El Madrid se empapa de puro miedo
Ramos, desesperado después de que le expulsaran por protestar - AFP
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El Madrid se empapa de puro miedo

El Barcelona se acerca a seis puntos después de un mal partido de los blancos, que salieron con trivote

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El asunto es este: primer tropiezo y puesta inmediata de dodotis. Mucho canguelo en el banquillo madridista, que recurrió al caparazón con el que Mou se siente más seguro, cuando en realidad es todo lo contrario. Primero se cargó a Granero y esta vez se cargó a Kaká. El técnico blanco metió un trivote y aquello más que un trivote fue un pitote. Sucede que cuando haces esas cosas mandas un mensaje a los tuyos: mensaje de miedo, de mucho miedo, de temor a que los del noreste se pongan a cinco y pavor a que lo que estaba ganado ya no lo esté. [Así hemos contado el partido]

Así que el Madrid recurrió al trivote en el partido que menos lo necesitaba y que más requería jugones y fútbol por las bandas. Pero lo que tuvo fue un equipo muy cerrado enfrente, sin arte ni fantasía para abrir esa caja cerrada pues con un trivote no había fútbol suficiente ante un Villarreal bien plantado, sacrificado y con orden. Y con contragolpe además, muy peligroso porque los laterales, obligados a subir, dejando en cueros a los centrales, que las pasaron moradas.

El Madrid apretaba y el Villarreal le daba con todo. Suerte para los blancos que tienen a Casillas, que frenó a los amarillos en momentos puntuales, mientras los de Mou intentaban contragolpear o crear algo de juego sin futbolistas para hacerlo. El luso, todo hay que decirlo, vio el error muy pronto. Tan pronto que a la media hora, treinta minutos regalados, rectificó. Retiró a Lass y metió a Callejón en el campo. Casi inmediatamente, obligado, el Villarreal dio un paso atrás, y el Madrid uno adelante. Ya no salieron los castellonenses, muy presionados, pero tampoco el Madrid, ansioso, nervioso, descentrado y mal colocado, consiguió abrir la caja.

Cerca del descanso todo eran ceños fruncidos, golpes a destiempo, intentos vanos de entrar sin un plan preconcebido, pero con todas las armas aún en alto.

En el Madrid, con tanto descontrol, casi nadie había aparecido: Ozil desconectado, Benzema desaparecido, Xabi Alonso tapado por los suyos propios y todo el equipo con un descontrol evidente propiciado por un cambio de esquema brusco y a deshora, sin venir a cuento, por el miedo propiciado ante la cercanía del eterno rival. Y en medio, dos claros penaltis en el área blanca que van a dar lugar a seguir con la pesadez de la polémica arbitral. «Que no, que tú más, que a ti te pitan, que a mí no». Las bobadas de siempre, en vez de fijarse en el juego.

Poco cambió en el descanso. El Madrid estaba totalmente desfigurado, con muchos nervios, sin elaborar muy incomodo en el partido.

Descorche alemán

El Villarreal se lo puso difícil. Tapó huecos y vías de agua por todos lados, muy concienciado en las marcas y haciendo del partido un galimatías indescifrable para los blancos, que cada vez estaban más nerviosos. Atacaba el Real a impulsos, a fuerza bruta, pero sin ideas ni la serenidad suficiente para resolver el crucigrama. Así estaba todo, cerrado, hasta que llegó Ozil, hizo una pared genial de tacón y dejó solo a CR, que no perdonó. Todo parecía listo pero una falta de Senna, con fallo de Casillas, puso al Madrid en su sitio: el del miedo.