El Atlético solo gana en el campo
Falcao - AFP
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EUROPA LEAGUE

El Atlético solo gana en el campo

Los rojiblancos acaban primeros en su grupo de la Europa League tras derrotar al Rennes, pero sufren el hastío y la irritación de la grada

JOSÉ MANUEL CUÉLLAR
MADRID Actualizado:

Hubo un partido aunque en realidad fueron dos. El que se jugó en el campo y otro, más rudo y cruento, que se disputaba en la grada contra el palco y, en realidad, con el mundo entero. Muy poco público, hastiada la afición de lo que año tras año, desde tiempo inmemorial le depara el equipo (una desilusión y otra y otra más), y el que fue lo hizo con el cuchillo entre los dientes contra todo lo que se movía. [Estadísticas del partido]

Jugaba el Atlético, esforzado él con el ánimo bien dispuesto, y se reía el graderío. La movía el Rennes y el pueblo, cruel, clamaba olés contra su propio equipo, al tiempo que remataban el desolador panorama con los gritos de siempre: «Luis, Luis, Aragonés», y los que pedían, también como siempre, el final (como sea) del mandato bicéfalo que comanda el club. [El duelo, minuto a minuto]

En ese ambiente, infernal y lleno de minas, el Atlético se movió mal, sin alma, sin ilusión, pero con profesionalidad. Iba su gente frente a una montaña de suplentes, los que había sacado el Rennes, que no le iba nada en el envite, y dominaba el partido, pero con sus almas, tristonas y envejecidas por la afrenta, vagando por el campo. Amenazaba tormenta (un cabezazo al larguero de Mavinga) cuando el de siempre, Adrián, llegó al rescate con ese rostro de Míster Bean que parece no acarrear peligro cuando en realidad viene detrás con las pistolas cargadas. Entró el chaval en el área con velocidad y Foulquier se tragó el regate para hacerle penalti. Gol de Falcao y algo de tranquilidad en los de rayas para poner pausa y toque al juego, que falta hacía.

El Rennes, que jugaba con apariencia de invitado de piedra, ni se inmutó. Siguió al tran tran, ni acuciado por el resultado ni tampoco por el Atlético, que tenía ojo y medio en la grada y medio en el campo. Todos menos los chavales. Así Domínguez entró como un obús cuando el reloj se acercaba al descanso y el portero visitante, Diallo, hizo el Tancredo ejerciendo de ojo de águila cuando en realidad era Rompetechos.

Con el 2-0 en el marcador parecería que llegaba la paz, pero quiá, la grada, irritada, seguía silbando, protestando y sin cejar en su protesta de indignados al por mayor.

Calma tensa

Lo cierto es que el descanso calmó un tanto los ánimos, aunque tampoco en exceso. Sí lo suficiente como para que los jugones que tiene el Atlético (que los tiene) asomasen un poco la cabeza para dar un poco de fútbol y, de camino, aplacar a la afición, que estaba a la que saltaba. En ese aspecto se destacó Diego, jugador de fino estilismo, muy del agrado del excelente catador de buen fútbol, y que elevó el juego del equipo que, bien es cierto, sufrió muy poco ante un Rennes excesivamente plano, sin recursos y, sobre todo, sin ganas de plantar verdadera batalla, mucho más después de ver cómo había transcurrido el encuentro.

Ante tanta placidez, Arda Turan, otro gran jugador, puso la rúbrica con el tercer gol. Al final, victoria en el campo pero fuera...