Europa se rinde al Barcelona

ENRIQUE YUNTA | ENVIADO ESPECIAL ROMA
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El Barcelona vive por los siglos de los siglos. El Barça de Guardiola, el Barça de La Masía, el Barça del 2-6, el Barça del triplete, el Barça de Roma. En definitiva, el mejor Barça desde siempre, un equipo eterno después de una noche inolvidable que sirvió para certificar que nadie es capaz de alcanzarle. De Londres a la capital italiana pasando por París, un camino hacia el Olimpo en el que vivirá perpetuamente al derrotar en una final eléctrica al todopoderoso Manchester, contrincante infalible que contaba por victorias (tres de tres) sus participaciones en partidos de este tipo.

El del Barcelona es el triunfo de la constancia y de la sensatez, ingredientes fundamentales en la receta de un Guardiola al que no se sabe muy bien cómo agradecerle todo su trabajo. Ganó una vez más aplicando su estilo, agenciándose del balón cuando se le fueron las fobias. Nadie lo trata mejor que él y de ahí que se alié por inercia con los futbolistas azulgranas, capaces de devolver la ilusión al pueblo cuando un año atrás todo eran penurias.

Arranque en tromba inglés

Y eso que fue un manojo de nervios el Barça en el inicio, acomplejado por la plasticidad de un Cristiano Ronaldo que en ocho minutos ya había disparado tres veces y en dos de ellas tonteó con el gol. Fue tremenda la salida inglesa, incontestable a la par que sorprendente por la brutalidad de sus embestidas. No estaba el Barça a gusto, no se encontraba, pero decidió Iniesta que para algo había forzado tanto la máquina. Su despertar, en un ejercicio de verticalidad indestructible, permitió a Eto´o hacer las paces con la red -sentó a Vidic y superó por el corto a Van der Sar- y de paso soltar lastre cuando la realidad desvela que no merecía tanto premio. La Champions ya no es cuestión de justicia, es cuestión de ganarla.

Hubo un Barça después, mucho más acorde al de cada tarde. Fue ganando en comodidad y entre Busquets, Xavi e Iniesta le birlaron la pelota a un United noqueado y especialmente intranquilo en la retaguardia, una parcela que rara vez ha presentado goteras con dos armarios como Ferdinand y Vidic. Activó el rodillo la medular y obligó al Manchester a un derroche físico improductivo. Sólo alguna contra, siempre con Cristiano como referente y buscando la zona de Sylvinho -finalmente fue él el lateral zurdo-, inquietaba algo la inmejorable renta.

Se desbravó tanto el Manchester que movió ficha rápido Ferguson sin que Tévez, que entró por un Anderson incapaz, cambiara el panorama. El conjunto español tuvo en esos primeros minutos de la reanudación la oportunidad de cerrar la velada primero con una oportunidad clarísima de Henry que desbarató Van der Sar y después con un disparo de libre directo que encontró la cepa del poste. Era el preludio de lo que estaba por llegar.

Con todo el arsenal en el campo, el Manchester ni siquiera tuvo arrestos para molestar a Valdés, que disfrutó de una final mucho más plácida que la de París salvo en esos instantes del inicio. Roto el duelo, con los ingleses desquiciados, llegó la puntilla de Messi, quien con la cabeza -sí, con la cabeza-, dignificó una asistencia de Xavi y firmó así el contrato del Barça con el paraíso.