Fútbol

Los banquillos de la Liga son españoles

Solo seis entrenadores de Primera división serán extranjeros en la temporada 2016-2017

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Luis Enrique, Marcelino, Valverde, Juande Ramos, Eusebio, Quique Setién, Ayestarán, Sánchez Flores, Mendilibar, Gaizka Garitano, Jémez, Abelardo, Asier Garitano y Enrique Martín. De veinte plazas a cubrir en los banquillos de la Liga para la temporada 2016-2017, catorce las ocupan técnicos españoles. El dato crece en interés al exponer las mismas cifras en la liga que compite con la española por ser la mejor del planeta, la Premier League. En Inglaterra, solo tres entrenadores comparten nacionalidad con la competición que disputan.

Hace solo un puñado de años, el fútbol español era uno más de los que esperaban a que llegase su turno. Los jugadores nacidos en España no salían en las portadas de los periódicos, los entrenadores no ocupaban grandes banquillos. La Selección no asustaba. Apenas un Campeonato de Europa en 1964 servía para aportar un mínimo de apariencia a sus inservibles vitrinas. El valor internacional de España residía únicamente en el lustre que Real Madrid y Barcelona le reportaban en sus salidas por Europa.

2008, punto de inflexión

Todo cambió a partir de 2008. Una irrepetible generación de futbolistas fue congregada bajo el manto de Luis Aragonés, el hombre con la sapiencia necesaria para dar y exigir a aquel grupo lo que requería para romper a jugar y competir. Aragonés firmó en una de las páginas más importantes del historial de España no solo al ganar la Eurocopa de 2008, sino al hacerlo rompiendo lo que hasta por aquel entonces eran los cánones del fútbol moderno. Construyó, auxiliado por el trabajo de Pep Guardiola en el Barcelona, un modelo de juego que todo el continente imitaría en los años venideros. Después llegó Del Bosque, un Mundial y un segundo europeo.

Sirvieron estos laureles que acumuló el fútbol español para redefinir la importancia del mismo. De pronto, jugadores como David Silva o Cesc Fábregas dominaban la liga inglesa. Xavi, Iniesta, Casillas o Ramos eran valores que elevaban la consideración que recibía España hasta escalones inexplorados. La escuela que, en cierto modo, habían creado con sus éxitos en la selección, había propiciado al mismo tiempo una catarsis en los banquillos de la Liga.

El periodo que transcurrió entre 2008 y la actualidad forjó un nuevo valor al alza: el entrenador español. Luis Enrique conquistó el triplete en su primera acometida a los mandos del Barcelona. Marcelino ha creado un Villareal competitivo como pocos en el continente, lo clasificó para la Champions League y cayó en semifinales de la Europa League. Unai Emery tiranizó la competición europea de plata con el Sevilla, al tiempo que iba revalorizando futbolistas que caían en sus manos.

Guardiola, Valverde, Benítez... El listado es interminable. La batuta de un técnico español garantiza, ante todo, nivel competitivo. En un primer momento se le asocia con el juego asociativo. El mismo con el que, por defecto, se identifica al jugador español. La senda del triunfo que les hizo grandes lo dictaminó así. No obstante, ejemplos como el de Emery evidencian que no es ésta una norma insalvable.

La diferencia estilística más notoria entre el «entrenador español» y el resto (obvias excepciones a un lado) reside en la importancia que la táctica recibe en su libreto. Son los españoles técnicos metódicos, que exprimen sus plantillas y las organizan en base a estructuras colectivas complejas, que sirven para que cada uno de los once futbolistas sobre el césped dé el máximo. Se explica así que futbolistas que en el extranjero tenían el cartel de secundarios (Soldado en el Tottenham o Gameiro en el PSG) vean cómo su nivel crece hasta cotas desconocidas incluso para ellos, hasta el punto de rendir como estrellas bajo la tutela del «entrenador español».