El irreductible galo

Enrique Ortego
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Bruno Metsu, 48 años, melena al viento, ropa de sport, entró ayer en la historia de Francia... y de Senegal. Y lo ha hecho con ruido, más del que hizo como jugador -medio defensivo- en el Valenciennes, Lille, Niza, Roubaix, Montferrand y Beauvais o como técnico del propio Beauvais, Lille, Valenciennes, Sedan, Valence... antes de aceptar la oferta de Guinea en junio de 2000. Tres meses largos en el cargo y tres partidos. La experiencia africana le apasiona y en noviembre dice sí a Senegal.

Le llevó por primera vez a la final de la Copa de África. Le guió por primera vez a la fase final de un Mundial. Y ayer reventó a Francia. «La primera vez que pise ese continente fue en 2000 para la Copa de África. Tuve una especie de visión interna. Fue algo místico. África es enriquecedora a nivel del contacto humano. Todo no es perfecto, pero existe una solidaridad, vives en comunidad. A mí me gusta vivir con las gentes... y mi equipo son mis gentes».

Ha puesto su rigor europeo al servicio de la mentalidad africana. Ahora Senegal es una selección competente, con grandes individualidades, pero con equilibrio táctico. «Ha sido lo más difícil. Hacerles trabajar y darles la libertad que necesitan. Sin una mentalidad abierta no hubiéramos obtenido estos resultados».