Formación del Melilla en la temporada 1950-51
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Segunda B

El trágico accidente de autobús del Melilla que tiñó de luto el fútbol español en 1951

Dos jugadores y el masajista morían en Granada después de que un camión embistiera el vehículo de la expedición melillense

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Prohibidos los confortables aeropuertos por imperativo de las limitaciones presupuestarias y alejados de las comodidades de las estaciones del AVE también por el rigor económico, los clubes de Segunda división B recorren millares de kilómetros a lo largo de la temporada en sus autobuses. Miles de horas de conversaciones, risas y confesiones de futbolistas modestos en las que comienzan a labrarse amistades para toda la vida. Imagen del fútbol de otro siglo muy alejada de los rápidos y apacibles viajes que se organizan en la Liga de las Estrellas que, sin embargo, perdura en la categoría de bronce. Desplazamientos interminables que no siempre tienen final feliz.

El tremendo susto vivido por plantilla del Mérida en la madrugada del domingo después de su triunfo en Murcia fue el último accidente de un equipo modesto. Afortunadamente, los componentes de la expedición extremeña solo sufrieron heridas, nada que ver con el tremendo suceso que, en 1951, teñía de luto a Melilla y a todo el fútbol español.

En 1951, un grave accidente de tráfico de la expedición del Melilla conmocionaba a la afición española. La muerte de dos futbolistas y el masajista del equipo azulino, después de que un camión se llevara por delante su autobús, vestía de negro al fútbol, que aquel lejano 26 de enero escribía una de sus grandes tragedias. El Mérida tuvo el domingo más suerte, pero su percance en la Autovía de La Ruta de La Plata realza el sacrificio y el peligro al que, cada semana, se enfrentan los futbolistas más modestos en las carreteras.

Aquel viaje del Melilla, rival esta temporada del Mérida en el Grupo IV de Segunda B, se torcía desde el primer momento y terminaba en tragedia, pero todo pudo ser diferente. La negra historia del conjunto del Álvarez Claro, entonces en el Grupo Sur de Segunda División, pudo cambiar si hubiera cogido el avión que debía trasladar a los jugadores hasta Baleares, donde el domingo 28 de enero debía rendir visita al Mallorca. Sin embargo, un temporal dejaba impracticablela pista de Tahuima, el antiguo aeropuerto de la Ciudad Autónoma, y el conjunto azulino se veía obligado a buscar un plan alternativo que incluía billetes para dos barcos y un largo viaje por carretera en el autobús del equipo.

Un autobús con personalidad

Aquel autobús era parte, uno más, de la familia melillense. Habituados los jugadores a sus desgastadas butacas por el paso de los kilómetros, hasta fue bautizado por los futbolitas. En las conversaciones, todos se referían a aquella «camioneta» como la «Rubia».

Y en la «Rubia» encontraron la muerte el delantero Martín, el interior Mamblona y el masajista Manolo Salvador poco después de que la expedición melillense hubiera hecho una parada en Loja. El autobús había recogido en el puerto de Málaga a la plantilla y había emprendido el viaje con destino a Alicante, donde debía coger otro barco con destino a Palma de Mallorca para jugar un partido que nunca llegaría a comenzar. En tierras granadinas, se detenía para que los futbolistas repusieran fuerzas y estiraran las piernas. Fue su última parada.

Aquel viernes 26 de enero de 1951, sólo seis kilómetros después de abandonar Loja, el accidente sufrido por la «Rubia» marcaba para siempre la historia del Melilla. Un camión que se dirigía a Sevilla embestía bruscamente al autobús en una curva cerrada y desataba el llanto. La vuelta de campana de la camioneta azulina resultaba una trampa mortal para Martín, Mamblona y Manolo Salvador. Los demás miembros de la plantilla y el directivo que les acompañaba resultaban ilesos. Aquel inesperado viaje fue el último de la «Rubia» y ponía fin a las aspiraciones de un equipo al que los expertos de la época apuntaban en sus apuestas entre los favoritos al ascenso.