Cualquier «Súper Dépor» fue mejor

JOSE LUIS JIMÉNEZ/
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Después de rozar la gloria con los dedos el pasado año al quedarse a las puertas de la final, el Deportivo jugó ayer el partido más intrascendente de su historia en la Liga de Campeones. Atrás quedan las gestas de los últimos cuatro años, eclipsadas por este fracasosta temporada el entrenador vasco ha tenido ocasión de lucirse presenciando cómo la incapacidad de su equipo para anotar un mísero gol en Europa le ha apeado de la competición que más ilusionaba a la afición, vista la trayectoria de los gallegos en la Liga -una de cal, otra de arena- y después del batacazo copero en Elche. Y por si fuera poco, el Deportivo no tendrá ni el consuelo de la UEFA, que devaluada o no, no deja de ser una competición continental. Tan alto se voló el año pasado que el sabor de esta eliminación es excesivamente amargo.

La decepción de este año empaña injustamente una circunstancia de la que pocos equipos en España pueden presumir: las cinco temporadas consecutivas que el Deportivo de La Coruña lleva en la elite del fútbol europeo, llenando portadas por sus logros y dando categoría internacional a sus futbolistas.

El debut deportivista en la «Champions» se produjo por la puerta grande, el año siguiente de la consecución de la única Liga en las vitrinas coruñesas. Lejos queda aquel 13 de septiembre de 2000, cuando el Deportivo se estrenó en Atenas ante el Panathinaikos con empate a uno. Ese año apeó a la Juventus en la primera fase, y en la segunda liguilla vivió la primera de las noches mágicas de Riazor, con un 4-3 ante el París Saint Germain gracias a un «hat-trick» del por entonces desconocido Walter Pandiani. El Leeds, revelación aquel año, eliminó a los gallegos en cuartos.

Llamada de atención

El primer campanazo deportivista llegó la temporada siguiente, cuando un 17 de octubre de 2001 derrotó por 2-3 al todopoderoso Manchester en Old Trafford, merced a un espantoso Barthez y tres destellos de Sergio y Tristán, en una de las mejores temporadas del sevillano en La Coruña. No sería el único triunfo en Inglaterra. Highbury se rindió ante el Deportivo cinco meses después, cuando tumbaron al Arsenal por 0-2. Sin embargo, los diablos rojos se tomaron la revancha en el cruce de cuartos.

2002 fue el año de Makaay. El ariete holandés mandó callar el Olímpico de Múnich tras sus tres goles al Bayern, que quedaría eliminado del grupo. Ese mismo año, los gallegos certificaron su pase a la segunda ronda tras ganar en San Siro al Milán. Sólo un gol de Tudor en Delle Alpi en el descuento impidió que el Deportivo se plantase en los cuartos de final de la temporada 2002-2003.

El pasado año tuvo dos caras. Por un lado, la vergüenza del humillante 8-3 en Mónaco, ridículo inédito en competiciones europeas. Por otro, la ilusión que despertó el equipo tras eliminar al Juventus -su verdugo la temporada anterior- y hacer la hombrada de tumbar al Milán por un contundente 4-0 en Riazor, con goles de los cuatro hombres más decisivos del último lustro deportivista: Fran, Pandiani, Luque y Valerón. Los sueños se desvanecieron tras tropezar bruscamente con un rácano Oporto, que se valió de un absurdo penalti cometido por César para colarse en la final y ser campeón. Pero todo ello es el pasado, aunque es mejor que el presente.