Ricardo, héroe del encuentro, se abraza a un emocionado Eusebio REUTERS

Figo-Ricardo, papeles cambiados

Héroe y villano. Figo estaba llamado a ser el hombre del partido, así lo había señalado Scolari en la previa. Sin embargo acabó hundido, rezando en los vestuarios, alejado del mundanal ruido. El protagonismo fue para el más discutido de la selección, el portero Ricardo, nuevo ídolo luso LISBOA. Luis Figo no ha pedido disculpa, pero está perdonado. Tiene coartada. No estuvo con sus compañeros sobre el terreno de juego sufriendo, primero, y disfrutando, después, de la tanda de penaltis, pero estaba en el vestuario, junto a Pauleta y los utilleros de la selección, comiéndose las uñas ante el televisor y haciendo una y otra vez la señal de la cruz. Sus rezos desde las catacumbas del estadio fueron escuchados. «Es verdad que estaba molesto por el cambio, pero no quiso hacer un desprecio a los compañeros, estaba duchado, con una toalla como única ropa y no era cuestión de salir así». Eran palabras del jefe de Prensa de la seleción portuguesa disculpando al capitán. La realidad es que Figo, que ayer cumplía su partido 108 con la selección, 100 como titular, pensaba cuando fue sustituido -Portugal perdía 1-0- que iba a ser el último. Y no le gustaba un adiós en forma de sustitución. Estaba muy molesto con Scolari y de ahí que se fuera a la caseta directo. Luego eligió el anonimato y el silencio del vestuario, pero sus compañeros le hubieran preferido a su lado, abrazado como uno más. Para eso es el capitán. Quien se abrazó a todo el mundo fue Ricardo. Portero del Sporting de Lisboa, 28 años, 31 partidos internacionales y el jugador más discutido de la selección anfitriona. Todo el país ha recriminado a Scolari que Vitor Baia, campeón de Liga y de la Champions con el Oporto, no sea el dueño de la puerta portuguesa. Ayer fue su gran día. «Me quité los guantes cuando iba a tirar Vassell porque tenía que hacer algo para romper el gafe. Me habían metido cuatro, más el de Beckham, fuera. Lo pensé y me los quité». Sobre su último lanzamiento, no fue una temeridad. Es un especialista, aunque el encargado de lanzar ese séptimo penalti era Nuno Valente y no él. Pero se sintió seguro, miró al banquillo y se fue a por el balón, aunque su compañero ya había comenzado el paseíllo. Salvando las distancias por la trascendencia de este hecho, ya tuvo Ricardo otras noches de gloria por su habilidad para parar y lanzar máximos castigos. En la temporada 2002-03, con el Boavista, en cuartos de final de la Copa de la UEFA, le paró dos lanzamientos a Leko y Bravo y marcó el que le correspondía en la tanda. El primer admirador de Vitor Baía Ricardo ya tenía que haber sido el titular de Portugal hace dos años en el Mundial, pero al final el técnico, Antonio Oliveira apostó por Vitor Baia... Dos años después, Scolari apostó fuerte por Ricardo y no le ha defraudado. «No me siento un héroe, los héroes son los que trabajan todos los días y no se reconoce su trabajo. Eso sí, me he sentido mal todo este tiempo atrás porque parecía un pecado que el seleccionador hubiera apostado por mí. Yo soy el primer admirador de Vitor Baía». Formado en el Montijo, el equipo de la ciudad donde nació Futre, fichó por el Boavista de la mano de Manuel José y hace dos años estuvo a punto de recalar en el equipo de su corazón, el Benfica, pero al final cruzó la calle y cayó en Alvalade y en el Sporting. Hoy es el ídolo de todo un país.

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TEXTO: ENRIQUE ORTEGO