«Advertí al dueño que sus guardaespaldas no podían entrar en el vestuario»
Caparrós - ABC
Joaquín Caparrós

«Advertí al dueño que sus guardaespaldas no podían entrar en el vestuario»

«¿Pistolas en la caseta? El responsable de su protección me dijo que las armas eran para la seguridad del presidente», explica el exentrenador del Neuchatel suizo

javier ortiz de lazcano
BILBAO Actualizado:

La aventura suiza de Joaquín Caparrós (Utrera, 55 años) terminó ayer cuando a mediodía tomó junto a su inseparable segundo, Luci Martín, asiento en el vuelo que le llevó desde Ginebra a Madrid, y desde allí a Sevilla en AVE. En 24 años consecutivos en los banquillos, el exentrenador del Athletic ha visto presidentes de todos los colores. Hasta que en el Neuchatel se topó con Bulat Chagaev. «Se enfadó cuando le advertí que los guardaespaldas no podían entrar en el vestuario».

– ¿Cuál es su estado de ánimo?

– El de una persona que vuelve a casa tras pasar un mes en el extranjero en una aventura muy intensa, en la me he volcado las 24 horas del día. Ha pasado un mes, pero parece que ha sido un año. Todo es experiencia, y así me tomo lo sucedido, pero le aviso que no voy a entrar en detalles.

– ¿Cómo ha sido esa experiencia?

– Ha sido una experiencia fuerte, pero que me ha servido para sentirme entrenador.

– ¿Cómo que se ha sentido entrenador?

– Porque he marcado mi parcela y he dejado claro que ahí no entra nadie. Me ha recordado mis primeros años en el fútbol, cuando todo eran problemas y tenía que desempeñar otras funciones que no fueran las de entrenador. Por ese lado me he sentido rejuvenecido, je, je.

– ¿Quería inmiscuirse en su trabajo el presidente, el checheno Bulat Chagaev?

– En las decisiones del vestuario no puede entrar nadie, y eso vale para mí y para cualquier entrenador.

– ¿Qué pasó en el vestuario tras su empate a dos en casa ante el Lausana, en el que ha sido su último partido?

– Nunca había vivido nada igual. El propietario bajó a hablar con los jugadores como lo hacía antes. Ese día llego de la rueda de Prensa y me encuentro con el presidente y otras personas en el vestuario. El ambiente era muy tenso.

– ¿Cuántas personas?

– Unas cuantas. Tres o cuatro eran escoltas del presidente, según me indicó después su jefe de seguridad. Le dije al propietario que los guardaespaldas no podían entrar en el vestuario. El ambiente era tenso y les dije que el que mandaba allí era yo. Él empezó a subir el tono y a hablar de cosas como días de descanso, modos de entrenar... Le dije que el único con capacidad para decidir sobre eso era yo. La cosa se fue calentando y cada vez hablaba más fuerte a los jugadores. Menos mal que salimos de allí y nos fuimos a su despacho.

– ¿Se desenfundaron pistolas?

– Era una situación muy rara. No quiero dar detalles, pero el de seguridad vino al día siguiente a darme explicaciones y me dijo que las armas eran por la seguridad del presidente, pero también de los jugadores.

– ¿De los jugadores?

– Eso mismo le pregunté yo. ¿En un país como Suiza cómo va a haber peligro para los jugadores?

– ¿Les amenazaron a los jugadores y a usted?

– Hablaba en ruso y no sabía lo que decía. Conmigo, lo que hacía era hablar muy alto, y yo le contestaba también fuerte. A mí me da igual que lleve seguridad o no, pero lo que no es normal es que vaya con guardaespaldas al vestuario.

– ¿Llegó a sentir miedo?

– No. Miedo no, me sentí entrenador y orgulloso de mis jugadores.

– Usted llevó allí a Uche y Arizmendi. ¿Le da remordimiento haberles metido en ese avispero y dejarles allí?

– Sé que quedan en una situación complicada. Yo mismo les llamé pare convencerles de ir a Suiza. En ese sentido me siento un poco culpable. Cuando me despedí les dije que si por mi fuera, me los traería.

– Su primera aventura en el extranjero ha sido un desastre.

– ¡Qué va! Ha sido una buena experiencia.

– ¿Buena?

– Sí, porque me he vuelto a sentir entrenador. Estaba acostumbrado a tenerlo todo en el trabajo y aquí he tenido carencias. Cuando llegué el equipo estaba en descenso. El primer día me senté en el banquillo sin saber si los jugadores eran zurdos o diestros, por un favor al presidente. Perdimos, pero a partir de ahí no volvimos a hacerlo. Logramos tres empates y una victoria y salimos de descenso. Estábamos en el buen camino.

– Ésa es su mayor aportación.

– Lo primordial era que la gente volviera a ir a los entrenamientos con alegría. Cuando yo llegué iban temerosos. Eso lo he logrado y no era fácil, porque era un vestuario de muchas nacionalidades. Convoqué reuniones con los jugadores y con sus mujeres e hicimos una piña.

– La víspera de su cese cenó con ellos.

– Sí, nos reunimos con los jugadores, sus mujeres y sus hijos.

– ¿Le cesó el propietario por ello?

– Puede ser que me influyera en el desenlace, pero es mi línea de actuación para lograr el rendimiento de los equipos, que los jugadores trabajen con alegría.

– Por cierto, ¿es cesado o dimite?

– Los dos teníamos claro que en esa situación no se podía seguir.

– Al menos regresa con un buen pellizco económico.

– Nada de eso. Sólo hemos cobrado los gastos de manutención del mes que hemos estado allí. No hemos ganado nada, pero tampoco hemos gastado un euro, je, je.

– ¿Y ahora?

– A ver fútbol y esperar a ver si surge algún equipo. La ventaja es que puedo entrenar en cualquier país en lo que resta de temporada.

– ¿Qué le parece el Athletic de Bielsa?

– No quiero hablar. No estaría bien. Sólo le deseo suerte. Una de las cosas que me emocionó en Suiza fue ver a hinchas del Athletic venir a saludarme en entrenamientos.