Robert Moreno posa para ABC en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas
Robert Moreno posa para ABC en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas - MATÍAS NIETO
Selección española

Robert Moreno: «En la primera derrota, lo fácil será decir que no tengo experiencia»

El seleccionador nacional, sin apenas horas de vuelo y con una ilusión contagiosa para impulsar a España, desvela sus gustos en el fútbol y en la vida

Las RozasActualizado:

Antes de activar la grabadora del móvil, puesta en marcha durante media hora larga, Robert Moreno (19 de septiembre de 1977) se entretiene recordando sus patadones al balón en el campo de La Florida, donde empezó su idilio con el fútbol (fue central y dejó de jugar a los 24 años). Ahí, en ese barrio de L’Hospitalet, Moreno se imaginó en los mejores banquillos y trabajó con varios equipos del fútbol base catalán, convencido además de que la tecnología debería ser una herramienta para exprimir al máximo todos los datos que se dan en un campo de fútbol. Hoy, las circunstancias le han llevado a ser el seleccionador nacional, un cargo de lujo que suele ser el premio a una carrera exitosa y no el principio, impulsado por la renuncia de Luis Enrique por motivos personales y por su buen trabajo cuando tuvo que suplir al asturiano. De trabajar en una gasolinera, en la planta de caballeros de El Corte Inglés o en La Caixa, ahora es el jefe de España, necesitada de alegrías y empeñado en demostrar que, pese a su anonimato, puede hacer camino.

¿Quién es usted?

Soy Robert Moreno, una persona normal y corriente con unos padres normales. Un padre taxista, una madre que en su momento tuvo una panadería, pero que la mayor parte del tiempo ha sido ama de casa. Soy alguien a quien desde pequeño le gustó mucho el fútbol, que se marcó un objetivo que parecía inalcanzable, aunque siempre pensé que se podría conseguir. Quería ser entrenador del más alto nivel ya que como jugador no tuve la opción ni las condiciones. Empecé a perseguir ese objetivo día tras día, puse todos los medios y me monté mi película en la cabeza. Me repetía siempre que podía y he conseguido llegar. Ahora no me voy a parar.

Mucha gente se pregunta qué hace usted, semidesconocido, al frente de la selección. ¿Le incomoda o le motiva tener que demostrar que está capacitado?

No me incomoda porque no modifica nada mi trabajo diario, que es lo importante. Me motiva, sí. Tengo a muchos amigos que son entrenadores con una historia parecida a la mía que están interesados en que a mí me vaya bien. Me motiva abrir camino para otros entrenadores desconocidos que están muy preparados y que por el hecho de no haber sido jugadores no tienen las oportunidades. Pero también entiendo el proceso de cualquier presidente o director deportivo o incluso aficionado a la hora de valorar cualquier técnico para su equipo. Entiendo que se enganchen a la persona que conocen ya que le habrá generado emociones, sentimiento, afecto… Es mucho más sencillo ir a uno de esos que a otro del que no tienen nada de información. Pero eso por lo que se les elige no tiene nada que ver con lo que luego deben desarrollar en su nueva profesión, que es la de entrenar. Es una decisión complicada y compleja que solventas con una decisión simple: “Esta persona ha sido jugador, me cae bien, va a ser buen entrenador. ¿Cómo voy a elegir a los otros miles que hay y que no conozco?”. O alguien te recomienda o te han visto trabajar, y a mí me ha pasado eso, me han visto trabajar sin ser jugador de alto nivel y se han creado una imagen sobre mí los que tenían que decidir.

«Me motiva abrir camino para otros entrenadores desconocidos que están muy preparados»

¿Cree que es necesario haber sido buen jugador para ser entrenador?

