Trezeguet, en el centro de la piña juventina celebrando un gol. AP

El Juventus le pinta la cara a una Real disfrazada por Denoueix

ALBERTO CERRUTI
Actualizado:

TURÍN. Estas cosas suelen pasar sobre todo si se tiene en cuenta esa máxima de que lo que funciona mejor es dejarlo como está. A la Real le fue de maravilla con su sistema de siempre y con sus hombres de siempre, pero ayer a Denoueix le dio un aire o a saber qué y lo cambió todo. Dejó en el banquillo a Rekarte, Aranburu, De Pedro y... Nihat, casi medio equipo titular. Y no contento con eso varió el sistema que pasó del 4-2-3-1 habitual a un 4-1-4-1 con muchos hombres fuera de su demarcación: Lee Chun Soon en la derecha y Karpin y Alkiza en el centro arriba. Un lío que la Juventus aprovechó al minuto dos con una mala salida al fuera de juego de la zaga que aprovechó Trezeguet, al límite de la ilegalidad, para regatear a Westerveld y poner el uno a cero en el marcador.

Pero aunque no hubiera marcado, el mal para los españoles estaba hecho desde el principio, un pase cruzado de Nedved a Di Vaio pilló descolocada a la zaga donostiarra, recortó el delantero y la puso al segundo palo donde no pudo llegar Westerveld.

La trampa de siempre

Intentó levantarse la Real, y lo hizo con pesadez y escasos argumentos. Pareció que respiraba, pero era porque los italianos empezaron a ser... italianos. Se echaron unos metros atrás para atraer a su presa y al poco ya estaban saliendo al contragolpe para generar ocasión tras ocasión mientras los visitantes se enredaban una y otra vez en la segura malla tejida atrás por los de Marcello Lippi.

Más cerca, mucho más cerca, estuvo el tercero del Juventus que el primero de la Real, que apenas creó alguna ocasión, una falta directa de Gabilondo que sacó Buffon con facilidad y un balón muerto al que no reaccionó con rapidez Kovacevic. Un desastre.

Los últimos minutos del primer periodo fueron una pesadilla para los españoles, que pudieron recibir una goleada de escándalo a poco que hubieran estado acertados los italianos en los últimos metros. Camoranesi tuvo dos ocasiones y Westerveld hizo un paradón a un remate de Trezeguet antes de que Di Vaio marcase el tercero en el último suspiro. Perdió Xabi Alonso el balón en la medular propia, se lo llevó Zambrotta que se fue hasta la raya y su centro lo cabeceó con habilidad Di Vaio para sentenciar el partido.

El Juve, que necesita muy poco para complicarte cualquier encuentro, se encontró muy cómodo en la segunda mitad a pesar de que la Real lo intentaba, pero sin dar buenas sensaciones, muy inferior siempre al equipo italiano que siguió creando las mejores ocsiones de gol.

Una cosa es cierta, la Real maquilló el partido con una actitud encomiable y un acoso tan continuo como inútil porque al contragolpe marcó el cuatro Trezeguet en gran pase de Nedved. Arregló las cosas la Real un poco cuando Denoueix dio entrada a Nihat y De Pedro. Marcó primero Tudor en propia meta tras un centro de Gabilondo y De Pedro metió en la red una falta hecha a Nihat, pero ya no hubo para más.