El «hombre invisible» del fútbol español

POR EMILIO V. ESCUDERO | MADRID
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Nadie se acordó de él tras el 2-6 del pasado mes de mayo en el Santiago Bernabéu. Buena noticia. Sin duda, la mejor que puede esperar para un árbitro después de un partido con tanta trascendencia. La Liga quedaba resuelta sin polémica arbitral. Otro examen superado con nota. Algo a lo que Alberto Undiano Mallenco (Pamplona, 1973) se está comenzando a acostumbrar.

Tras la retirada de Megía Dávila y lejos de las excentricidades del vasco Iturralde o la altanería del asturiano Mejuto González, muchos le consideran ya como el mejor árbitro del panorama nacional. Nadie duda de su presencia el próximo verano en el Mundial de Suráfrica, un premio que se ha ganado con esfuerzo durante los casi diez años que lleva en la elite del fútbol español.

Lejos queda ya aquel partido del debut en Primera división -un Numancia-Oviedo con triunfo local- que el colegiado navarro dirigió con tan sólo 27 años. Un récord de precocidad que todavía ostenta y del que se siente muy orgulloso. Desde entonces, ha arbitrado 156 encuentros, entre los que destacan tres duelos entre Real Madrid y Barcelona. Aparte del mencionado 2-6, de infausto recuerdo para los madridistas, Undiano Mallenco estuvo presente en el 3-0 de la temporada 2004-05 -su primer clásico- y en el 3-3 de la 2006-07, ambos con el Camp Nou como escenario. Con él sobre el césped, el Barcelona no conoce la derrota en casa (6 victorias y 4 empates), mientras que el Real Madrid acumula 3 derrotas cuando es el navarro el que dirige sus partidos lejos del Santiago Bernabéu.

No le tiembla el pulso

Una estadística favorable a los azulgrana, cuyo balance con Undiano Mallenco como colegiado es bastante más positivo que el de los madridistas (12 triunfos, 10 empates y una sola derrota de los catalanes por las 13 victorias, 5 empates y 4 derrotas de los madrileños).

La buena noticia para los madridistas es que al colegiado navarro no le tiembla el pulso por culpa del ambiente. De hecho, en su haber hay más resultados positivos para los equipos visitantes (51 empates y 37 victorias, frente a los 68 triunfos locales).

Su fama de tarjetero se ha ido moderando con los años, aunque deberá mostrarse contundente si no quiere que el partido se le vaya de las manos a las primeras de cambio. Sabe que medio país le estará siguiendo con lupa, pero él sólo quiere volver a ser el «hombre invisible» del clásico.

Esa sería, de nuevo, la mejor noticia del partido. Que el juez haga justicia.