No. Creo que ayuda haber sido jugador, más allá de ser bueno o no. Evidentemente, si has sido jugador de alto nivel eso te da información sobre lo que es soportar la presión de tener que jugar cada tres días, de convivir y enfrentarte con los mejores… Eso te da conocimiento de lo que es un vestuario, del trato con los compañeros… que no puedes tener si no lo has sido. Pero creo que es algo que puedes aprender. En mi caso, he aprendido estando al lado de uno de los mejores, de Luis Enrique, que había sido jugador del Barcelona, del Madrid, del Sporting y de la selección española. Solo te da ventaja en eso, y digo solo sabiendo que es importante, pero para nada te prepara para ser entrenador. Ser entrenador es dejar lo individual y pensar en colectivo, preparar entrenamientos, tácticas, analizar rivales, el trato más continuo con la prensa, tratar al grupo… Eso no se aprende solo con haber sido un buen jugador. Yo digo, un poco en broma, que Maradona y Pelé todavía jugarían, y hubieran sido entonces los mejores entrenadores; no ha sido así. Hay grandes entrenadores, como Van Gaal, que han sido jugadores normales. Hay casos como el de Guardiola que nos hace pensar que esa es la vía, pero ¿cuántos jugadores top han intentado ser entrenadores y han fracasado por el camino? Al final, solo nos fijamos en el que consigue éxito. Y el éxito es una excepción, la norma ha sido fracasar y no conseguirlo. Cuando vemos que aquí sale una seta, vamos hacia ahí a ver si salen más. Cuando un modelo funciona, todos quieren copiarlo.

¿Cuánto tardó en creérselo?

-Hay momentos. Todavía no me lo acabo de creer, pero no quiero dejar de disfrutarlo porque sé que esto va a durar un tiempo y se va a acabar, no va a ser para siempre. Los primeros días fueron raros. Es verdad que me levantaba por las mañanas y me decía: “¡Ostras, ha sido un sueño!”. A veces tienes sueños muy reales, y eso me ha pasado varios días. Luego empiezas a asimilarlo, vives lo que es el ser seleccionador, que la gente te reconozca, que te pidan fotos, empiezas a hacer entrevistas… Tratas de habituarte, pero sin perder de vista que lo que realmente va a hacer que yo pueda desarrollar bien mi tarea es el fútbol. Por ahí centraré todas mis energías.

«Todavía no me lo acabo de creer, pero no quiero dejar de disfrutarlo porque esto no durará para siempre»

¿Ya le paran por la calle o puede ir al cine sin que se le reconozca?

Me paran, algo me paran, sí, pero todavía puedo ir al cine. Ayer estuve comprando en el supermercado tranquilamente sin que me pidieran fotos. Es verdad que eché gasolina justo antes y ahí sí me pidieron una foto, pero es parte de este cargo y no me implica problemas.

La selección suele ser el final de una carrera, el premio a una trayectoria. Usted empieza la casa por el tejado.

Es verdad que es un caso atípico en todos los sentidos. Pero hubiera sido también muy difícil empezar al más alto nivel por un equipo que no fuera una selección. Sería más difícil que cualquier presidente apostase por mí. Aquí se han dado las circunstancias así y estuve trabajando una semana (la que suplió a Luis Enrique) y eso les ha servido para ver cómo funcionábamos. No es el camino que esperaba, pero es el que ha venido. Muchas veces aparecen las cosas como no las imaginé, pero buscaba esas cosas. Para mí es ideal. Llevar a la selección es más fácil que llevar a Barça, Madrid, Atlético o cualquier grande porque el trabajo diario es mucho de despacho. El contacto con los jugadores y la toma de decisiones diaria se reduce a cinco veces al año.

¿Teme que a la mínima se le cuestione por su inexperiencia?

Va a ser el argumento fácil, por supuesto. Es normal que la gente busque causa-efecto. Lo fácil en una derrota será decir que Robert Moreno no tiene experiencia. Pero los profesionales, si queremos hacer un análisis más profundo, saben que una derrota o una victoria no depende solo de eso. Yo creo que tenemos a un equipo de trabajo muy cohesionado y preparado para afrontar estas cosas. Y vamos a perder, seguro, esto es fútbol y todos perdemos. Ojalá pudiera hacer como Lopetegui, que estuvo dos años sin perder un solo partido. Pero eso no está al 100% en mis manos porque, afortunadamente, yo no juego, eso sería un desastre.

¿Cómo es como entrenador?

