España evita la autocrítica

IGNACIO TYLKO | BLOEMFONTEIN
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El día después de la inesperada derrota ante Estados Unidos, los jugadores españoles pusieron al mal tiempo buena cara y lanzaron un mensaje de optimismo. Lejos de hacer examen de conciencia, autocrítica y confesar posibles errores colectivos, no sólo individuales, aseguraron que la selección saldrá reforzada del «accidente» y estará en condiciones de poder competir contra las mejores en el próximo Mundial de Suráfrica. Garantizaron que se tomaron muy en serio a Estados Unidos, que se preparó bien el partido y que no se pecó de falta de humildad.

El hecho de que Casillas y Puyol, los dos capitanes, salieran a dar la cara este jueves en Bloemfontein demuestra el positivo cambio que ha experimentado el equipo desde la Eurocopa. Antaño, cuando se perdía, lo normal era hacer mutis por el foro, salir a la carrera o, si acaso, enviar a alguno de los más jóvenes e inexpertos para responder sobre los interrogantes. Esta vez, sin embargo, los pesos pesados ejercieron su rol y comparecieron con cara de haber dormido poco y mal.

Casillas achacó la derrota a un par hechos puntuales: la falta de acierto en los diez metros finales y dos jugadas «rocambolescas, absurdas y extrañas», que propiciaron los dos goles del combinado de Bob Bradley. Más allá de estas circunstancias, el capitán español entiende que el equipo debe «salir con la cabeza bien alta» de la Copa Confederaciones, pero, si antes de arrancar el torneo aseguraba que España se había ganado el derecho a ser favorita, ahora matiza que al Mundial habrá que acudir con cautela, sin pensar en la final antes de superar la fase de grupos.

Puyol insistió en que este fallo no debe generar preocupación ni dudas sobre la capacidad de la defensa española.El azulgrana confía en que la derrota les permita «fortalecernos, crecer y demostrar que se puede ganar el Mundial».

Caos de alojamiento

La inesperada derrota de España dejó patente que Suráfrica tiene serios problemas de infraestructuras hoteleras de cara al Mundial de 2010. La FIFA tuvo que usar todas sus influencias para alojar a los jugadores. Menos suerte tuvo la expedición de periodistas, que, al cierre de esta edición, seguían sin hotel en Rustemburgo.