FIEBRE COREANA POR EL FÚTBOL. Cualquier sitio es bueno para descansar mientras se esperan las grandes colas que hay en los estadios para ver algún partido del Mundial. Ni el calor sofocante ni las horas interminables de espera bajan la moral a los miles d

Intemission

Por JOSÉ LUIS GARCI
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El domingo nueve de junio ha amanecido en Madrid muy despacio, como si un electricista fuera graduando la luz con un reostator sin ninguna prisa. Una luz cereza apenas iluminaba mi salón cuando Lennox reventaba a Tyson con un derechazo tremendo, en Memphis, Tennessee. Este Tyson de 35 años, con kilos de más, lento de movimientos, sin reflejos, apenas recuerda aquel boxeador agresivo que yo vi en Las Vegas varias veces derrotar a sus contendientes sólo con su mirada asesina. Al minuto, los aspirantes ya estaban en el «piso», que es como los expertos llaman a la lona. Tyson vencía a sus rivales, tanto por la potencia de sus puños, como por la intensidad de su odio. Ahora es un boxeador triste. Cuando Lennox ha salido de su vestuario, al ritmo de Bob Marley, camino del ring, muy concentrado y sereno, se explicaba uno por qué las apuestas estaban a su favor. No le ha dado ninguna posibilidad al que fuera «Hombre de hierro». Con mayor envergadura y peso, más rápido también, y, claro, en posesión de una técnica que jamás tuvo Tyson, el -por lo menos antes- «cobardón» Champ, ha marcado siempre el compás de cada asalto, y ha terminado la pelea justo cuando ha querido. Se hablaba de otro combate del siglo. Del siglo XXI. Pero nada nos ha hecho recordar -y para no irnos muy atrás- el Ali-Foreman de 1974 o el Ali-Frazier del siguiente año, o el «Sugar» Leonard-Thomas Hearns de 1981. Creo que sólo Manolo Alcántara -el mejor cronista de boxeo que he conocido, y no me olvido de Budd Schulberg, Ring Lardner o Red Smith-, únicamente Manolo, digo, podría regalarnos, desde su Rincón de la Victoria, junto al mar, el Réquiem por el peso pesado más controvertido de la historia del box; con la emocionante piedad y el respeto con que siempre ha tratado Manuel los juguetes rotos.

El sábado tenía que haber ido a los toros. No soy nada aficionado, pero «mi» torero, Luis Francisco Esplá, se enfrentaba, una vez más, con los «vitorinos». A punto de salir para Las Ventas, me han recordado que tenía que ir a la Feria del Libro a firmar ejemplares de «Beber de cine». He compartido caseta -la de la Librería Ocho y Medio- con Eduardo Torres-Dulce, que no ha parado de estampar su firma en «Armas, mujeres y relojes suizos», uno de los textos más brillantes y amenos que se han escrito sobre las películas de nuestra vida.

Quiero decir que con tanto lío de toros, Memphis, libros, Corea, cuando esta mañana -sí, creo que «ésta» mañana- me he desmayado en el sillón para ver el Japón-Rusia, no estaba todo lo despierto que sugieren las buenas costumbres. Pero me ha parecido vislumbrar que Japón sigue creciendo. Lo cual no es extraño. Pues cuando los japoneses piensan en algo, ya no piensan en otra cosa. Los del Sol Naciente han jugado bien, han ganado su primer partido en un Mundial y Nakata, su estrella, me ha parecido un jugador irregular, con un buen disparo. Bueno, hay dos Nakatas. Yo me refiero al que juega en Italia, al que está casi tan bien pagado como Zidane. Aunque hoy el mejor de los nipones ha sido Inamoto. Los rusos, tan constantes, tan disciplinados, tan lentos en defensa, no han podido hacer nada para imponerse a un equipo que tiene la segunda fase como Mélies la luna, a un paso. Y encima, la maleta. Porque me voy. A Tokio. No para seguir el Campeonato -espero acercarme a Yokohama a ver algún encuentro-, sino por asuntos profesionales. Me han invitado a presentar mi película «El abuelo» en el Ginza Gas Hall. Todo mi vocabulario se reduce a Kurosawa, Sushi, Kimono, Toyota, Samurai, Toshiba, Bonsai, Karate, Judo, Geisha, Kabuki, Rashomon, Sumo, Tatami, Chip, Yen, Zen, Hyundai, ah, y Madame Butterfly. Así que no sé qué va a ser de mí. ¿Valdrá Ping Pong?

El vuelo No Fumadores de Lufthansa LH 2581, con transbordo en Frankfurt (donde espero coincidir con Maradona, que también mañana va para allá), destino Tokio Narita, me aguarda. Nos miramos la próxima semana. Sayonara.