Me considero un entrenador al que le gusta tener la posesión, juego en corto, pero con profundidad y llegada, que haga daño. Quiero convertir la mayoría de posesiones en ocasiones de gol. Pero el camino no es solo una forma. Decir que juegas de una sola manera es un error. Me encantaría tener siempre la posesión y tener opción de remate después de no sé cuántos toques, sería lo ideal. En los 60-80 ataques que tienes en un partido, que es la media, me gustaría que siempre fuese así y que recuperáramos el balón muy rápido y cerca de la portería rival. Pero sé que el fútbol no funciona de esta manera. Habrá días que necesitamos un contraataque, pero es que no pasa nada. No me cierro ni quiero ser talibán ni fundamentalista de ningún estilo. No hago ascos a otros métodos.

¿Cuántas horas le dedica al fútbol?

Depende del día, pero muchas. Cuando no estoy viendo un vídeo, voy con la bici por la montaña y se me ocurre algo. Le diría que las mejores ideas que he tenido sobre fútbol me han llegado cuando no estaba pensando en fútbol. En la selección toca ver vídeos y jugadores. Cuando estamos en Las Rozas se le dedica más tiempo porque estamos sin la familia, concentrados… Le dedicamos ocho o diez horas, y luego a veces llegas a casa y te pones un partido mientras cenas, estamos un poco enfermos. En casa me he hecho una salita en la última planta, mi refugio. Mis hijos tienen la tele para ver sus dibujos y es mi mujer la que echa una mano y se traga todas las series infantiles cuando tengo trabajo y me tengo que poner a ver un partido en serio.

¿Con qué desconecta?

No necesito desconectar… Bueno, sí que lo necesito, tengo el psicólogo aquí (Joaquín Valdés está presente en la charla) y no voy a decir lo contrario, hay que desconectar. Pero lo que quiero decir es que el fútbol para mí no necesita desconexión porque me apasiona. Pero me gusta leer mucho, trato de hacer deporte, bici de montaña, correr, el gimnasio me gusta menos, pero lo hacemos por prescripción. Y familia, amigos, salir a comer… Soy de buen comer, me gusta y es una de las cosas que tratamos de cubrir, conocer estilos, diferentes restaurantes…

¿Cuál es su primer recuerdo en el fútbol?

El campo de La Florida, en L’Hospitalet, era un descampado con porterías a los lados, con un bar ahí… Fueron años muy bonitos. Bueno, el primer campo, pero de fútbol sala, fue el campo de mi colegio, el Sant Josep del Pi.

Usted trabaja mucho con vídeos. ¿Se está robotizando el fútbol?

Es imposible porque lo juegan personas, que tienen sentimientos y emociones. El fútbol es de los jugadores, que son creatividad, inventiva… Las informaciones que conseguimos del Big Data y otras herramientas es positiva para que la calidad del entrenamiento aumente, para tomar decisiones, para mejorar… Antes se perdía muchísima información, y eso es lo que me motivó para empezar a grabar partidos. No veía nada desde el banquillo, la visión no es la misma, no ves amplitud ni profundidad… Con la tecnología, el fútbol va a avanzar. Pero también con la nutrición, el gimnasio, los preparadores físicos… No tiene nada que ver el futbolista de ahora que el de hacer 30 años.

¿Qué no le gusta del fútbol?

Quizá los extremos, cuando parece que se acaba el mundo porque has perdido un partido. Lo entiendo en cierta manera, hay temas emocionales y el fútbol es una escapatoria en muchos casos, un placer, un juego, un espectáculo. Hay muchos que casi entregan su vida. Entiendo la pasión, pero me preocupa cuando se traspasan los límites, cuando se “mata” a jugadores por fallar un penalti en un Mundial o fallar un gol claro… Cuando aparece la violencia, deja de gustarme.

¿En qué punto está España?

En los partidos ante Rumanía e Islas Feroe de dentro de dos semanas. Me resulta complicado hacer una foto fija o decir que estamos persiguiendo este estado ideal. Me vais a oír mucho la palabra complejidad, pero las ciencias de la complejidad explican muy bien lo que pasa en un equipo de fútbol. No sé decir en qué punto estamos, solo puedo decir que vamos a intentar ser mejores que el rival en cada partido, prepararnos y generar esas interactuaciones para cuando lleguemos a la Eurocopa y nos enfrentemos a equipos de máximo nivel. Es un error buscar lo que pasó en anteriores eventos. La historia no juega. Yo vengo del mundo financiero y hay una frase que me gusta mucho. “Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras”. En el fútbol, igual.

¿Es más difícil el mundo de las finanzas o el del fútbol?

