Luis Enrique dirgiendo un entrenamiento como nuevo seleccionador de España - Vídeo: Saúl: «Este verano le di muchas vueltas a lo de no jugar el Mundial»

Selección españolaLuis Enrique convence a sus críticos

El seleccionador, conciliador y amable hasta la fecha, se gana el respeto en sus primeros días en el cargo. Más allá del juego, transmite energía al equipo

MadridActualizado:

España, al menos hasta la fecha, se recompone satisfactoriamente de las heridas del pasado, sin recaer en vicios que le llevaron a perder todo el prestigio y entregada a la nueva disciplina que se ja impuesto en la caseta. En realidad, que nadie se llevo a engaño, no hay más que una serie de normas básicas que se imponen en toda sociedad, pero hay cierto interés colectivo en hacer las cosas bien de una vez por todas después de tres decepciones consecutivas (Brasil, Francia y Rusia). Para ser justos en el reparto de estrellitas, el que más merece es Luis Enrique, un entrenador que tenía al personal atemorizado por sus formas y por su escaso don de gentes y al que no se le puede reprochar casi nada en estos primeros días al frente de la nave. España triunfó en Wembley y el asturiano ya ha ganado, más allá del partido, su primer asalto.

Se ha instalado en Las Rozas un estado de optimismo moderado en donde nadie tiene una palabra de más. Hay cierta sorpresa por la actitud del entrenador, básicamente porque no tiene nada que ver con el tono agrio y hasta a veces desagradable que empleó cuando dirigía al Barcelona. «Ya saltará algún día, seguro», se escucha una y otra vez. Y probablemente será así, pues no es de los que se esconde si algo no le gusta, el primero en reconocer que tiene una personalidad fuerte, aunque él lo ve como algo positivo. De momento, ni un pero en el trato con los jugadores, que es lo que realmente importa, y nada que objetar en sus apariciones ante los medios. Más bien todo lo contrario.

Acostumbrados en los dos últimos años, en la era de Lopetegui, a un discurso escaso de contenido y sin grandes titulares, Luis Enrique ha pasado a ser un soplo de aire fresco en ese sentido. Habla de fútbol, y muy bien, cuando se le requiere, defiende a sus chicos a capa y espada y justifica sus normas con una naturalidad que no admite debates. Se le espera, porque hay muchos sectores que no casan con él, pero su compromiso está fuera de toda duda. Ni siquiera los madridistas le podrán tachar de «anti» (ha llevado a seis jugadores del club blanco, por solo dos del Barcelona) ni nadie podrá negar su españolía por mucho que se recurra a reflexiones que en su día pronunció sobre Cataluña y su sentimiento, que las hizo.

Hasta Sergio Ramos

En la Federación se afanan en vender a un personaje insaciable en el día a día, que tiene a todos firmes y cuyo aterrizaje ha servido para poner orden y enderezar el rumbo. «Le tendríais que ver en el trato personal, está siempre de bromas y vacilando, aunque se pone serio cuando toca», repiten los trabajadores, a los que se les concede el beneficio de la duda ya que no hay opción alguna de comprobarlo. Porque en eso sí que Luis Enrique no cambia, hermético y celoso de la privacidad hasta el punto de no conceder ni 15 minutos a los medios para poder seguir los entrenamientos. Solo el primero fue en abierto al público y también concedió ese privilegio en la víspera del duelo ante Inglaterra, con la selección entrenándose en Wembley a un palmo de los periodistas.

Están luego los futbolistas, encantados, o al menos eso dicen, en estos primeros días de contacto. Hasta Sergio Ramos, del que se dudaba porque dos gallos no conviven del todo bien en el mismo corral, habla maravillas del gijonés y acata sus órdenes como capitán, aunque espera ganar algo de terreno y hacerse notar. «Ahora toca desayunar, pero luego ya veremos», bromeó en la zona mixta de Londres cuando se le cuestionó por ese manual de convivencia y por la obligación de bajar por la mañana y compartir mesa y mantel. Para los que no lo saben, Ramos no tiene por norma desayunar y era de los que alargaba en su habitación mientras el resto apuraba el café y las tostadas.

Hay unanimidad también en lo deportivo. Es demasiado pronto para extraer una conclusión definitiva sobre el rumbo de esta nueva España, pero gustó lo que se vio ante Inglaterra, con el equipo más vertical y presionando por todo el campo. Faltan ajustes, solo faltaría, pero la crítica es positiva en casi su totalidad. Habrá quien prefiera a un jugador o al otro, eso siempre ha pasado, pero el seleccionador se ha llevado un aprobado con nota en todas las valoraciones y ya puede presumir de haber triunfado en su debut y en un templo como el de Wembley, que no es poca cosa por mucho que el conjunto británico esté lejos de ser una potencia.

Cosas de entrenador

Así, España se planta en Elche (vuelo directo desde Londres sin pasar por Madrid, otra medida aplaudida por todos) para medirse mañana a Crocia en la segunda entrega de la Liga de las Naciones y hay ganas de ver si la evolución es la correcta. Claro que Luis Enrique tiene cosas que solo los entrenadores entiende, como darle la titularidad a Aspas cuando estaba descartado en la lista inicial o utilizar a Íñigo Martínez en los últimos minutos cuando llevaba desde mayo sin jugar, pero de momento gana crédito. España, aunque todavía no haya que volverse locos, alza el vuelo después de tocar fondo. Lo necesitaba.