Barcelona-Sevilla, el partido del gazpacho
Seguidores azulgranas beben el gazpacho que se repartió antes del Barcelona-Sevilla de 2003 - EFE
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Barcelona-Sevilla, el partido del gazpacho

El encuentro jugado hace una década en el Camp Nou comenzó de madrugada y pasó a la historia con ese curioso nombre

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El Camp Nou vuelve a acoger esta tarde un Barcelona-Sevilla (20.00 horas), partido que hace una década provocó un gran revuelo en el fútbol español porque se jugó de madrugada. Un encuentro especial no solo por el horario. Aquel miércoles 3 de septiembre de 2003, debutaba en el equipo azulgrana un futbolista que marcó una época en el club, el brasileño Ronaldinho. Un jugador que llegó a ser ovacionado en el mismísimo Santiago Bernabéu.

El Barcelona-Sevilla de la temporada 2003-04, que coincidió con una jornada entre semana, tiene un hueco en el anecdotario histórico de la Liga. Hasta tal punto resultó especial que fue bautizado como «el partido del gazpacho». Hasta aquel duelo, ningún encuentro del campeonato español se había disputado de madrugada. El partido «after hours» comenzó cinco minutos después de que comenzara el miércoles. Terminó cuando el reloj señalaba ya las dos de la madrugada.

La razón por la que el Barcelona programó aquel partido fue el nulo entendimiento que se originó entre el club catalán, el Sevilla y las exigencias de las selecciones, que reclamaba a los internacionales del Barça. Como consecuencia de la cita de selecciones, el Barcelona negoció con el Sevilla para que el primer partido del campeonato, programado en el Sánchez Pizjuán para el domingo, lo adelantase al sábado, ya que en el segundo encuentro, intersemanal para todos, el conjunto catalán podía sufrir una diáspora y quedarse en cuadro precisamente en su choque contra el equipo que entonces entrenaba Joaquín Caparrós.

El Sevilla se negó, además de reclamar los dos días de descanso entre partidos a partir del domingo, que es cuando tenía que jugar contra el Athletic Club, por lo que el Barcelona no tenía más remedio que disputar el choque contra los sevillanos el miércoles, en lugar del martes como reclamó al Sevilla, hecho que debía ir correlacionado con que los sevillistas jugasen el sábado.

Ante la temida pérdida de muchos de sus internacionales, y quedarse sólo con doce jugadores del primer equipo, la recién estrenada directiva del Barcelona, presidida por Joan Laporta, cumplió con la exigencia de programar el partido el miércoles, pero lo ajustó a las 00:05 horas, horario que de sobra representaba 48 horas de descanso entre el último partido del Sevilla en su estadio y el del Camp Nou.

Un partido que tuvo tirón

Aquella medida no tuvo muy buena acogida en la entidad sevillista, que si bien a regañadientes jugó el partido de madrugada, se sorprendió, igual que el Barcelona, del gran éxito que tuvo la ocurrencia, pues el Camp Nou reunió a 80.236 aficionados, quienes pudieron disfrutar de la puesta en escena de la que sería la gran estrella de la Liga, el brasileño Ronaldinho.

Aquel partido, que finalmente no fue transmitido por televisión porque el operador no lo consideró atractivo, concluyó con el resultado de 1-1, tras una gran fiesta deportiva y social, ya que en los prolegómenos el club catalán inauguró una nueva manera de estimular la previa de los encuentros en el Camp Nou, con un servicio de comidas de la zona del equipo rival. Para el partido contra el Sevilla, no pudo faltar en el menú de madrugada el gazpacho, que dio nombre al encuentro («el partido del gazpacho»), además de tabletas de chocolate, pan, embutidos, digestivo y dulces, que hicieron las delicias de los miles de aficionados, quienes disfrutaron de un picnic de medianoche para combatir el insomnio.

Al final, el Barcelona pudo amarrar a algunos de sus internacionales, aunque no a sus futbolistas holandeses. Reyes marcó para el Sevilla en el minuto 9 (0-1), mientras que el gol de la noche, y que quedó fijado con letras de oro, fue el que anotó Ronaldinho en el 58, en un trallazo desde fuera del área tras sortear en carrera desde el centro del campo a dos oponentes. Aquella madrugada nacía una larga historia de amor entre el Barça y el brasileño.