Los dos tienen su complejidad. En las finanzas, juegas con el dinero de las personas, que es clave en muchos casos para llevar una vida y cubrir unas necesidades. En el fútbol, juegas con los sentimientos, que son muy importantes, pero que no te dan de comer. Es verdad que estás más feliz si tu equipo gana. De fútbol todos saben, o todo el mundo dice que sabe u opina, pero de finanzas falta formación desde las escuelas.

¿Quien no esté bien en su club no acude a la selección?

Creo que es lo mejor. A cualquier persona le exigen rendimiento, no te permiten relajarte. Usted siempre tendrá que hacer buenas crónicas y si no las hace su jefe le dirá que se está haciendo mal y que hay que intentar mejorarlo. Y puede llegar el día en el que no siga haciendo las crónicas porque no da el rendimiento. Cuando hablamos de la selección, mi obligación es la de traer a los que mejor están. Y eso no es algo que la gente perciba sin más. Es más complejo que decir que uno ha marcado tres goles; hay que atacar, defender… Si un jugador, desde nuestra perspectiva, no está tan bien, pues vendrá otro. Es egoísmo, queremos a los mejores porque el primer interesado en ganar soy yo. Lo más es justo es que si alguien no está bien, no venga.

«Si un jugador no está bien, pues vendrá otro. Creo que es lo mejor para todos»

Se ha dicho que en la selección hay demasiado poder por parte de los jugadores.

No he estado antes. Pero cuando la selección pierde es por múltiples causas. Ante Rusia, pierdes en los penaltis. ¿Qué tiene que ver con que si los jugadores mandan demasiado? ¿Es la causa de la derrota? La gente necesita respuestas a únicas para dar explicaciones a resultados no deseados. Influyen muchas cosas en una derrota. Y los jugadores quieren ganar, nadie quiere hacer las cosas para perder.

¿Es de mandar? ¿Se atreve a pegar un grito si toca?

No hay una forma única de dirigir. A mí me gusta mucho comunicar y hablar las cosas. Obviamente tengo una posición de autoridad, pero no quiero imponer. A mí me gustaría convencer a los jugadores con argumentos. Nunca diré que esto se hace así porque lo digo yo. Hay una frase en el fútbol que odio que es la de “esto siempre se hizo así”. Me escama. No, las cosas se hacen porque tienen un sentido. Yo no sé recibir órdenes por autoridad. El que lo dice pierde valor como líder. A veces tienes que aceptarlo, pero me ha perdido un poco, y yo no quiero perder a los jugadores. A veces habrá que enfadarse y otras dar un abrazo.

Qué es lo que más le enfada?

Que no haya orden, que no haya respeto por las normas. Me molesta mucho cuando alguien, en un grupo, se cree que puede faltar a lo que se ha consensuado. No me parece justo, es una falta de respeto a sí mismo y al grupo. Eso me causa pena y me obliga a castigarlo. Los jugadores, aquí, deben dar el máximo y si necesitan algo, comunicarlo. Pero cumplir las normas para la convivencia.

Se le recordará que es del Barcelona, que es un catalán al frente de la selección española… ¿Teme esa exposición mediática?

Es algo que no puedo controlar. Yo soy natural y honesto. Hay partes de la Prensa que no me interesan, ni las valoro. No quiero ni conocerla porque es algo que no te gusta y que hace daño, y que no aporta nada a tu trabajo. Lo peor de una opinión es no respetar que hay otras. Puedo entender que a alguien le moleste que yo haya dicho que sea del Barça, incluso que sea catalán, pero no me afecta en nada en mi profesión. Si quiere hacer daño por ese lado, lo intentarán. Asumo que el cargo tiene esos riesgos, pero la pasión que tengo es muy superior a esas cosas.

«Puedo entender que a alguien le molesta que sea del Barça, incluso catalán, pero no me afecta en nada»

¿Habla mucho con su psicólogo?

Mucho, muchísimo, todos los días. Joaquín (Valdés) nos ayuda mucho. Para Luis Enrique lo era y yo aprendí eso. Hay que ver al psicólogo no como una persona que cuida a un enfermo sino como alguien que trata con personas que tienen sentimientos, un especialista que maneja emociones. Me parece muy raro que no haya más gente que trabaje con un psicólogo.