Fútbol

Futbolistas repudiados por su propia afición

El caso de Zozulya trae a la memoria otros parecidos y reabre el debate sobre el poder de los hinchas en ciertas decisiones de sus clubes

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Katidis y la selección de Grecia

A sus 20 años, Giorgos Katidis celebró un tanto con el AEK escenificando el saludo nazí. La selección nacional de su país le sancionó para siempre: «Ese gesto desafía el sentido común, es profundamente irrespetuoso para las víctimas de las atrocidades nazis», explicó entonces la Federación de fútbol helena. Ni el perdón posterior le salvó. Ahora juega en el Levadiakos.

Salva y el Celta

Cuando Abel Resino fichó como entrenador del Celta, Salva Ballesta iba de segundo, pero se quedó por el camino por la ira de la hinchada viguesa contra el exjugador: «Ya había salido de Málaga en dirección a Vigo, iba por Madrid y me llamó el presidente para decirme que no iba a poder ser porque un grupo minoritario de aficionados no estaba a favor, por temas políticos». Salva siempre mostró su amor hacia España, pero negó una y otra vez que eso le convirtiera en un radical: «No tengo ideas políticas fijas, ya lo he dicho mil veces. Soy español y moriré siendo español. Si llevas la bandera de España parece que eres ultra o yo qué sé».

Güiza y el Cádiz

«Soy xerecista y anticadista», pregonaba Dani Güiza siempre que podía, pero hace dos años el Cádiz llamó a su puerta y la afición gaditana no le recibió con rosas, precisamente: «Güiza muérete», le cantaban. En su presentación tuvo que agachar las orejas: «Lo primero que quiero es pedir perdón. He dicho muchas tonterías a lo largo de mi vida. He madurado bastante y sólo espero poder hacerlo lo mejor posible. Lo que me interesa ahora es aportar mi granito de arena y luchar por esta camiseta». Ahora juega en el UCAM de Murcia.

Lucarelli y la selección de Italia

Cristiano Lucarelli decidió celebrar un tanto la selección italiana sub-21 mostrando una imagen del Che Guevara impresa sobre una camiseta blanca que tenía debajo de la elástica de la «Azzurra». Los hinchas italianos le increparon desde entonces con gritos y pancartas bajo el lema: «Lucarelli comunista, vuélvete a Livorno».

Reyes y el Atlético de Madrid

Tras ganar la Liga con el Madrid, gracias a un gol suyo en la última jornada, Reyes cambió de acera y se marchó al Atlético. Un fichaje que no gustó a parroquia rojiblanca. De hecho un centenar de aficionados le increparón el día de su presentación: «Me preocupa no tener su apoyo, quiero que me acojan bien. Tengo que demostrar en el campo que quiero hacer grande a este club y superar así los gritos e insultos», dijo entonces Reyes. Su relación pasó por picos y valles, pero fue clave para conquistar una Europa League y una Supercopa de Europa.

Sergi Guardiola y el Barcelona

Hace dos Navidades el Barcelona B fichó a Sergi Guardiola, un jugador que públicamente había declarado en Twitter su amor hacia el Madrid y su odio hacia el equipo culé: «Yo no pondría a Messi en mi equipo, estropea el juego del equipo», «Hala Madrid, puta Cataluña», y «Hoy puta Cataluña y siempre Hala Madrid», fueron algunas de sus «perlas» en la red social. La afición azulgrana exigió al club dar marcha atrás, y a pesar del perdón de Guardiola, su fichaje quedó truncado: «Yo no puedo hacer nada más que pedir disculpas si alguien se ha sentido ofendido o está molesto por esos mensajes, aunque vuelvo a repetir que yo no escribí nada». Días después firmó por el filial del Granada.

Eñaut Zubikarai y el Hércules

Cuando el club alicantino tenía todo atado para el fichaje del por entonces portero de la Real Sociedad, el Hércules se dio cuenta que el padre de Zubikarai había pertenecido a ETA y estaba condenado por delito de sangre. Motivo que provocaron las amenazas de la afición a la cupula directiva del Hércules, que finalmente tuvo que frenar el fichaje.

Culio y el Zaragoza

Culio fichó por el equipo maño solo seis meses después de atacar a su entrenador: «Soy muy polémico. Se lo dedico a Popovic. Lo tenía muy armado, con Zaragoza festejándolo, pero los que festejamos hoy somos los canarios», dijo el futbolista argentino tras el playoff de ascenso entre el Zaragoza y Las Palmas que acabó con el equipo canario en Primera. Su llegada a la Romareda provocó la indignación de la hinchada aragonesa y Culio tuvo que pedir perdón: «No me pasará factura lo que ha podido pasar con la afición, sólo les pido disculpas porque mi intención no era faltar el respeto a nadie». Solo estuvo cuatro meses en el Zaragoza. Ahora juega en el Mallorca.