Figo, del «no cometí ningún crimen» al «aún no hemos ganado nada»

E. ORTEGO/
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Luis Figo ha recuperado la alegría. Bien distinto su rostro de ayer por la mañana -sonriente y repeinado- a la cara que le acompañaba el jueves, cuando daba media vuelta al estadio de La Luz en busca del refugio del vestuario. Entonces pensaba que había jugado su último partido con Portugal y ahora, incluso, por sus palabras de ayer parece como si se hubiera replanteado su despedida, aunque bien es verdad que hablaba en plural y se podía referir perfectamente a su selección y no a él mismo.

Portugal lleva casi un mes recluida en las instalaciones del Sporting de Lisboa, modélicas en todos los sentidos. Allá, al otro lado del Tajo, en Alcochete, cerca de Montijo, el pueblo que siempre había sido conocido porque allí nació Futre y que ahora ha dado la vuelta al mapa porque de allí es y allí vive Ricardo, el portero-héroe de este país. Pues allí comparecieron ayer los capitanes y el entrenador. Al lado de Figo, Fernando Couto. Era la primera vez que el madridista se presentaba en público después de lo sucedido durante y al término del partido de cuartos de final.

Ya le había defendido cuarenta y ocho horas antes su seleccionador, Scolari, y ahora le tocaba el turno a él en persona. Maldita la gracia que le hizo a Figo tener que contar lo mismo tres o cuatro veces. Y es que primero lo hizo en portugués, después en inglés, lengua que domina con soltura, también en español tuvo que poner el acento sobre su retirada y, como los colegas holandeses -ayer numerosos- no estaban por la labor de quererse enterar, otra vez tuvo que repetir en inglés lo que ya había dicho antes.

Sin arrepentimientos

Es decir, que «no cometí ningún crimen. Me fui del campo enfadado porque siempre que me sustituyen me molesto. Pensaba que todavía podía dar más por mi equipo. Siempre pienso que hasta el minuto noventa puedo aportar mi juego, mi entrega por el bien de mi equipo. No me arrepiento de nada de lo que hice, me fui al vestuario y allí vi los penaltis y todo lo demás». Tampoco quiso contar más cosas, si había rezado, si había hecho la señal de la cruz cada vez que uno de sus compañeros iba a lanzar, si tenía una imagen de una virgen entre sus manos... Eso será parte de la leyenda de aquel día en el que Portugal pudo comenzar a ganar la Eurocopa.

«No hemos ganado nada todavía. No puedo hablar de a qué equipo prefiero para la final porque no estamos en ella. Además, no creo que esta sea nuestra oportunidad. Se habla de ello como si fuera nuestra última oportunidad y yo creo que Portugal va a tener más ocasiones para estar entre los mejores del continente».

También tuvo que responder sobre si estaba de acuerdo con David Beckham, quien había culpado a la preparación física que ha realizado esta temporada en el Real Madrid de su mal rendimiento en esta Eurocopa. «David es mi amigo, pero no estoy de acuerdo en esta ocasión con él. Físicamente los jugadores del Real Madrid estábamos como todos los que han jugado tantos partidos como nosotros. Es más bien un problema de la FIFA y de la UEFA, que debería revisar los calendarios y tomar medidas para que los equipos no lleguen a algo tan importante como un Mundial o una Eurocopa cansados y desgastados. Es algo que va contra el espectáculo, contra lo que los aficionados quieren ver». Y lo dice él, que ya lleva 57 partidos en sus piernas y sobre todo en su cabeza, porque a estas alturas de temporada el desgaste es tanto psíquico como físico.

Terminó Figo reconociendo que acertó plenamente cuando abandonó Portugal -en junio de 1995-, «porque me ha permitido ganar títulos, jugar al más alto nivel y disfrutar del fútbol».