El Barça entra en el selecto «club del tres»
Koeman y Stoichkov, con la Copa de Europa de 1992.

El Barça entra en el selecto «club del tres»

JOSÉ CARLOS J. CARABIAS
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El Barcelona diluye su fama de perdedor en Europa con su tercer título de campeón. Duckadam, Savicevic o Germano Figueiredo formaban parte de su leyenda negra. Koeman y Belletti se convirtieron en héroes en las finales de 1992 y 2006.

Nunca entre los más grandes y, en cierta medida, con un aura de perdedor cuando tocaba traspasar los Pirineos. La historia del Barcelona en el máximo torneo continental (antes Copa de Europa, ahora Liga de Campeones) se remonta a los años 60, aquella era dorada del Real Madrid hegemónico en la competición.

La primera final del Barça en la Copa de Europa se saldó con una derrota. Fue en 1961 y el Benfica pasó a engrosar su memoria de los malos recuerdos. Ganó el equipo portugués (3-2) en Berna en la final de los postes cuadrados. Cuatro veces se estrelló el conjunto español frente a la madera y, en el colmo de la mala suerte, Ramallets se marcó un autogol y el defensa Germano Figueiredo sacó el balón de la raya en el último minuto. A partir de ese día, la FIFA decretó que los postes dejasen de ser cuadrados para convertirse en cilíndricos.

La maldición culé prosiguió en Sevilla veinticinco años después. Era la oportunidad continental que buscaba el club que discutía el gobierno al Real Madrid en España. Y lo tenía todo a favor: un estadio lleno de azulgranas en Sevilla frente a la ridícula presencia de seguidores del Steaua y un rival menor. Pero, frente al poderío culé, apareció la figura de un portero -Duckadam, que amargó la fiesta. Después del 0-0 en 120 minutos, detuvo los cuatro penaltis de los barcelonistas (Alexanco, Pedraza, Pichi Alonso y Marcos). Al ser sustituido, Schuster se marchó al hotel en taxi.

La redención llegó seis años después en Londres, en el antiguo Wembley. Fue la coronación del mejor fútbol culé visto hasta esos días. El Dream Team de Cruyff se traduce en una imagen: el zapatazo de Koeman, minuto 111, y su carrera hacia el córner preso de la felicidad en la derrota del Sampdoria.

El tercer fiasco en una final fue el peor de todos. El Barça no existió en Atenas en 1994. La táctica del Milán instruido por Capello propició una noche perra para Zubizarreta, que encajó cuatro goles de todos los colores. Y ni Romario marcó uno para el Barça.

El penúltimo episodio se saldó con éxito para el Barça. Sufrió el grupo de Rijkaard, la quinta de Ronaldinho, para remontar el gol del hoy azulgrana Henry. Un futbolista de paso en el Barça -Belletti- materializó el gol del título.