa, más o menos, por dónde van los tiros y en qué posición está. Son, pues, las últimas pruebas antes de Rusia y a ellas acude Marcos Alonso con una sonrisa de oreja a oreja, encantado con su presente y entusiasmado con el futuro mientras todo el mundo le habla del pasado. Porque él está ahora donde estuvo antes su abuelo, el célebre Marquitos (Marcos Alonso Imaz), y su padre (Marcos Alonso Peña), del que hereda el mismo nombre artístico. Tres generaciones de peloteros excelentes vistiendo la camiseta del combinado nacional, un caso nunca visto.

¿Quién es el mejor?

«La verdad es que he visto poco de ellos, porque de aquellos tiempos no hay muchas imágenes, sobre todo de la época de mi abuelo, así que no sé quién es el mejor de los tres, lo dejo a los mayores, que ellos habrán visto un poco de los tres», responde con diplomacia el Marcos Alonso de ahora, que en realidad es un semidesconocido para el aficionado español porque toda su historia, o casi toda, se escribe más allá de la frontera. Se fogueó en la cantera del Madrid (antes estuvo en el Alcobendas y en el Adarve) y llegó a debutar con Pellegrini en el primer equipo, pero, con cierta lógica a esas edades, le faltó algo de paciencia y se fue al fútbol inglés, al Bolton. Vistió la camiseta de la Fiorentina, regresó a Inglaterra para jugar en el Sunderland y volvió a Italia, otra vez a la Fiorentina. Lo hizo muy bien y el Chelsea se gastó 27 millones para contratarle en el verano de 2016. Desde entonces, no ha parado de crecer.

La españolía, tan de modas, se enganchó a este futbolista en función de los videos de las mejores jugadas de la Premier y se reclamaba su nombre en cada lista de Julen Lopetegui, que fue precisamente quien le hizo debutar en el Castillo. Pero nunca sonaba Marcos Alonso hasta que, por fin, llegó el día, que fue el pasado viernes. «Retrasada o no la llamada, lo importante es que estoy aquí», expuso ayer sin querer polemizar, agarrado a un discurso prudente para no desentonar. «Intentaba darle la menor importancia. Mi labor era hacer las cosas bien en el Chelsea y estar concentrado en los objetivos del equipo. Llegó la llamada como una sorpresa y un premio a los últimos años. Y estoy con muchas ganas».

Le llegó un aluvión de mensajes cuando se hizo oficial su convocatoria, que trastocó sus planes realmente porque tenía pensado cogerse unos días e ir a visitar a su familia. Su padre, con quien mantiene trato casi a diario,  se enteró antes que él y presume de hijo y de apellido, pues lo que ha sucedido con esta saga es de una exclusividad asombrosa.

En el horizonte, no tan lejos, está Rusia, la opción de estar en un Mundial. «Es una oportunidad para demostrar y para adaptarme rápidamente al juego del equipo y poder contar para la selección española más veces». Es una bala y tiene una zurda estupenda, defensa de área a área y con una relación muy cordial con el gol. Ya van seis en la Premier en los 28 encuentros que ha disputado, nada mal para un defensa que dignifica el nombre eterno de la selección: Marcos Alonso.