El bodegón del Madrid vuelve a cobrar vida

El bodegón del Madrid vuelve a cobrar vida

Quinta victoria consecutiva de los blancos, con gol de Raúl al Deportivo

IGNACIO TORRIJOS | MADRID
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En el Bernabéu no se hablaba tanto de que ha llegado la segunda vuelta de la Liga como de que llegará la primera vuelta de Florentino Pérez. El señor Pérez quiere volver, dicen, decís, decimos. Después de todo lo dicho, el ridículo es seguro: si no vuelve, lo haremos los demás; y si vuelve, lo hará él mismo. Nada especial, pues ya lo hizo cuando se fue, y antes. Pérez, en su punto culminante de delirio, afirmó que para entrenar al Madrid, dada su densidad de talento, era preciso procrear un nuevo tipo de técnico, excelso (estas ya no son palabras suyas, sino interpretación libre), intergaláctico, lo nunca visto ni concebido. La Tierra no había parido aún a semejante criatura, y quizá por eso Pérez, que quería multiplicarse estando dividido (ACS/Real Madrid), se quedó en hombre quebrado: 3/18. Tres títulos de los 18 a los que aspiró entre la Champions, la Copa y la Liga.

Juande Ramos, de momento, es un entrenador de este mundo, y en consecuencia va buscando soluciones mundanas. Por ejemplo, la intensidad, la velocidad, el desmarque, que así salió el Madrid anoche, o Robben en la banda izquierda. Este traslado tuvo efectos inmediatos, que le mejoraron a él y también al equipo. Por la izquierda corrió igual de cortante que por la derecha, pero más servicial. Al minuto, por su zona, el Deportivo estaba despedazado. Lo que perdió en perfil y remate lo ganó Robben en pase. Sneijder se liberó de su exilio en la izquierda, donde a su pesar arrastraba una vida boba; la parte derecha del ataque quedó para Sergio Ramos, y todo el Madrid pareció más suelto y compenetrado que otros días. El Madrid venía siendo un bodegón, y el cuadro volvió a cobrar vida.

El Deportivo aportó a la pinta afilada y elegante del partido un dibujo de flecha, 4-3-2-1, táctica muy bien exhibida en su día por Víctor Fernández. Para el arco coruñés, el sagitario es Valerón, que imparte una lección en cada toque. Fino, grácil, lo que en otro diríamos monería en él es magisterio. Antes de lesionarse, Bodipo recibió de él un pase de gol, malogrado por medio palmo, que hizo del Bernabéu un aula magna. Su alumnado movía el balón con decoro, aunque a unos y otros, Madrid y Dépor, les faltaba sellar la jugada. Pero el Madrid, ágil, animoso y conjuntado, investigó el área, tuvo fe pese a la falta de remate, y al final la pesquisa que llevó al gol fue de Lass con un balón al que Raúl puso el flequillo, o más bien la oreja. Ya escucha el eco de Di Stéfano...

Luego, los asomos de fútbol cuajado del Madrid se evaporaron. Su desmayo lo aprovechó el Deportivo, que siempre guiado por Valerón escarbó hacia Casillas, exigido al máximo por Lafita en un tiro alto y cruzado. El partido se hizo más equilibrado, pero más feo, sin la fluidez que había distinguido la primera parte. Robben pasó a la derecha y allí, aunque peligroso, se fue perdiendo el tono altruista que antes había ofrecido, mientras el Dépor recordaba al contragolpe que el marcador estaba abierto, aunque a la postre lo cerró el 1-0.

Es la quinta victoria consecutiva del Madrid, lo que en esta Liga solo han logrado, además, el Barcelona, el Valencia y el Villarreal. El equipo de Juande no puede presumir de un idilio formal con el fútbol, pero vive una fase arcádica. En términos florentinos, 5/5.