CUALQUIER SITIO ES BUENO PARA APRENDER. Los brasileños se paralizan cada cuatro años para ver como su equipo juega el Mundial. Desde niños todo lo relacionan con un balón de fútbol y los más humildes lo practican, aunque sea en futbolines rotos. Los grand

Fútbol americano

Por JOSÉ LUIS GARCI
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Mientras veo asombrado la matanza del Séptimo de Caballería (Portugal) a manos de los sioux (Estados Unidos) en Litlle Big Horn (Suwon), reparo -quizá por «lo americano» del día- que ayer no reflejé mi alegría por el premio concedido al filósofo (y crítico de cine) Julián Marías, nada menos que el «Menéndez Pelayo». Galardón que, con anterioridad, ha sido otorgado a figuras del relieve de Octavio Paz, Julio Caro Baroja, Carlos Fuentes o Vargas Llosa. Esta distinción reconoce, una vez más, la excepcional trayectoria de don Julián, un referente moral para, al menos, dos generaciones, una de ellas la mía. Siento por Julián Marías, desde que estudiaba Preuniversitario en el Instituto Cervantes de Madrid, Preu de letras, claro (Hernández Vista nos daba latín y Lasso de la Vega, griego); le tengo a don Julián, decía, profunda admiración y, además, «simpatía». Siempre me ha seducido su jovialidad, su «proximidad». Cuando le conocí, hace diez o doce años, pude comprobar que esa «cercanía» que se desprende de sus textos, esa «cordialidad», también forma parte de su persona. Recuerdo que allá por los primeros sesenta, compré en la librería Cervantes (curioso, ¿no?), de Oviedo, su magnífica «Historia de la filosofía», con prólogo de Zubiri, un libro que me ha acompañado toda la vida y del que he sacado grandes recompensas. Últimamente sé de don Julián, además de por su obra -y por esas excepcionales Memorias, «Una vida presente», en tres volúmenes-, por su hijo Miguel, al que también admiro de veras, y que es uno de mis mejores amigos.

Los libros de Julián Marías, sobre todo los que a mí más me gustan, con su citada autobiografía a la cabeza, me transmiten su fe irreductible en las personas, en la libertad humana. Y eso, viniendo de alguien que ha tenido una vida difícil, tiene aún más mérito. Supongo que haber compartido charlas, aprendizaje, esperanzas, con gente como Ortega, Morente o Américo Castro, tuvo que influir lo suyo. Así, «Ser español», «La educación sentimental», «Mapa del mundo personal», etcétera, además de una temperatura ética ejemplar, nos propagan amor, sentido común, civilización y apostar por la verdad sin dogmatismos.

Precisamente don Julián, un «profesor americano» (ha impartido infinidad de cursos en universidades de Estados Unidos), podría explicar mejor que nadie esta derrota del Portugal de los Figo, Joao Pinto, Rui Costa, Pauleta y compañía, ante unos yanquis incansables, ilusionados y, por lo visto hoy, valientes.

Los pupilos de Bruce Arena, el seleccionador norteamericano, ha jugado un primer tiempo pura NBA. Y cuando parecía que los portugueses podían remontar, al pasar del 3-1 al 3-2, faltando algo más de un cuarto de hora, O´Brien, Beasley (que es un interior zurdo estupendo), Donovan, McBride, todos, con una concentración admirable, se han vuelto a ir arriba, tanto, que los últimos ocho o nueve minutos se han peleado en el campo de los atropellados Couto, Costa (muy lento, sustituido por Andrada) y el resto de la banda. Figo sigue tan gris como en el Madrid.

O sea, que el fútbol lo ha puesto USA y el «soccer» Portugal. ¡Anda, que no van a tener que correr Petit, Concençio y el propio Figo para ganar a los coreanos!

Me encanta este Mundial.

(Ayer, hablando de Woody Allen, teclee la palabra «film». Prometo no hacerlo más. Pero, por favor, si alguna vez se me escapa el término en lugar de película, no pongan «filme». Es horrible. Aunque lo diga el Libro de Estilo. Es como Ovieu en vez de Oviedo, o A Coruña por La Coruña. Gracias.)