Manchester City-TottenhamGuardiola sucumbe a la tormenta

El VAR, decisivo con un gol anulado a Sterling en el tiempo añadido y otorgando el tanto final de Llorente

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No da un respiro esta Champions, huérfana ya de los caciques del último lustro, con permiso de Messi. Torcía el morro Guardiola cuando se le preguntaba por su condición de aspirante al trono: estaban demasiado tiernos. Los hechos dieron la razón al catalán, en un inicio de partido en el que la Premier más canónica se jugó con atrezo de Copa de Europa. Salió airoso el Tottenham no se sabe muy bien cómo: apenas amenazó en el segundo acto, se salvó una y otra vez, Kane estaba en vaqueros y se llevó la gloria Llorente. Un cuadro tan inopinado como a la altura de esta edición.

La tormenta llegó sin anunciarse, como una descarga en medio de la selva. De Bruyne percutió por la derecha y encontró a Sterling en la otra orilla. Alderweideld, que demostró no estar al tanto de los 21 goles que hasta ayer acumulaba el extremo, le regaló espacio y le facilitó el gol. Como si hubiera escuchado un toque de corneta salió el Tottenham. Se plantó en el área local y halló a Laporte, que cedió un rechace grosero a los pies del ejecutor de altura que es Son. Subidos ya a semejante ola de desenfreno, bajar la música parecía un gesto de mal gusto. Así fue que Son, con la diestra caliente, aprovechó que Laporte no estaba en la fiesta más que de cuerpo presente para anotar un gol soberbio: el surcoreano enfocó a la escuadra después de que el francés regalara la pelota con candidez. Conducción de Moura, balón a Eriksen y, en un parpadeo, Son estaba dinamitando la eliminatoria.

La noche estaba ya asentada en Mánchester y el fútbol mostrado no tenía definición posible. Presionaba el Tottenham para machacar a Gundogan con Lucas y Son, mientras el City se debatía entre saltar la presión y soñar y perder la pelota y darse al tembleque, con Laporte como epítome.

Bernardo, acostado en la derecha, recortó distancias, templó ánimos y llevó pelota y pensamientos al suelo. Lo entendió De Bruyne que, al alimón con el portugués, se plantó en esa zona desde donde sus centros combados son un caramelo tan dulce para compañeros como Sterling, que hizo el quinto gol en apenas veinte minutos, como amargo para zagas a las que no les queda más que echarse a rezar.

La hora del VAR

No se estilaban más ocasiones porque no había resuello que alimentase esos 44 pulmones. En cierta forma, fue como poner a Ali y a Foreman a pelear cinco asaltos consecutivos. De la paliza se fueron al rincón de pensar. Volvió el Tottenham con Llorente arriba, maltrecho Sissoko y desplazado Alli al doble pivote. La sensación era que todo lo que no pasara por los pies de Son daba un poco igual, y quizá así lo apreció Guardiola para apremiar a sus chicos. Lloris dijo «no» a dos intentonas con cáriz de puñaladas de Sterling y De Bruyne. Replicó Ederson en la otra orilla y Agüero fusiló en la siguiente. Todo celeste hasta que Llorente remató un córner con la cadera o la mano, lo dudó hasta el VAR.

Llegó el redoble de tambores con un gol de Sterling en el añadido, éxtasis diluido en la justicia del videoarbitraje, que dictó fuera de juego y dejó el proyecto de Guardiola ahogado en su tercer fracaso europeo consecutivo.