Clasificación Euro 2020

La España de Luis Enrique ya tiene su Poli Rincón

Morata coge confianza con la Selección. El otro destacado fue Sergi Roberto

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Uno de los misterios del fútbol español es por qué Morata está triste después de marcar un gol. Abraza a los compañeros, pero ni siquiera se le alivia el gesto. Parece que le están dando el pésame. Tiene el mismo rostro marque o falle, una mezcla de pena y gran determinación. Como si a la vez pensara que el gol es su objetivo en la vida pero que la vida no tiene mucho sentido porque hay niños que sufren.

Es un goleador bastante introspectivo, lo que hace difícil entregarse a él. Esto quizás haya sido por la forja de tanto fallo y tanta lucha para triunfar. Morata está logrando una carrera sobreponiéndose a sus propias pifias y con su rostro inmutable parece que nos está recordando que igual que la ha metido podía haberla fallado y que se le debe juzgar por otra cosa.

Pero lo que importa es el gol, vaya si importa. De los 45 minutos iniciales de pegapases, solo se salvó eso y quizás las inteligentes acciones de Sergi Roberto. Y el gol no vino por «juego» sino por una acción personal, por algo distinto y casi inesperado: un control orientado de Morata. Algo muy sutil, muy rápido, que casi parecía que iba a salir mal en la repetición.

Una acción a la carrera, rompiendo a los centrales malteses que habían estado todo el tiempo haciendo gestos miméticos para que no se les notara el amateurismo.

El fútbol moderno lo ha transformado todo, y hasta amenaza ahora a las Ligas nacionales, pero no ha conseguido cambiar las fases de clasificación de los Europeos, que siempre fueron lo más aburrido de este deporte. Todos aquellos que «odian» el fútbol moderno en realidad tienen el refugio en esta competición que sigue inalterable, en la que Malta sigue siendo Malta por años que pasen. Sus jugadores tienen nombres de personaje de Pynchon: Henry Bonello, Ray Farrugia, y descubriremos definitivamente lo que es Malta cuando nos demos cuenta de que van a ser siempre hijos, nietos y bisnietos de los del 12-1.

Uno de los dogmas del fútbol español es la paciencia. «España ha de tener paciencia». No regate, ni agresividad, ni puntería: paciencia. Pero esa paciencia estaba normalizando a Malta, que se parecía a la Rusia del Mundial, y fue Morata el que rompió ese bodrio con su desmarque de delantero zapador.

Tocaban todos

Si el Halcón Maltés estaba hecho «de la materia con la que están hechas los sueños». El fútbol maltés de España estaba fabricándose con la materia con la que se hace el sueño: el sopor del toquecito. Era un partido viscoelástico.

El único que abrió siempre espacios fue Sergi Roberto. En la NBA a cierto tipo de jugadores los definen de un modo concreto: alto IQ, alto coeficiente intelectual. Y una pregunta que explica el fútbol español de los últimos 30 años podría ser: ¿por qué el Madrid da a Lucas Vázquez y el Barcelona a Sergi Roberto? Y no es que Lucas no sea listo, es listo de otro modo.

Tocaban todos, pero el que esclarecía era Sergi Roberto. Saúl y Asensio pudieron marcar con sus pases desde la banda, y luego se metió de interior dejando el hueco a Navas, por donde llegó el segundo de Morata.

Con estos goles, Morata tiene moral para lo que queda de clasificación y le traspasa la ansiedad a Asensio, una de las grandes decepciones de la temporada. Al principio nos preguntábamos si sería Raúl o sería Guti y ahora mismo parece lejos de los dos. Parece lejos incluso de la ansiedad.

La confianza de Luis Enrique en Morata ha servido para algo: penalti contra Noruega y dos goles contra Malta. España ya tiene su Poli Rincón. Antes esto parecía poco, ahora es mucho.

Nota de ambiente. En Malta pitaron mucho a Ramos, quizás porque nunca le han leído tuitear.