Zubiaurre, un jugador maldito
Zubiaurre, la pasada temporada en el Salamanca

Zubiaurre, un jugador maldito

Desde que su fichaje provocara en 2005 una batalla judicial entre la Real y el Athletic, las lesiones, las enfermedades y los desengaños deportivos han perseguido al jugador

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Iban Zubiaurre vive un mal sueño desde el verano de 2005, una pesadilla inacabable que jamás pudo imaginar. Brillaba en el césped con la Real Sociedad y apuntaba para estrella, pero aquel año, con todo el futuro por delante, firmó un contrato con el Athletic que comenzó a convertir su vida en un infierno. Aún sigue atrapado en él. El Racing de Santander, su último equipo, acaba de prescindir de él solo un mes después su ficharle. Un nuevo golpe para un jugador que había recuperado la ilusión después de años de desengaños.

En 2004, Zubiaurre puso en pie al público de la Real Sociedad. En noviembre, con solo 21 años, debutaba con el primer equipo blanquiazul un jovencísimo jugador que ya despuntaba en las categorías inferiores de la selección española. Su temporada con el club donostiarra fue brillante y el Athletic se quedó prendado de las cualidades de un lateral derecho que tenía contrato de aficionado. La vinculación del defensa con el club de Anoeta finalizaba en junio de 2005 y la directiva bilbaína apostó fuerte por el futbolista.La vida comenzó a cambiar para Zubiarre, pero no como esperaba. Su estrella se fue apagando desde que la Real llevara su fichaje a los tribunales. Desde entonces, apenas ha podido jugar al fútbol.

Asesorado por su representante, Zubiaurre pensó que en junio de 2005 era libre para firmar por el Athletic. Un decisión que en San Sebastián se interpretó como un acto de traición. Pero en el contrato que el defensa tenía con la Real figuraba una cláusula por la que el club donostiarra se reservaba el derecho a retener al jugador una temporada más. La ejercitó sin dudar.

Guerra judicial

Aunque el futbolista esgrimió que había recibido la promesa de la Real Sociedad de que no se opondría a su marcha, aquel año entró una nueva directiva presidida por Miguel Fuentes y todo comenzó a enredarse. Su presentación con el Athletic acabó en los tribunales porque el club donostiarra exigió 30 millones de euros, cantidad que figuraba en la cláusula de rescisión de Zubiaurre.

Con el asunto en los tribunales, el defensa no pudo jugar hasta que un juez dictó sentencia. Zubiaurre descendió a la realidad de la Segunda división B y comenzó a entrenarse con la Cultural de Durango para mantener la forma. Sin embargo, no pudo disputar ni los partidos amistosos con el club que le acogió. Un año y medio de espera hasta que conoció la resolución judicial: fue condenado a pagar cinco millones de euros.

Pagada esa cantidad a la Real Sociedad, en noviembre de 2006 Zubiaurre vio la luz y, con ocho años de contrato por delante, pensó que podría triunfar en el Athletic. La realidad fue otra muy distinta. Había acabado la pesadilla judicial, pero comenzaba una larga serie de lesiones, enfermedades y desengaños deportivos. En su primera campaña como rojiblanco sólo jugó un partido de Liga. El siguiente año se repitió la historia y aquel chaval llamado a ser una estrella tuvo que dar un paso atrás para jugar en Segunda con la intención de recuperar su mejor versión. No funcionó.

Fue cedido al Elche, en donde rayó a buen nivel, pero a su regreso a Lezama volvió a lesionarse. Nueva decepción que le obligó a preparar otra vez las maletas, en esta ocasión con destino al Albacete. Allí sufrió otra desgracia. Una extraña enfermedad estuvo cerca de retirar del fútbol al defensa. Después de cuarenta meses de tratamiento, recibió el alta.

Volvió a los campos de entrenamiento de Lezama sin ninguna expectativa. Marcelo Bielsa no le dio oportunidades y tuvo que buscar una ilusión en Segunda división B. El Salamanca, donde fue cedido, fue su casa la pasada temporada. Este verano, Zubiaurre se desvinculó definitivamente del Athletic y firmó por el Racing de Santander por dos temporadas con la esperanza de volver a disfrutar con el fútbol.

Pero su sueño se ha visto truncado solo un mes después de fichar por el equipo de El Sardinero. El club santanderino le comunicaba hace unos días que no contaba con él y le instaba a buscarse un nuevo destino. Con 30 años, la pesadilla de Zubiaurre continúa.