Aduriz celebra el gol que selló el título del Athletic
Aduriz celebra el gol que selló el título del Athletic - EFE
Supercopa de España

Un Athletic maduro recoge el regalo de un Barça estéril

El conjunto vasco hizo bueno el resultado de la ida con un serio partido en el Camp Nou (1-1)

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Los buenos escritores se copian entre ellos, los genios se copian a sí mismos. El Barcelona lleva tiempo ganando o perdiendo contra su talento o pereza, sin que ningún otro equipo del mundo pueda ofrecer un fútbol parecido. En el partido de ida, el Bilbao hizo poco más que aprovechar la mediocridad azulgrana. El Barcelona, más que apelar a la épica, apeló durante el fin de semana a sus posibilidades reales de remontada. Luis Enrique se dejó de inventos, también en la portería, y lució su once de gala, en el que sólo faltaron Alba y Neymar, lesionados. [Así narramos el Barcelona-Athletic]

En el palco estaba Ada Colau, mal presagio, porque ya se sabe que los comunistas traen mala suerte, y más cuando ya nos han entrado hasta el comedor.

El Barça empezó eléctrico y el Bilbao ordenado. Al Barça le costaba salir y al Bilbao hacer algo más que defenderse. Imprecisión en los dos lados, y una cierta vulgaridad disimulada por la emoción. La tuvo Pedro en el cinco y medio, y Piqué a la salida del siguiente córner remató al larguero. El Barça presentaba su candidatura a la remontada pero necesitaba vitaminas en forma de eficacia.

El ritmo era el que el Barça quería, el Athletic empezaba a sufrir, e Iniesta daba las primeras muestras de su categoría. Juega don Andrés cuando está bien como cae un vestido de seda del cuello a los pies.

¿Dónde está Messi?, era razonable preguntarse cuando ya habíamos llegado a los 15 minutos de la primera parte. Balenziaga le procuraba un soberbio marcaje. No comparecía el astro, el Barcelona no avanzaba. El Bilbao, fiable en defensa, aguantaba serio y ordenado. El Barça, más sólido detrás que en San Mamés, y voluntarioso en ataque, tenía un 77 por ciento de infructuosa posesión y vivía a la espera de que un gol le abriera la lata.

Piqué cantó pero Mascherano lo resolvió, en la primera jugada de semipeligro del Bilbao. Pedro ni tocó la pelota en un intento de disparo que podía haber sido peligroso: magnífico toque de Suárez tras la salida de un córner -jugada ensayada- que no sirvió para nada. Unzué decía todas las palabrotas en la banda y Valverde llegaba a la media hora de partido con el partido controlado.

Un genio es un genio y no deja de serlo porque tenga un mal día, pero sin inspiración parecerá tan mundano como los demás y sera inútil lo que escriba. El Barça competía sin fortuna contra su falta de precisión, y tras un fallo de Pedro, Eraso estuvo a punto de prácticamente sentenciar la eliminatoria.

Y justo cuando la primera parte estaba a punto de terminar con este sentimiento gris plomo, Mascherano salió prodigiosamente, Rakitic centró, y la recibió Messi para marcar tras un imponente pase con el pecho de Luis Suárez. Toda la precisión que le había faltado, la encontró el Barcelona en esta milimétrica jugada con la que llegó el descanso. Todo continuaba complicado, pero se abría el cielo para los blaugrana.

La segunda parte empezó apática, con un Barça igualmente torpe y la continuidad del excelente trabajo de Balenziaga contra cada esperanza de Messi. Desorientado, desordenado e impotente, el símbolo del equipo fue Piqué, que acabó expulsado por protestar al linier. Expulsión rigurosa, sí, de Velasco Carballo. Pero un jugador profesional no puede permitirse estas estériles pataletas ni dejar a su equipo con 10 en pleno intento de remontada.

Con el Barça ya con uno menos, Rakitic y Pedro tuvieron el segundo gol clarísimo, pero falló otra vez la precisión. El Barcelona tiró de orgullo, y Suárez trabajó lo indecible. Bravo estuvo todo lo seguro que no estuvo Ter Stegen en la ida y mantenía su portería a cero.

Luis Enrique confió en Sandro y Munir y retiró Rakitic y Pedro. Pobre banquillo, el más pobre que ha tenido el Barcelona en mucho tiempo. El partido había bajado el ritmo hasta el aburrimiento, y sólo Mascherano se sobreponía valientemente al cansancio.

La gabarra estaba cada vez más cerca de poder volver a surcar el Nervión después de 31 años en dique seco. Maduro partido del Athletic, que sin ofrecer ningún fútbol destacable, hizo los deberes con puntualidad y en el 29 empataba el partido y sentenciaba la eliminatoria con un gol de Aduriz.

El Barcelona jugó contra su talento y nunca lo encontró, y el Athletic estaba en el lugar oportuno, y con la compostura adecuada, para aprovechar el regalo, después de tantas finales perdidas contra el Barça. Aunque no deja de ser el torneo de la galleta, esto sólo se dice cuando se pierde. También los genios tienen aquellos días en que más que escribir, necesitan que alguien les invite a un gintónic.