Casillas, 500 paradas

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POR JULIÁN ÁVILA

JEREZ. «De los trescientos chavales que estáis aquí, uno o ninguno jugará en el primer equipo». Palabra de Antonio Mezquina, el gurú de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid. Repetía la sentencia año tras año, a cada hornada que se presentaba a las pruebas de acceso al club blanco. En el centro del nutrido grupo se refugiaba un aspirante menudo y rechoncho con cara de despistado, que respondía al nombre de Íker Casillas Fernández.

Han transcurrido casi veinte años desde aquella escena. Y el candidato a portero es hoy el undécimo jugador que más veces ha defendido el escudo en el primer equipo. Íker Casillas cumplirá hoy, frente al Xerez en el estadio de Chapín, su encuentro número 500, sumando todas las apariciones en las diferentes competiciones.

Ningún portero en la historia del club había alcanzado este listón. Pero la grandeza del logro no está en el número, sino en la edad del portero. En mayo cumplirá 29 años y tiene ante sí un recorrido jugoso para acercarse a los registros estratosféricos en los que se mueve Raúl (con 729 partidos disputados y con contrato en vigor hasta la próxima temporada).

Otro concepto es el principio de la regularidad. El guardameta ha sido titular indiscutible salvo en la segunda parte de la temporada 2001-02, con Del Bosque en el banquillo, cuando fue relegado a la suplencia por César Sánchez. Regresó a la portería en la campaña siguiente con el mismo entrenador y desde entonces ha ido aburriendo a todos los porteros que se han movido a su alrededor, tanto en el Real Madrid como en la selección española.

La relación de víctimas es cuantiosa: Illgner, Bizzarri, César, Carlos Sánchez, Codina, Diego López o Dudek, en el Madrid. Cañizares, Reina, Palop y Diego López, en la selección española. Ha sido un caimán. En el Madrid sólo ha dejado opción a sus contrincantes con guantes en la competición de la Copa del Rey, curiosamente el garbanzo negro en la parcela de títulos del equipo blanco pues va camino de veinte años que no levanta el trofeo -la última la ganó en la temporada 1992-93-.

Desde San Mamés hasta hoy, pasando por Hampden Park en Glasgow, escenario de la final de la Liga de Campeones frente al Bayer Leverkusen, el recorrido gráfico y de resultados de Casillas es espectacular. Su trayectoria ha sido tan regular que se ha ganado todo tipo de apodos: «San Íker», «El milagrero», «El Santo», «El águila de Móstoles».

Considerado como el mejor portero del mundo para un amplio sector de los analistas, Casillas no ha perdido la frescura en la mente. Se enoja cuando retrata el resbalón de San Mamés, que acabó en gol de Julen Guerrero; asume la facilidad que tenía Eto´o para hacerle goles con el Mallorca o con el Barça; el debate de las salidas por alto; los saques de portería «rumbeados» que no llegaban al medio del campo; el debate de los balones aéreos; la primera goleada en contra en Riazor; los títulos de Liga y de la «Champions»; la Intercontinental... Casi 500 tardes con la única defensa de los guantes y enfrente el rival con el fusil cargado.