El «cortado» de Lezama

J. Á.GLASGOW. Una vez a la semana, Gorka Iraizoz acudía a los campos de Lezama para cumplir con un rutinario control de guardametas. El Athletic lo había cedido al Guernica de Segunda B y en el

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J. Á.

GLASGOW. Una vez a la semana, Gorka Iraizoz acudía a los campos de Lezama para cumplir con un rutinario control de guardametas. El Athletic lo había cedido al Guernica de Segunda B y en el compromiso se especificaba el examen semanal, pese a que no entraba en los planes de futuro del club bilbaíno. La decisión técnica estaba tomada hacía tiempo y una mañana de primavera del año 2001 Gorka fue llamado a las oficinas. «No contamos contigo y te entregamos la carta de libertad», le dijeron.

Al navarro se le vino el mundo encima. A sus veinte años soñaba con compartir vestuario con Dani Aranzubia o Iñaki Lafuente. Imposible. Le habían cerrado la puerta y le daban una patada en el trasero. Regresó cabizbajo a su destino en Gernika, buscando el calor de un amigo. Y allí encontró a Alfonso Barasoain, por entonces entrenador del equipo vasco.

Nadie alcanzaba a comprender cómo el Athletic se desprendía de un portero de 190 centímetros. Barasoain presionó a la Directiva del Guernica, un club modesto, para que le hiciesen una buena oferta. «Vi que había un portero de futuro y por eso le fichamos. Le convencí en la cena de final de temporada para que aceptase. Le dije que la gente se equivoca y que debía demostrar sus cualidades. Como vivía en Pamplona le buscamos un piso compartido y todo arreglado, porque el chaval no puso pegas. Su campaña fue espectacular. Teníamos uno de los presupuestos más bajos del grupo 1 y acabamos décimos. Un milagro», reconoce Barasoain.

Su trabajo no pasó inadvertido para los grandes clubes y era muy común en el Guernica recibir faxes de grandes equipos, entre ellos el Real Madrid y el Español, para seguir su evolución. Le traspasaron al Español y el Guernica se llevó un buen pellizco de su apuesta.

La carrera de Gorka se estancó en el filial españolista y tuvo un nuevo empujón a raíz de la cesión al Éibar en 2004. Titular indiscutible de la mano de José Luis Mendilibar, disfrutó una temporada al lado de Karmona, Silva, Llorente... Volvió al Español con Lotina en el banquillo, pero se topó con Kameni.

Lotina quiso poner de titular a Gorka, pero chocó con los intereses de la dirección deportiva. Cristóbal entendía que la suplencia del camerunés supondría su devaluación. El entrenador tragó hasta que Kameni se retrasó en un partido por un compromiso con su selección. Aprovechó ese vacío para entregar la titularidad a Gorka hasta el final de la temporada. Vivió su momento más dulce el día que el Español se salvó de caer a Segunda en la última jornada de Liga.

Ahora, con Valverde, su vida no ha cambiado mucho. Kameni ha sido titular en la Liga y a él le dejaron la Copa y la UEFA. Un acierto porque Gorka ha sido el artífice de que el Español esté en la final. Su trabajo ha sido de sobresaliente, como en Lisboa frente al Benfica, donde firmó uno de sus partidos soñados. Por todo esto dice que «me merezco una oportunidad como ésta, porque he sufrido mucho en el mundo del fútbol».